Miércoles  18 de Julio de 2018

El mundo debe unirse a la batalla contra la guerra comercial de Trump

El recién firmado acuerdo entre la Unión Europea y Japón es un primer ejemplo de cómo combatir un conflicto comercial y al mismo tiempo beneficiarse

El mundo debe unirse a la batalla contra la guerra comercial de Trump

Con los planes de Estados Unidos de imponer aranceles sobre otros u$s 200.000 millones de importaciones provenientes de China, que se suman a los u$s 50.000 millones ya vigentes, Donald Trump está logrando la guerra comercial que siempre quiso. También amenaza con más gravámenes contra Europa, sobre los autos, además de los derechos aduaneros sobre el acero y el aluminio que ya afectan ese comercio, y contra otros aliados tradicionales.

Los economistas en general creen que el proteccionismo daña la economía que lo aplica. Y ya hemos analizado cómo la guerra comercial de Trump está deteriorando a Estados Unidos de tres maneras: el costo directo de las importaciones más apreciadas (en particular los insumos importantes para la actividad manufacturera como los metales industriales); la posibilidad de que otros países fijen aranceles en represalia; y la desventaja para los exportadores norteamericanos si otros países buscan la liberalización del comercio entre ellos.

Pero tal como sabiamente nos recuerda Dani Rodrik, los desplazamientos y los efectos redistributivos dentro de un país resultado de los cambios de la política comercial son mucho mayores al efecto general sobre la economía del país en su conjunto. Cuando una economía disminuye barreras comerciales, algunos sectores y tipos de trabajadores pierden y otros ganan en mucha mayor medida que el efecto promedio sobre los típicos consumidores o productores. Por supuesto, lo mismo ocurre cuando las barreras se incrementan.

Empiezan a surgir informes de cómo se ve esto en el terreno. Reuters elaboró un sorprendente reporte desde un condado del estado de Missouri que quedó atrapado en el fuego cruzado del conflicto comercial. La localidad cuenta con una antigua fundidora de aluminio que estaba cerca de la muerte pasó de tener 1000 empleados a sólo 9 hace unos años pero sus productores agropecuarios dependen de los cultivos de soja para exportar.

Es fascinante leer cómo ambos lados de los efectos de una guerra comercial se materializan en el mismo lugar pero, con más frecuencia, las consecuencias de la política comercial son mucho más complejas y afectan muchos lugares de muchas maneras. Una profunda razón que explica eso es que una gran parte del comercio hoy se produce dentro de cadenas productivas que cruzan fronteras, a diferencia de los productos finales que dominaban el comercio sólo unas décadas atrás. El estudio de The New York Times que abarca tres productos luces LED, motores fuera de borda y televisores de pantalla plana muestra maravillosamente la serie de cambios que puede provocar una guerra de aranceles: en estos tres casos, la industria LED de Malasia se frota las manos, mientras que una compañía de motores fuera de borda estadounidense tiene problemas para encontrar alternativas a sus componentes producidos en China. Debido a que el rol de China en la producción de pantallas es particularmente importante en el ensamblado de componentes que ellos mismos importaron de otras partes, el efecto del arancel quizás sea simplemente mudar la fase de ensamblado a México.

Esta complejidad significa que deberíamos ser más cautelosos antes de aceptar argumentos que afirman que el costo económico total, incluso el de un derrumbe del comercio global, sería manejable. Sustituir un producto final fabricado en el país por uno importado es una cosa; reconfigurar cadenas de abastecimiento enteras es algo totalmente diferente.

Ese perjuicio impredecible por supuesto también puede afectar a otros países de la cadena de abastecimiento. Rodrik hace una segunda afirmación: dado que el proteccionismo deteriora a aquellos países que lo aplican, China y Europa deberían evitar tomar represalias contra Trump. Pero eso no es totalmente convincente.

Él reconoce que puede haber casos donde eso no suceda: las economías deprimidas pueden "robar" demanda de otras por medio del proteccionismo, y las economías grandes pueden modificar los términos del comercio a su favor subiendo moderadamente los aranceles a las importaciones.

Rodrik con razón descarta el primer escenario por considerarlo irrelevante en este momento. Más curioso, escribe, es que "Europa y China no están particularmente interesados en deprimir los precios mundiales de sus importaciones o en los ingresos resultantes". Pero ¿por qué no, si pueden hacerlo? Y sobre todo, ¿por qué no al menos tratar de deshacer el efecto que provocó la acción norteamericana en el cambio de los términos globales del comercio contra ellos?

En última instancia, acá por supuesto ésto tiene una lógica de economía política: ¿el peligro de que el resto del mundo tome represalias contra Trump es mayor al de dejar que Trump se salga con la suya dañando el sistema de comercio mundial (y las economías de Europa y China) sin que haya resistencia? Hay que tener en cuenta que las propias acciones de Trump tienen objetivos político. Bien puede creer equivocadamente que los efectos económicos directos son positivos para EE.UU.; pero queda claro que él también apunta a cambiar la política comercial china y de la UE.

Los socios comerciales de EE.UU. tienen buena razón para hacer lo mismo con la política norteamericana, incluyendo demostrarle a los estadounidenses que son los mayores perdedores. Eso significa, por lo menos, castigar a EE.UU. de una manera que daña mínimamente a sus propias economías ya sea compensando parte del perjuicio a sus cadenas de abastecimiento o inclinando los términos del comercio otra vez a su favor.

Pero por sobre todo, los países deberían doblar la liberalización comercial entre ellos. El acuerdo entre la UE y Japón que no sólo incluye un área integral de libre comercio sino también intercambio de datos es un primer ejemplo de cómo combatir una guerra comercial y al mismo tiempo beneficiarse ellos mismos. Esa liberalización va a desfavorecer los intereses exportadores de EE.UU. mientras que probablemente brinde beneficios y no costos a los países que liberalizan el comercio. La mejor reacción contra "Estados Unidos Primero" es dejar a ese país atrás.

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