Lunes  03 de Septiembre de 2018

El mundo aún debe aprender las lecciones de la crisis financiera del 2008

La experiencia japonesa de 1997 no sirvió para frenar el crack de las subprime. Pero es posible que China saque provecho de esta historia

El mundo aún debe aprender las lecciones de la crisis financiera del 2008

Un día, a principios del verano de 2007, recibí un correo electrónico inesperado de un erudito banquero central japonés llamado Hiroshi Nakaso. "Estoy algo preocupado", empezó de manera típicamente discreta, antes de advertir que una crisis financiera estaba a punto de desatarse a causa de problemas en el mercado hipotecario y crediticio estadounidense.

Quedé atónito. No porque estuviera en desacuerdo con el análisis de Nakaso: en junio de 2007 ya había escrito sobre el sector crediticio durante un par de años como editor de mercados de capital del FT en Londres, y me inquietaba. Pero me sorprendió que fuera Nakaso quien encendiera la alarma.

Sus colegas de los bancos centrales estadounidenses y europeos, cercanos a los mercados subprime, no parecían preocupados.

Por el contrario, Alan Greenspan, ex presidente de la FED, pasó la última década celebrando el (aparente) triunfo de los mercados de capitales occidentales. Y el sucesor de Greenspan, Ben Bernanke, acababa de declarar que los problemas en el mercado de hipotecas subprime eran tan "pocos" que no generarían "efectos indirectos significativos".

Entonces, ¿a qué se debía el pesimismo de Nakaso? Déjà vu, respondió. Una década antes, en 1997, había trabajado en el Banco Central de Japón cuando Tokio quedó sumida en una terrible crisis bancaria, provocada por u$s 1 billón de préstamos incobrables que dejó la burbuja japonesa -conocida como baburu keiki- de los años ochenta.

Nos conocimos en ese período convulsionado. Yo era corresponsal para el FT en Tokio y a veces conversábamos sobre la crisis con unas porciones de arroz onigiri y té verde de por medio. Cuando me fui de Japón, en 2000, la crisis en su mayor parte había terminado.

Nasako había aprendido, a partir de una amarga experiencia, sobre los peligros de la arrogancia de los banqueros. Sabía que los funcionarios del gobierno a menudo minimizaban los problemas -tanto para sí mismos como para los votantes- y advirtió que los mercados monetarios se comportaban de tal manera que parecían indicar que los inversores y las instituciones estaban perdiendo la confianza mutua. Eso generó "semejanzas sorprendentes"con las primeras etapas de nuestra propia crisis financiera", me dijo. "Realmente se pondrá a prueba la capacidad de gestión de crisis de los bancos centrales y las autoridades financieras".

Tenía razón. Unas semanas más tarde, en agosto de 2007, los sistemas financieros estadounidenses y europeos empezaron a implosionar a causa del riesgo hipotecario. El desenlace no fue abrupto. Pero para el otoño de 2008, lo que era una crisis gradual se había convertido en una crisis global hecha y derecha, simbolizada en el espectacular colapso de Lehman Brothers y el rescate de AIG. Me sentí profundamente agradecido por la visión de Nakaso.

Pero ahora, cuando miro hacia atrás ese período, también me siento frustrado. El Fondo Monetario Internacional calcula que, entre 1970 y 2011, el mundo atravesó 147 crisis bancarias. Algunas fueron pequeñas: pocos recuerdan hoy en día la crisis bancaria de 1994 de Bolivia. Otras fueron enormes.

Pero independientemente de su dimensión estadística, las crisis comparten dos aspectos. En primer lugar, el período previo a la crisis está signado por la arrogancia, la codicia, la opacidad y una estrechez de miras entre los financistas que les impide evaluar los riesgos.

En segundo lugar, cuando estalla la crisis, se produce una repentina pérdida de confianza entre los inversores, los gobiernos, las instituciones o los tres a la vez. Para entender las crisis financieras, vale la pena recordar que la raíz del mino "crédito" proviene del latín "credere", que significa "creer": las finanzas no funcionan sin confianza. Sin embargo, lo irónico es que el exceso de confianza crea burbujas que (casi) inevitablemente estallan.

