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El gran desafío de Hollande: sacar a Francia del estancamiento

Desde los ataques terroristas en París, el presidente François Hollande se ha reinventado como un líder de "tiempos de guerra", pero para poder ganar su segundo mandato el año próximo debe hallar políticas que impulsen la economía deprimida

Los padres haitianos de Christopher Cajuste se establecieron en París en la década de 1970, tras huir de la pobreza de su propio país. Actualmente su hijo, nacido y criado en Bobigny, al norte de la capital francesa, piensa irse de Francia para escapar del desempleo. Más de un tercio de los jóvenes residentes del suburbio no tienen trabajo. Entre ellos, está Cajuste, un joven de 23 años con título en administración de empresas que hace la cola para obtener subsidios por desempleo en la repleta oficina de empleo local.
Dice que ser el hijo de piel oscura de inmigrantes no ayuda. En una entrevista de trabajo reciente, dice que percibió sorpresa en la mirada del entrevistador. "Tengo un nombre que suena occidental. Me di cuenta de que la persona no esperaba ver a alguien como yo", sostiene Cajuste. "Si no consigo trabajo en febrero, me mudo a Londres. No puedo seguir perdiendo tiempo."
Al menos, una de cada cuatro personas de menos de 25 años en Francia no tienen empleo. Y ser hijo de inmigrantes duplica las posibilidades de ser desempleado, según France Stratégie, un grupo de estudio financiado por el gobierno. Cajuste y Djabari están desilusionados con las políticas en general y el presidente Hollande en particular, que dicen que los ha decepcionado.
"Nada cambió con Hollande", afirma Cajuste. "Derecha o izquierda, no ayuda mucho a conseguir empleo."
Más del 75% de los residentes de Bobigny votaron al líder socialista en las elecciones presidenciales de 2012. Cuatro años después, como un eco del clima en otros fuertes de izquierda de Francia, la desafección salta a la vista. En 2014, Bobigny, una ciudad donde la mayoría de las personas son de bajos ingresos, eligió un alcalde de centro-derecha por primera vez desde el término de la Segunda Guerra Mundial, lo cual puso fin al dominio de 70 años del partido Comunista.
A 15 meses de las elecciones presidenciales, son personas como Cajuste quienes determinarán si Hollande logrará su segundo mandato. La reinvención del presidente como un "líder de tiempos de guerra" luego de los ataques terroristas de noviembre le dio un aumento de popularidad de corto plazo. Ahora la atención volvió a centrarse en su deficiente actuación en materia de economía y haber faltado a su promesa de recortar el nivel de desempleo del 10,2%, más del doble de la de Alemania.
En su discurso de Año Nuevo, el presidente francés se comprometió a solucionar lo que denominó una "estado de emergencia económica y social", y estableció el desempleo como su "prioridad número uno". Fue un guiño claro a su promesa anterior de postularse para su reelección en 2017 solo si lograba reducir el nivel de desempleo. El discurso fue, además, un reconocimiento tácito de que no haber logrado cumplir dicho objetivo allanó el camino al ultraderechista Frente Nacional.
"Los resultados económicos negativos eclipsaron la credibilidad que Hollande había obtenido después de los ataques", afirma Bruno Cautrès, profesor de ciencias políticas de Sciences Po. "Ya nadie le cree cuando dice que el nivel de desempleo bajará. Hay un creciente desconcierto, especialmente dentro de su propio partido, frente a cada cosa que hace."

