Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
U$D
/
MERVAL

El impeachment contra Rousseff trae recuerdos del golpe de Estado

Aunque la presidenta Rousseff fue acusada de manipular las finanzas públicas, su verdadero crimen fue el derrumbe de su popularidad a pisos históricos

El viernes, un mensaje de WhatsApp sobre Sergio Moro, el juez brasileño que conduce la investigación del escándalo corrupción en la petrolera estatal Petrobras, circuló rápidamente por todo San Pablo.
El magistrado supuestamente había sido descubierto en una comunicación telefónica pinchada por la policía conspirando con miembros de la oposición para producir evidencia contra la Presidenta Dilma Rousseff y acelerar un proceso de impeachment contra la líder de izquierda. Pero si se hacía click sobre un enlace hacia la supuesta conversación aparecía un dibujo de dos personas sonriendo con una cartel que decía "1º de abril".
El mensaje podría haber sido una broma por el Día de los Inocentes, pero su contenido es exactamente lo que muchos de la izquierda creen: que Rousseff enfrenta un intento de golpe organizado por un poder judicial parcial en connivencia con políticos y los medios.
Impopular y arrinconada por la profunda recesión económica, la presidenta socialista está al borde del impeachment en el congreso de Brasil por supuestamente haber manipulado cuentas públicas. Rousseff niega las acusaciones y sus seguidores sostienen que tal ilícito en cualquier caso no justifica su destitución según la Constitución.
"El impeachment sin ninguna base legal.... es un golpe, ése es el término correcto para eso", aseguró su predecesor y mentor, el fundador del Partido de los Trabajadores Luiz Inacio Lula da Silva.
Crece la preocupación en los círculos de izquierda en Brasil y en el ámbito internacional de que un impeachment de Rousseff ponga en riesgo la democracia en el país más grande de Latinoamérica.
En un país y un continente con larga historia de golpes, la potencial destitución de un presidente a menos de la mitad de su mandato de cuatro años seguramente genera inquietud. El último golpe en Brasil fue en 1964, respaldado por los militares, y duró 21 años.
El ejército esta vez parece decidido a mantenerse en las barricadas, pero otros supuestos participantes del último golpe –como los medios conservadores fuertemente concentrados y la plutocracia empresarial en lo que es una de las sociedades más desiguales del mundo– se mantienen activos, aseguran varios académicos de tendencia izquierdista.
"Las mismas entidades que participaron en el golpe de 1964 están apoyando ahora este golpe", aseguró Pedro Fassoni Arruda, profesor de ciencias políticas en la Universidad Católica Pontificia de San Pablo.
Según la constitución brasileña de 1988, que fue formulada para reemplazar el gobierno militar por la democracia social, un presidente puede ser destituido si cometió un "delito de responsabilidad" en relación a su actual mandato, como participar directamente en un esquema de corrupción.
"Es una enorme irresponsabilidad afirmar que se está produciendo un golpe en Brasil" aseguró Aécio Neves, líder del partido de la oposición PSDB. "El impeachment es un recurso que existe en la constitución".
Pero los analistas sostienen que el impeachment es primero y ante todo un proceso político. Si bien Rousseff fue formalmente acusada de manipular las finanzas públicas para disfrazar un arriesgado aumento del déficit presupuestario, su verdadero "crimen" fue el derrumbe de su popularidad a pisos históricos. Eso se produjo después de la investigación sobre Petrobras que implica mayormente a su coalición gobernante, y de la preocupación sobre el manejo de la economía por parte de su administración.
El caso Petrobras fue aclamado como una señal de la solidez de las instituciones de Brasil. Pero muchos de la izquierda sospechan que la investigación fue cooptada por una oposición frustrada por la sucesión de victorias electorales del PT y por los medios y la élite industrial cansada del gobierno de izquierda.