Aunque ya pasaron 10 años desde el colapso de Lehman, las preguntas siguen siendo apremiantes: ¿por qué parecemos destinados a sufrir una crisis tras otra? ¿Por qué no podemos aprender del pasado? ¿Y qué sentido cobra eso en el rumbo hacia el cual se encamina hoy el sistema mundial? Después de Japón y Estados Unidos, ¿en qué otro país del mundo ocurrirá la próxima tragedia?

Cuando empecé a escribir sobre los mercados de capitales occidentales a principios de 2005, no esperaba otra crisis al estilo de Japón. Todo lo contrario: como muchos otros, al principio pensé que estaba siendo testigo del equivalente financiero de la revolución de Internet, una ola de innovación salvaje que mejoraría todas nuestras vidas.

Parecía una apuesta razonable. Durante siglos, la actividad del sector bancario giró en torno al negocio relativamente simple de recaudar depósitos de empresas, gobiernos o consumidores, y luego prestar el dinero. Así, en la burbuja económica de Japón en la década de 1980, los bancos prestaban dinero para desarrollos inmobiliarios; lo mismo que ocurrió con el auge de ahorros y préstamos en Estados Unidos durante la misma década.

Pero mientras las generaciones previas de banqueros se habían aferrado a sus préstamos -como los agricultores a su cosecha- a fines del siglo XX los financistas se volvieron más parecidos a carniceros dedicados a la elaboración de salchichas. Empezaron a comprar préstamos desde cualquier lugar que pudieran (incluso unos a otros), dividirlos y luego reagruparlos adentro de nuevos instrumentos que podrían venderse a inversores con nombres elegantes, como "obligaciones de deuda garantizada".

Cada revolución de la innovación necesita un discurso típico de ventas, y esta no era una excepción: los banqueros se autoconvencieron de que cortar y rebanar en cubos haría que el sistema financiero fuese mucho más seguro. La idea era modernizar el viejo adagio según el cual un problema compartido se reduce a la mitad. En el pasado, los bancos habían fracasado ante el incumplimiento de los prestatarios porque el dolor se concentraba en un solo lugar: cortar y rebanar en rodajas esparciría el dolor entre muchos inversores y así sería más fácil de absorber. O eso era lo que planeaba la teoría.

Pero escondía una trampa. Como las técnicas que utilizaban los banqueros para rebanar los préstamos eran extremadamente opacas, costaba saber quién asumía los riesgos. Peor aún, al estar tan entusiasmados con la reagrupación de la deuda, los banqueros estaban estimulando una nueva manía para conceder préstamos, aparentemente con el aval del gobierno. Lo que toda esta innovación financiera ocultaba era un auge crediticio a la vieja usanza, en particular en el mercado estadounidense de hipotecas subprime.

Al inicio, pocos parecían preocupados por estos acontecimientos. No se sorprendían, quizá. Este rincón de las finanzas era tan excéntrico y tribal que la mayoría de los votantes y políticos tenían poca idea de que había una revolución en marcha. En cualquier caso, casi todos los auges insostenibles empiezan con la idea de que los innovadores descubren una nueva frontera. En el South Sea Bubble del siglo XVIII, fue un nuevo país mítico; en la manía ferroviaria de los años 1840 o en la burbuja de Internet de los 90, fue la tecnología. En 2005 fue el propio sistema financiero. "Hay una dinámica que empuja a la banca y la penumbra de la banca al exceso, una y otra vez", afirma Paul Tucker, ex vicepresidente del Banco de Inglaterra. "Las personas en realidad tienen muy buenos recuerdos específicos a corto plazo [pero] sencillamente no tienen buenos recuerdos a largo plazo, especialmente cuando la tecnología del sistema bancario cambia".

