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El pensamiento mágico de Trump no salvará el proyecto de reforma tributaria

El presidente estadounidense propuso un recorte de impuestos a las empresas del 35% al 15%. Pero no hay antecedentes que esto estimule a la economía

El pensamiento mágico de Trump no salvará el proyecto de reforma tributaria

Los norteamericanos adoran los programas de gobierno pero odian los impuestos. En los últimos 40 años, los republicanos satisficieron esas preferencias opuestas con pensamiento mágico. Recortaron impuestos pero no el gasto, subiendo los déficits en el proceso –exactamente lo que los conservadores prometen no hacer. Donald Trump no es la excepción. Promete una rebaja del impuesto a las sociedades de 35% a 15%, junto con una alícuota más baja por única vez para alentar a las compañías norteamericanas a repatriar más de u$s 2 billones en ganancias que mantienen en el extranjero. El impuesto más alto a las personas bajaría de casi 40% a 33%.

Lo que ha presentado el presidente no es tanto un plan tributario sino principios duros alrededor de los cuales la administración puede negociar con el Congreso. Aún así, es llamativo que Trump haya ofrecido eliminar tecnicismos fiscales importantes, ni hablar de recortes del gasto, para ayudar a compensar sus propuestas. El resultado, según el Centro de Política Tributaria, costará al gobierno cerca de u$s 2,4 billones en la próxima década. Esto es políticamente difícil de aceptar para los Republicanos, que han prometido apoyar reformas tributarias neutrales en cuanto a los ingresos.

La administración –siguiendo la teoría de Arthur Laffer, el asesor de Ronald Reagan– sostiene que los recortes de impuestos crearán crecimiento económico, lo que compensará la caída de la recaudación fiscal. Si bien las rebajas deberían brindar un estímulo temporario para la demanda, hay poca evidencia en los últimos 20 años de que los recortes de impuestos impulsen sustancialmente el crecimiento. Los recortes de impuestos en 2001 y 2003 durante la administración de George W Bush no le dio un empujón a la expansión. Y tampoco las rebajas de la era Obama. Sin embargo, en 1990, cuando el presidente George HW Bush subió las alícuotas, el crecimiento del PBI fue mayor durante cinco años. La presidencia de Bill Clinton incluyó subas de impuestos y crecimiento fuerte. La historia no ha sido amable con las ideas de Laffer. No hay ningún poder mágico que haga que las reducciones de impuestos se paguen por si mismas.

Por otro lado, siempre que se bajan los gravámenes sin disminuir del gasto se crean déficits. En esto, las propuestas de Trump se asemejan al Reaganomics con esteroides. Reagan asumió el poder prometiendo un gobierno chico e impuestos bajos. Hizo aprobar en el Congreso tanto los recortes de impuestos como la reforma tributaria, eliminando muchos tecnicismos fiscales. Pero el gasto fue tan alto que el déficit se duplicó en términos de porcentaje del PBI durante su primer mandato. Absorbió parte de la tinta roja con mayores impuestos a las empresas, a la energía y cargas sociales. Trump elevaría otra vez el déficit en un momento en que todo la carga de la deuda pública es muy superior. También creará un conflicto con la Reserva Federal, que probablemente suba las tasas como respuesta a un déficit desenfrenado.

La imagen de una economía gimiendo por la fuerte carga tributaria no es exacta en ningún caso. Los impuestos norteamericanos son bajos en términos históricos y comparados con otras naciones ricas. Todos los niveles del gobierno recaudan cerca del 26% del producto nacional en impuestos. En Alemania, la cifra es de 37%.
Si el crecimiento no mejora antes de las elecciones intermedias en 2018, los republicanos corren el riesgo de perder el control del Congreso. Idealmente, los recortes de los impuestos a las sociedades derivarían en una mayor inversión de capital e impulsaría una expansión. Las reducciones de impuestos bien dirigidas realmente tienen este efecto. Las rebajas generalizadas de la tasa promedio a menudo no. En los años cincuenta, la alícuota marginal para las personas era de 90% y el impuesto a las sociedades superior a 50%. Hoy es prácticamente de 35% en ambos casos. Muchos individuos y compañías aprovechan los tecnicismos fiscales para pagar mucho menos. Sin embargo, tanto el PBI real como el PBI per capita real crecían a un ritmo más de dos veces superior en los cincuenta que en los 2000. Tal como señala Warren Buffett, la gente invierte cuando piensa que pueden hacer dinero, no por los niveles de los impuestos.

Con un impuesto más bajo por única vez aplicado a la repatriación, podría volver a Estados Unidos grandes sumas de dinero. Sin embargo, después de la última iniciativa en 2004, gran parte de ese flujo que volvió fue para recompra de acciones, no para inversión. Si eso sucede de nuevo, podría apuntalar los mercados, pero no la economía real. Si se autoriza que la repatriación pague menos impuesto, las compañías deberían estar obligadas a demostrar que están usando una parte significativa de los fondos en inversión de capital.

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Comentarios1
Eduardo Martinez
Eduardo Martinez 28/04/2017 10:31:07

Donald Trump dijo que es posible un "gran, gran conflicto" con Corea del Norte, pero que ahora puede enfrentarlo con optimismo gracias a que Mauricio le presta unos aviones Mirage que le sobran