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El referéndum golpeó a la política británica

El huracán post Brexit golpeó la política británica. El Partido Conservador enfrenta una amarga batalla por el liderazgo, en la que el favorito es el ex alcalde rebelde de Londres, Boris Johnson. El Partido Laborista podría rechazar a su propio líder, Jeremy Corbyn. La niebla descendió sobre el Canal y el camino que transitará Gran Bretaña para salir de la UE luce incierto.

Quienquiera que sea el sucesor de Cameron enfrenta una tarea delicada. El deber del nuevo primer ministro será alcanzar el mejor acuerdo posible con los socios europeos del Reino Unido, mientras que a la vez enfrenta la inevitable decepción en el país cuando los defensores del Brexit no cumplan con algunas de sus contradictorias promesas.

Antes de que comiencen en serio las negociaciones con Bruselas, el Reino Unido debe llamar a una elección general. El nuevo primer ministro necesita un nuevo mandato para lograr un acuerdo con los 27 estados miembros de la UE. La posibilidad de semejante elección ha provocado la iniciativa de los miembros laboristas del parlamento de expulsar a Corbyn, un ineficaz líder izquierdista cuyo fracaso en la movilización de su partido fue una de las razones principales del triunfo de la campaña en favor del Brexit.

Por su parte, lógicamente los líderes de los países de la UE están conmocionados y decepcionados. Se deben enfocar en preservar la UE. Sin embargo, también deben ver que tienen interés en mantener una estrecha relación con el Reino Unido Probablemente Gran Bretaña esperará hasta finales de este año para invocar el Artículo 50 del Tratado de la Unión Europea para retirarse y comenzar las negociaciones con los 27 gobiernos.

En ese proceso se van a decepcionar aquellos que votaron por el Brexit. La inmigración jugó un papel muy importante en la campaña y los partidarios del Brexit se comprometieron a ponerle fin a la libre circulación de mano de obra procedente de la UE. Sin embargo, algunos ya retrocedieron con la promesa de controlar la inmigración, y parecen estar inclinándose hacia una opción al estilo noruego de mantener el acceso al mercado único sin la plena condición de miembro de la UE.

Ésta es probablemente la menos mala de las varias opciones posibles y sin duda es mejor que retirarse completamente y buscar un acuerdo de libre comercio con la UE, lo cual obstaculizaría seriamente a los exportadores británicos.

La abrumadora preocupación de los estados miembro debe ser la integridad de la UE. Deben mantener una actitud firme, pero no vengativa, como para que otros países tomen consciencia de las consecuencias de abandonar la UE, pero sin reforzar el sentimiento de que es caprichosa y dictatorial.

Todas las partes involucradas deben entender todo lo que hay en juego. La cohesión de Europa y la unidad de Occidente han quedado muy maltrechas a raíz de la votación británica. Lo importante ahora es rescatar todo lo posible de este desastre.

El Reino Unido está profundamente dividido. Lo mejor que puede esperar es un arreglo que termine siendo lo más parecido posible al status quo. Para que eso suceda se necesita honestidad y destreza por parte de los políticos británicos que engañaron a sus votantes durante la campaña del referéndum. A pesar de la ira justificada en otras capitales europeas, también se necesita ecuanimidad por parte del resto de la UE.