Era fácil ver por qué los banqueros aceptaban esto: la burbuja los estaba haciendo ricos. "Hubo gran complacencia de todas las partes", sostiene Bill Winters, ex codirector de JPMorgan Banking y actual director ejecutivo de Standard Chartered. "Los gobiernos arrojaron una gran olla de miel en el centro de la mesa y nos dijeron a todos que no tenemos que pensar en las abejas".

Lo más sorprendente fue que las autoridades reguladoras también parecían reacias a agitar las aguas. Para algunos, la fortaleza de la economía generaba una sensación de complacencia; para otros, la fe en la economía de libre mercado -y el orgullo por las finanzas occidentales- hacían que resultara inconcebible que la historia de Japón pudiera servir de advertencia. "Al principio supuse que las personas actuarían de manera totalmente racional", observó hace poco Greenspan. "Eso resultó erróneo".

A medida que transcurría 2007, se hizo evidente que un número significativo de prestatarios estadounidenses habían dejado de pagar sus hipotecas; pero debido a que la deuda había sido cortada y reagrupada en dos nuevos productos, nadie sabía dónde estaban los riesgos venenosos dentro de la cadena alimenticia financiera. Entonces los inversores sencillamente rechazaron todos los productos rebanados. Eso causó que los mercados se paralizaran.

Las autoridades intentaron reconstruir la confianza. Pero una vez que se rompe la confianza, cuesta restaurarla, especialmente cuando los gobiernos o los banqueros tratan de esconder los problemas debajo de la alfombra, por ejemplo, con creativas maniobras contables. Era una tarea inútil: el proceso de "cortar y rebanar" había dejado a los mercados de Estados Unidos, Europa y Asia tan estrechamente vinculados que cualquier pánico era altamente contagioso. Mes a mes se fue agotando la confianza: los inversores perdieron la fe en el valor de los títulos hipotecarios, el criterio de las agencias de calificación y los balances de los bancos. Cuando Lehman Brothers colapsó en septiembre de 2008, los inversores dejaron de creer que cualquier institución era realmente segura. Durante un aterrador par de semanas, el crédito se evaporó en Estados Unidos. La crisis solo se detuvo cuando finalmente el gobierno intervino: recapitalizó los bancos, forzándolos a reconocer sus pérdidas, clausuró a los prestamistas débiles, detuvo muchas de las alocadas prácticas crediticias plagadas de siglas e inyectó liquidez en los mercados.

¿Pero podemos aprender?

Hace un par de semanas, me contacté de nuevo con Nakaso por teléfono.

"¿Consideras que el sistema financiero es más saludable actualmente?", le pregunté. Nakaso dio, como siempre, una respuesta cuidadosamente equilibrada. Sí, algunos de los aspectos financieros se fortalecieron: después de la crisis de 2008, el gobierno estadounidense recapitalizó los bancos y detuvo las disparatadas prácticas del auge crediticio. "Las autoridades estadounidenses nunca pensaron que la experiencia japonesa podría suceder en su propio país, pero finalmente aprendieron las lecciones [de Japón] y reaccionaron más rápido que los japoneses", observó Nakaso. También fueron más resueltas que las autoridades europeas. "Los europeos fueron más lentos en hacer las cosas que tenían que hacer", sostiene Henry Paulson, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos.

Pero las finanzas aún no están del todo "fijas": los inversores no bancarios asumieron riesgos peligrosos, en parte porque una política monetaria sumamente flexible hizo que los préstamos fuesen muy baratos. Y luego está el tema sobre el que bromeaban los banqueros de Barcelona con su banda "Da Leverage": la deuda. Según el Banco de Pagos Internacionales (BIS), un aspecto notable de la última década es que entre 2007 y 2017 la relación entre la deuda global y el PBI trepó del 179% al 217%.

