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El presupuesto de Trump es una traición a la clase media

El proyecto de ley del presidente estadounidense debilitaría el apoyo a los pobres del país para financiar una bonanza impositiva para los más ricos

El presupuesto de Trump es una traición a la clase media

Fue acertado que Donald Trump estuviera camino al Vaticano cuando la Casa Blanca presentó su presupuesto. Sólo un Papa podía escuchar una confesión tan ofensiva como el plan fiscal del presidente Trump. El papa Francisco defiende el "capitalismo social", una filosofía que valora cada miembro de la sociedad. El presupuesto de Trump debilitaría el apoyo a los pobres de Estados Unidos para financiar una bonanza impositiva para los más ricos. El presupuesto es equilibrado gracias a la numerología vudú. Rara vez un documento fiscal dependió de cálculos tan oscuros.

Es un proyecto de traición épica. La campaña de Trump giró en torno a la ayuda a la clase media norteamericana. Ahora quiere despojarlos de la protección que tenían. Además de los recortes a los necesitados, como los vales de comida, el presupuesto eliminaría fondos a la educación. Los subsidios para quienes no pueden acceder a préstamos estudiantiles serían aniquilados. La inversión en investigación, capacitación laboral y becas sería drásticamente inferior. Los únicos aumentos en el gasto serían para defensa y en seguridad para la frontera con México.

Además de todo eso, el presupuesto de Trump comete el letal pecado de suicidio electoral. El consuelo es que le será difícil convencer a sus colegas republicanos de que promuevan la aprobación de la mayor parte del proyecto.

Dicho eso, Trump fijó los límites de la agenda económica de Estados Unidos. Cambia inversión en la gente por dinero caído del cielo a gran escala. Sacrifica el sentido común presupuestario por el pensamiento mágico. Por sobre todo, le quita al gobierno federal las herramientas para abordar los desafíos del país.

Cuatro de los ministerios de Trump –Educación, Vivienda, Energía y la Agencia de Protección Ambiental– están encabezados por gente que quiere cerrar las agencias que encabezan. La ironía es que Trump está preparando el terreno para cientos de más levantamientos en su contra.

Trump ganó las elecciones gracias a la angustia de la clase media norteamericana contra las élites. El triunfo de Trump fue la manifestación de una clase media que perdió la fe en la democracia liberal. Resulta que él ofrece un remedio que es peor a la enfermedad.

¿Cuáles serán las consecuencias? La primera es que los dos puntos de la agenda que más probablemente avancen son los recortes impositivos y la abolición del Obamacare. El primero otorgará más beneficios a los ganadores de la sociedad. El segundo privará a sus perdedores de su red de seguridad más importante. Juntos conducirán a un abrupto deterioro del balance general del país. Casi dos cuartas partes del presupuesto ahora va a defensa, pago de intereses de deudas y beneficios como seguridad social y Medicare: representará más de 80% en el mandato de Trump. La relación con el presupuesto para inversión en la gente, particularmente en conocimiento y educación, seguirá bajando.

La segunda consecuencia tiene que ver con la salud democrática del país. Hace apenas un cuarto de siglo que el modelo norteamericano venció a la Unión Soviética. Esa victoria se debió a una economía mixta que invertía en la clase media estadounidense. La amenaza soviética sacó a relucir lo mejor del capitalismo ilustrado.

Dos décadas de creciente desigualdad colocaron a EE.UU. al borde de la tolerancia democrática. Trump ahora está poniendo a prueba su límite.

En un punto el sistema norteamericano está funcionando. El poder de Trump está controlado. Los tribunales bloquearon sus planes de discriminar a los musulmanes. Los medios y la sociedad civil están destacando las metidas de pata de Trump. Un fiscal especial está investigando la supuesta vinculación de él con una potencia extranjera. Sin embargo, en un sentido más amplio, el sistema está fallando. La victoria de Trump fue una clara señal de eso.