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El porqué de mi boicot al Estados Unidos de Trump

Es posible que el nuevo presidente norteamericano provoque una ola de antiestadounidenses

El porqué de mi boicot al Estados Unidos de Trump

Mi esposa e hijos son ciudadanos estadounidenses. Todos los veranos viajamos desde Europa para visitar a familiares. Este año no será el caso, principalmente porque no quiero ir de vacaciones al Estados Unidos de Trump. Parte de los otros 77,5 millones de turistas internacionales quizás sientan lo mismo respecto de Estados Unidos. Trump ya está creando una nueva generación de antiestadounidenses. Es cierto que algunos regímenes déspotas como Arabia Saudita también practican la discriminación religiosa. Pero tampoco me voy de vacaciones a Arabia Saudita, y pensé que Estados Unidos tenía estándares más altos.

Siempre fui proestadounidense. Crecí escuchando historias de guerra en las que soldados que distribuían chocolates entre las tropas liberaban ciudades europeas En la década de 1980, cuando tenía 10 años, con mis padres nos mudamos de los Países Bajos a California y estaba fascinado. Las casas eran más grandes que en la fría Europa, la televisión era más divertida y los estadounidenses le hablaban a extraños en la calle. Hasta las personas comunes y corrientes tenían casas grandes y solían comer afuera. (En Europa en 1980, solo se iba a comer afuera en ocasiones especiales como las bodas de plata de los abuelos o para festejar que un primo salió de la cárcel.)

Cuando volví a Estados Unidos como estudiante, volví a quedar fascinado. Por entonces, sabía algo del pasado conflictivo del país, pero la mayoría de los estadounidenses parecían abiertos a hablar del tema y dispuestos a mejorar. Uno de mis profesores tenía un discurso en el que llamaba a la raza "la asignatura pendiente de la democracia de Estados Unidos". Si bien era un charlatán, compartía el sentido general de su discurso: Estados Unidos está avanzando.

En 2002, conocí a mi esposa y empecé a recorrer el país con ella, pero me di cuenta de que estaba retrocediendo. El pánico posterior a los atentados terroristas del 11 de septiembre sumó una cantidad innumerable de integrantes al personal de seguridad de la nación, a muchos de los cuales les gustaba acariciar la funda de su arma y gritar a la gente.

Las noticias en la televisión infundían temor y estupidez en el ambiente. Y no hacía falta ser Thomas Piketty para darse cuenta del aumento de la desigualdad. Los blancos ricos (muchos de ellos herederos) vivían en barrios cerrados, donde pobres no blancos los cuidaban de otros pobres no blancos. En las grandes ciudades liberales de Estados Unidos, que usaban códigos de discurso no racista y no sexista diseñados para confundir a los incautos, los ricos se mantenían aislados precios de las viviendas. Los pobres trabajaban de mozos, combatían en Irak y dedicaban gran parte del tiempo que les quedaba a preocuparse por su cobertura médica. Es cierto que la desigualdad creció en todo Occidente, pero ningún país de Europa tiene un coeficiente de Gini de desigualdad de ingresos tan alto como el de Estados Unidos.

Hace poco, viajando por Georgia y Carolina del Sur un verano, pasamos por una ciudad con habitantes mayormente blancos y kilómetros después por una ciudad mucho más pobre con habitantes negros. Me hizo acordar de las visitas a mis abuelos durante el apartheid en Sudáfrica en las décadas de 1970 y 1980. Por entonces, muchas personas boicotearon a Sudáfrica. Mis padres sentían que debían seguir visitando a sus padres mayores, pero a los 16 años, por motivos complicados de la adolescencia, tanto egoístas como políticos, decidí dejar de ir.

Es fácil decir con desdén que solo liberales histéricos dejarán de ir al Estados Unidos de Trump. Pero nunca escuché de nadie que no quisiese viajar a Estados Unidos durante la presidencia de George W. Bush o al Reino Unido desde el Brexit. Con no estoy de acuerdo con el Brexit, pero acepto que ha sido una decisión razonable. Entregar un país y sus códigos nucleares a un racista inestable, narcisista, mentiroso, defensor de Putin y acosador sexual que desafía la ley no lo es.

No quiero ir de vacaciones a un país que prohíbe la entrada a turistas musulmanes, si bien es una versión menos estricta de la medida que Trump prometió durante la campaña. Cualquiera que niegue que su decreto ejecutivo que prohíbe a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana es discriminación religiosa debería recordar la promesa del propio Trump de eximir a los cristianos. Su persona de confianza Rudy Giuliani, el alcalde de la ciudad de Nueva York, esta semana se jactó de que Trump le pidió a propósito de su prometida "prohibición a los musulmanes": "Decime la forma correcta de implementarla legalmente". A decir verdad, el plan que Giuliani ayudó a pergeñar parece ser ilegal. El gobierno está intentando implementarlo de cualquier forma. La próxima vez que ocurra un atentado terrorista islámico en cualquier país de mayoría blanca, Trump bien podría decir que es clarividente y extender la prohibición. Entretanto, también prohibió a todos los refugiados. Por ahora, solo iría a Estados Unidos por un viaje relacionado con mi trabajo de periodista.

Algún tipo de boicot del turismo internacional podría alegrar a sus seguidores, salvo que trabajen en la industria de los viajes y el turismo. En 2014, la industria "financió directamente" 5,3 millones de puestos de trabajo estadounidenses, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo. Teniendo en cuenta que solo 14% de los turistas de Estados Unidos son extranjeros, digamos que financia aproximadamente 740.000 puestos de trabajo. Esto es más de cinco veces la cantidad de trabajadores estadounidenses que, según el Instituto del Hierro y Acero de Estados Unidos, tienen empleo directo en la industria del acero. Alejar a los extranjeros puede ser una forma costosa de diversión, especialmente ahora que algunos activistas también instan a boicotear los productos estadounidenses.

No estoy seguro de cuánto tiempo durará mi boicot. La realidad cambia tan rápido por estos días que algunas mañanas me despierto sintiendo que aterricé en un planeta nuevo. Espero que algún día volvamos a vieja realidad.