Este atracón de préstamos no ocurrió en las áreas de finanzas que causaron la última crisis, como las hipotecas subprime. En cambio, el auge de la deuda se da entre empresas y gobiernos riesgosos, desde Turquía (que ya enfrenta una crisis financiera) hasta Estados Unidos (donde el endeudamiento se aceleró durante el mandato de Donald Trump). Entretanto, en China, la deuda pública y privada bruta se duplicó en la última década y alcanza alrededor del 300% del PBI. Esto supera incluso el atracón de deuda salvaje de la década de 1980 en Japón.

Entonces, ¿China provocará la próxima crisis? Después de todo, hay muchos ecos del Japón de los 80 - arrogancia, opacidad, élites ambiciosas y un cambio económico asombrosamente rápido-, le comenté a Nakaso.

"Quizás no", observó Nakaso. Y señaló que, si bien las cifras de deuda parecen preocupantes, China tiene fortalezas poderosas: vastas reservas de divisas y un gobierno que puede actuar de manera hábil y decidida para hacer frente a una crisis, sin distraerse con el electorado. "Utilizar el balance del banco central es problemático para los países democráticos".

China tiene otra arma crucial: los funcionarios del gobierno de Beijing tienen una obsesión con la historia; quieren entender los desastres de otros pueblos, encontrar la manera de evitarlos. "Una de las grandes fortalezas de China en la actualidad es que son un país muy reflexivo", observó recientemente Timothy Geithner, secretario del Tesoro de Estados Unidos durante la presidencia de Barack Obama. O como coincide Dalio: "A los chinos les va muy bien en historia: el gobierno entiende la mecánica de las crisis y para ellos es mucho más fácil tomar decisiones -en términos políticos- que para Estados Unidos".

"Los chinos vinieron a vernos varias veces para hablar sobre la crisis financiera japonesa", comentó Nakaso, por teléfono. ¿Qué consejo daban los funcionarios japoneses? "El mensaje central era prepararse para lo peor... [y] estar alertas. Si se ve venir la crisis, hay que ser muy audaces".

MONEDAS Compra Venta
DÓLAR B. NACIÓN0,675769,500074,5000
DÓLAR BLUE0,0000123,0000127,0000
DÓLAR CDO C/LIQ0,5934-110,1302
EURO0,063680,057680,1086
REAL0,037613,308813,3138
BITCOIN-0,22869.213,45009.213,7900
TASAS Varia. Ultimo
BADLAR PRIV. Pr. ARS0,210529,7500
C.MONEY PRIV 1RA 1D-37,500010,0000
C.MONEY PRIV 1RA 7D-35,294111,0000
LIBOR0,05311,0546
PLAZO FIJO0,000029,5000
PRESTAMO 1RA $ 30D-0,662861,4500
TNA 7 DIAS-0,302846,0900
BONOS Varia. Último Cierre Día Anterior
BODEN 20150,00001.424,501.424,50
BOGAR 20180,00009,829,82
BONAR X0,00001.585,501.585,50
CUPÓN PBI EN DÓLARES (LEY NY)0,000094,0094,00
CUPÓN PBI EN PESOS-2,17392,252,30
DISC USD NY1,056371,7571,00
GLOBAL 20170,00001.676,001.676,00
BOLSAS Varia. Puntos
MERVAL0,588042.497,6000
BOVESPA0,880099.160,3300
DOW JONES1,440025.706,0900
S&P 500 INDEX1,04663.152,0500
NASDAQ0,660010.547,7500
FTSE 1001,10007.273,4700
NIKKEI-0,580021.803,9500
COMMODITIES Varia. Último Cierre Día Anterior
SOJA CHICAGO-1,0576326,5597330,0504
TRIGO CHICAGO2,8029198,7835193,3638
MAIZ CHICAGO-2,7758134,4434138,2819
SOJA ROSARIO0,0000234,5000234,5000
PETROLEO BRENT1,889043,150042,3500
PETROLEO WTI2,296840,530039,6200
ORO-0,01111.799,00001.799,2000

OpenGolf Newsletter

Anotate y recibí el resumen semanal del mundo del golf.

OpenGolf
Revista Infotechnology