El plan de Biden para recuperar el liderazgo mundial está condenado al fracaso

La reciente firma del acuerdo de libre comercio en la región de Asia-Pacífico, que es uno de los mayores de la historia, muestra que el mundo avanza sin Estados Unidos

Gobiernos de todo el mundo están estudiando un artículo que apareció en enero pasado titulado Por qué Estados Unidos debe ser líder otra vez y escrito por un tal Joe Biden 

El ensayo que redactó Biden para Asuntos Externos lamenta que la administración Trump haya "renunciado al liderazgo norteamericano". Promete que "la agenda de política exterior de Biden pondrá a Estados Unidos otra vez en la cabecera de la mesa".

Pero para el presidente electo es mucho más fácil hablar de recuperar el liderazgo estadounidense que realmente hacerlo. EE.UU. no es tan poderoso como antes. Con el simple hecho de reincorporarse a grupos internacionales -como la Organización Mundial de la Salud o el acuerdo climático de París- Norteamérica no pasará a "presidir la mesa". El costo de participar en las negociaciones globales podría ser aceptar compromisos que caen antipáticos en Washington. No está claro si los políticos y votantes del país aceptarán pagar ese precio.

En Washington, muchas veces los términos "orden mundial liderado por Estados Unidos", "orden mundial liberal" y "orden basado en normas" se usan indistintamente. Esa confusión es comprensible. El orden mundial pos Segunda Guerra Mundial fue esencialmente diseñado por EE.UU. Es por eso que el FMI y el Banco Mundial tienen su sede en Washington y la ONU, en Nueva York.

Donald Trump  llegó al poder en 2016 diciendo que los organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio ya no le servían al país. Que los "globalistas" estaban empobreciendo a los estadounidenses comunes, aseguraba. Dejando a un lado la exageración y la paranoia trumpiana, bajo la retórica había un punto que era real. En un mundo donde el poder se distribuye más equitativamente, un orden basado en normas no es lo mismo que un mundo liderado por EE.UU.

Esa tensión no resuelta se percibe en el enfoque de Biden hacia los asuntos internacionales. En su artículo, afirma que "EE.UU. debe liderar el mundo" en lo que respecta al cambio climático y promete que el país "reunirá en una cumbre a los principales emisores de carbono del mundo". El mayor es China. Parece muy poco probable que Beijing acepte dócilmente presentarse a un encuentro organizado por EE.UU., en el que Biden promete "fijar compromisos ejecutables de reducir las emisiones".

Siendo realistas, China y muchos otros insistirán en que el único foro apropiado para las negociaciones sobre el clima son las conversaciones patrocinadas por las Naciones Unidas.

Problemas similares amenazan con trabar la promesa de Biden de que EE.UU. será el líder del comercio. Se comprometió a resistir "a la peligrosa tendencia en el mundo hacia las medidas proteccionistas". Pero sabe que la hostilidad de Trump hacia el libre comercio toca una fibra sensible de muchos votantes norteamericanos.

La solución de Biden es prometer que "los líderes sindicales y ambientales" estarán "en la mesa" durante cualquier futura negociación comercial. Pero eso podría demorar el avance hacia nuevos acuerdos comerciales. Mientras tanto, el mundo sigue adelante. El fin de semana pasado, los líderes de 15 naciones de Asia-Pacífico firmaron uno de los mayores acuerdos de libre comercio de la historia. Biden y su equipo hablan de reunir a los amigos de EE.UU. para que presionen a China. Pero en ese terreno ya suceden cosas.

El énfasis de Biden en trabajar con los aliados, en lugar de enfrentarse a ellos y abusar de ellos como hizo Trump, es claramente una buena idea. Pero con una actitud más amistosa no se garantiza el éxito.

La Unión Europea sigue adelante con los planes de regular y gravar más a los grupos tecnológicos estadounidenses, como Google y Amazon. La administración Biden, al igual que el gobierno de Trump, es probable que se oponga a muchos de esos esfuerzos. Si enseguida se produce una pelea por los impuestos o la regulación de la tecnología, podrían disminuir las esperanzas de que se inicie una nueva era de cortesía transatlántica, o de que el "liderazgo estadounidense" es una respuesta fácil a los difíciles problemas de la gobernanza mundial.

A Biden le resultará difícil convencer a los estadounidenses de que Estados Unidos puede beneficiarse si toma un compromiso internacional, sin asumir automáticamente el rol de líder. Pero el lado positivo de eso es que el país ya no estará destruyendo activamente las instituciones globales. Esa es razón suficiente para sentir un gran alivio.

Traducción: Mariana Oriolo

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