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El informe Chilcot deja muy buenas lecciones

El informe de John Chilcot sobre la guerra de Irak es la quinta investigación oficial de los acontecimientos que condujeron a la invasión de 2003. Todas las anteriores fueron rápidamente descartadas porque no revelaban por qué Tony Blair tomó la fatídica decisión de derrocar a Saddam Houssein.

Después de siete años, 150.000 documentos y un costo cercano a 10 millones de libras, Sir John produjo algo muy diferente. Su informe es una crítica amplia y chispeante de las políticas que decidió tomar Gran Bretaña en vísperas del conflicto y sus consecuencias.

Decepcionará a quienes esperaban que Sir John presentase una clara y decisiva condena al rol que tuvo Blair en el conflicto. La principal acusación contra el ex primer ministro durante ese tiempo es que él deliberadamente y a sabiendas mintió al pueblo y al parlamento sobre la amenaza que Saddam significaba directamente para Gran Bretaña y para Occidente.

Sir John no brinda evidencia de que Blair faltó a la verdad. Tampoco tiene algo para decir sobre la legalidad del conflicto. Sin embargo, en otros aspectos, las conclusiones de Sir John son altamente incriminatorias en cuanto a Blair, su administración y sus asesores civiles y militares.
La decisión de ir a la guerra fue equivocada, y se tomó antes de haber agotado todas las opciones pacíficas. La razón _el temor a que Saddam tuviera armas de destrucción masiva_ fue presentada "con una certeza que no tenía justificación". Las consecuencias de la invasión y la posterior ocupación, con su terrible costo en vidas iraquíes, simplemente no fueron analizadas en profundidad.
Por sobre todo, Sir John hace algo cercano a afirmar que Blair tomó la decisión de respaldar a George W Bush mucho antes de tener la autoridad legal y parlamentaria para hacerlo.
Al llegar el informe tanto tiempo después de la invasión, y el retiro de la mayoría de las principales figuras involucradas en el conflicto, muchos se preguntarán qué lecciones deja este desastre de política exterior. La realidad es que Westminster y Whitehall ya han rectificado algunos de los errores más notorios. Las reformas eliminaron gran parte de la informalidad que rodeaba el estilo de gobierno de Blair con su lamentable inclinación por hacer política sobre la marcha.
En cuanto al gobierno británico demasiado propenso a intervenir con negligencia en el extranjero, el péndulo ahora podría ir demasiado hacia la otra dirección. El hecho de que en 2013 Gran Bretaña no haya actuado militarmente contra el régimen de Assad en Siria después de su uso de armas químicas define su actual postura mucho más defensiva.
Nada puede recuperar aquellas vidas destrozadas por decisiones tomadas hace trece años. Los iraquíes perdieron cientos de miles de ciudadanos. En el Reino Unido, 179 militares murieron en un conflicto que dejó a sus familias preguntándose cuál era el propósito de ese sacrificio.
Por lo tanto, es bueno que Sir John haya producido un informe al que no se puede acusar de que escatima palabras. Hay mucho para lamentar sobre la manera en que se gobierna Gran Bretaña. Pero al menos con el informe Chilcot, el establishment británico demostró que está decidido a no dejar que ese colosal fracaso pase sin ser corregido.