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MARTES 23/04/2019

El mundo es más feliz, sano, rico y libre que nunca, pero ¿por cuánto tiempo?

Las personas en la actualidad tienen muchas razones para ser felices, pero se multiplican las sospechas de que no durará

El mundo es más feliz, sano, rico y libre que nunca, pero ¿por cuánto tiempo?

Cuando una persona mira el teléfono al despertar parece como si estuviera viviendo tiempos terribles. En las redes sociales, todos, desde el presidente de EE.UU. hasta el ciudadano común, están gritándoles a todos los demás. Venezuela y el Reino Unido viven en crisis política. Después de consultar los horrores diarios — desde la guerra civil de Yemen hasta los niños migrantes que se encuentran enjaulados — llevas a tus hijos a la escuela para que puedan acaben en el lado correcto de la desigualdad.

No obstante, podemos recordar esta era como un paréntesis feliz: los buenos tiempos antes de que todo se derrumbara.

Académicos como Steven Pinker, de Harvard, y el fallecido estadístico sueco Hans Rosling, argumentaron durante mucho tiempo que el humano medio nunca vivió tan bien. Las cosas son terribles, excepto en comparación con toda la historia. Por ejemplo:

- Sólo una persona de cada 10 vivía en pobreza extrema en 2015 (lo que significa que consumían menos de u$s 1,90 por día, ajustado a precios locales), un descenso del 36% en 1990, según el Banco Mundial.

- El niño promedio nacido en 2016 podría esperar vivir 72 años. Eso es un aumento de 5,5 años desde el 2000, mientras que el africano promedio ganó 10,3 años, en gran parte debido a la mejora de la supervivencia infantil y al mayor acceso a tratamientos para el VIH, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

- En 2017 murieron menos de 90.000 personas en conflictos organizados que involucraron a actores estatales o no estatales, informa el Programa de Datos sobre Conflictos de Uppsala (UCDP, por sus siglas en inglés). Eso es inferior al máximo reciente en 2014, y muy por debajo del período 1946-1990 en proporción con la población mundial. En resumen, Donald Trump no trastornó la paz mundial. Es cierto que el número de personas desplazadas por la fuerza –actualmente 68,5 millones y muchas de las cuales viven en condiciones terribles– alcanza un récord histórico, pero eso se debe en parte a que las guerras son cada vez menos mortales: los refugiados se escapan.

- La desigualdad global cayó a medida que los países asiáticos cierran la brecha con Occidente. Pero muchos países occidentales también se recuperan de la crisis financiera. El ingreso medio por hogar de EE.UU. alcanzó los u$s 61.372 en 2017, aproximadamente el nivel de 2007, y sigue aumentando desde entonces. Si la expansión económica de 10 años del país perdura más allá del mes julio, se convertirá en el periodo de crecimiento más largo de la historia de EE.UU.

- A pesar de que la democracia sufrió un golpe en todo el mundo desde 2005 (según el organismo de control Freedom House), un número creciente de personas son más libres para llevar una vida plena. Las mujeres, los homosexuales y los discapacitados se están beneficiando del reconocimiento tardío de que no hay humanos de segunda clase. Desde 2013, muchos países occidentales legalizaron el matrimonio gay; India el año pasado levantó la prohibición en contra de las relaciones sexuales gay; y "las leyes contra la discriminación están ganando terreno en todo el mundo", según el Consejo de Relaciones Exteriores de EE.UU. Todavía hay un enorme camino por recorrer –esta semana, Brunei impuso una ley que permite la muerte por lapidación en el caso de relaciones sexuales gay– pero en el resto del mundo, éste es probablemente el mejor momento para ser gay, mujer o discapacitado.

- Lo peor del cambio climático aún no llega. Si las cosas parecen terribles, se debe en parte a la forma en que ahora consumimos las noticias. Antes de las noticias de televisión, las atrocidades masivas como el Holocausto, la hambruna de Ucrania, el Gran Salto Adelante de China e incluso el genocidio de Ruanda ocurrieron casi en secreto. Hoy vivimos atrocidades individuales en nuestros teléfonos inteligentes: los tiroteos en la mezquita de Nueva Zelanda, policías estadounidenses que matan a personas afroamericanas o los bombardeos de las casas en siria.

Esto es horrible, pero también provoca medidas para detener las atrocidades: la administración Trump fue avergonzada públicamente y se vio obligada a abandonar su política de separar a los niños migrantes de sus padres en la frontera con México.

Todavía estamos aprendiendo cómo vivir con las redes sociales. Nos ha puesto en contacto íntimo con sociópatas racistas que emiten amenazas de muerte y violación. Pero vale la pena recordar que el Internet produce mucha más violencia virtual que real. De hecho, las personas que hace 25 años asaltaban a ancianas actualmente son troles en línea.

Muchos criminólogos han vinculado la llegada del Internet y los videojuegos con la disminución de los delitos violentos a largo plazo en Occidente. La tasa de delitos violentos en EE.UU. cayó 74% entre 1993 y 2017, según la Oficina de Estadísticas de Justicia.

Así que vivimos tiempos relativamente buenos. Pero probablemente no duren. La eurozona parece estar al borde de la recesión, y el mercado de bonos cree que EEUU se encamina en esa dirección. Este mes, probablemente, se implementará o se retrasará el Brexit, por lo que el Reino Unido podría quedarse atascado en un furioso partidismo al estilo estadounidense a largo plazo.

Luego está la guerra. EEUU, China, India, Rusia y Brasil ahora tienen líderes nacionalistas. La era de "mi país primero" puede resultar tan pacífica como la anterior, pero esos estándares son altos. Corea del Norte probablemente ha construido misiles nucleares intercontinentales, y EEUU y Rusia suspendieron su Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio en febrero.

Pinker dice que la gente siempre está preocupada por amenazas futuras que nunca se materializan. Pero cuando se trata de la gran amenaza, el cambio climático, incluso su optimismo flaquea. En su último libro, En defensa de la Ilustración, concede: "El esfuerzo necesario para prevenir el cambio climático es inmenso, y no tenemos ninguna garantía de que las transformaciones necesarias en la tecnología y la política se implementarán lo suficientemente pronto como para frenar el calentamiento global antes de que cause un gran daño". La humanidad puede ser como el jugador de videojuegos que lucha para superar muchos niveles de dragones pero que finalmente es eliminado.

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