Desaprobación popular

A pesar de los ataques de extremistas islámicos que se cobraron la vida de 130 personas en noviembre, el desempleo sigue siendo la prioridad de los votantes, según una encuesta de Odoxa. Los índices de aprobación de Hollande ya cayeron a los niveles previos a los ataques; solo 25% de las personas encuestadas expresaron una opinión positiva de su presidencia, según TNS Sofres.
Dado que la mayoría de las encuestas anticipan un duelo entre Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional, y el candidato de centro-derecha aún no definido en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017, la legitimidad del presidente como el candidato lógico de la izquierda está en jaque. Intelectuales de izquierda, como Thomas Piketty, el economista francés, piden que se celebren primarias para elegir un candidato que unifique la izquierda.
"Ya pasaron cuatro años y no hay una política económica clara, un plan claro. El gobierno improvisa constantemente," sostiene Piketty. "Si la izquierda quiere que su candidato esté en condiciones de llegar a una segunda vuelta, debe debatir el programa en profundidad."
El año pasado, Francia logró salir de tres años de estancamiento, pero su crecimiento del 1% sigue a la zaga del 1,5% promedio de la eurozona. Los economistas estiman que emparejar ese promedio sería un requisito mínimo para que Francia logre reducir significativamente el nivel de desempleo.
Antes de los ataques de enero de 2015 a la revista Charlie Hebdo, el índice de aprobación de Hollande había caído a tan solo 12%. Pero luego de esto, la imagen del líder socialista -considerado indeciso y sin influencia en el escenario internacional- experimentó una transformación.
Enfrentarse al terrorismo local le permitió recuperar parte de su autoridad. El año pasado, propulsó la promulgación de una ley que mejoró las facultades de intromisión de las agencias de inteligencia francesas, declaró un estado de emergencia y procuró intensificar la lucha militar mundial contra ISIS, el grupo islámico autor de los ataques. Actualmente, quiere modificar la constitución para ampliar el alcance del estado de emergencia, una cláusula que se redactó en 1955 durante la guerra de independencia argelina.
La retórica de guerra silenció a la oposición, pero esto tuvo un costo.
Christiane Taubira, la ministra de Justicia, está entre las principales figuras del partido Socialista que se manifestaron en contra del plan de Hollande de quitar la ciudadanía francesa a ciudadanos con doble nacionalidad condenados por delitos de terrorismo: una medida meramente simbólica anteriormente apoyada por Le Pen y Nicolas Sarkozy, el expresidente de centro derecha. Los críticos sostienen que la medida es discriminatoria y no sirve para evitar ataques terroristas.
Thierry Pech, director del grupo de estudio de centro izquierda Terra Nova, afirma que Hollande probablemente vio una oportunidad de desestabilizar a la derecha mostrándose firme en materia de seguridad antes de las elecciones del año próximo, pero dividió su propio bando. "El plan de quitar la nacionalidad francesa es un ejemplo de fracaso de maniobras políticas", sostiene Pech.
La división fortaleció a socialistas duros que protestaron contra el cambio a favor de las empresas que Hollande comenzó en 2014. El giro en U -Hollande había establecido 11.000 millones de euros de impuestos adicionales después de acceder al poder- quedó simbolizado con recortes de impuestos de 41.000 millones de euros que beneficiarán a empresas en los próximos tres años. Legisladores socialistas rebeldes insisten en que es un error y que hace falta un enfoque más estatista. Arremetieron contra Emmanuel Macron, el ministro de Economía pro-reformas, que permitió que los comercios abran los domingos y desreguló algunos sectores sobreprotegidos.
Dado el alto nivel de desempleo, a Hollande le cuesta demostrar que están equivocados: la cantidad de personas desempleadas llegó a 3,8 millones en noviembre último, 600.000 más que en abril de 2012, un mes después de que ganase las elecciones. La economía está azotada por un mercado laboral de dos niveles, en el que los empleados que tienen trabajo fijo disfrutan algunos de los beneficios más amplios del mundo, mientras que los trabajadores poco calificados luchan con contratos eventuales extremadamente flexibles.

Pérdida de trabajo

En Ham, una ciudad de 5000 habitantes del norte de la región de Picardía, el optimismo se desvaneció. Una planta de 100 años que produce grifería y válvulas industriales había soportado la crisis financiera, los problemas de la eurozona y la lenta recuperación de Francia. La empresa utilizó alrededor de 1,4 millones de euros de créditos fiscales del gobierno y los pedidos del año pasado aumentaron a la par de los ingresos.
Sin embargo, ahora, su propietaria estadounidense, la empresa Pentair, reveló que cerrará la fábrica, despedirá a 120 trabajadores y seguirá con la producción en los Países Bajos, Italia y Taiwán. El cierre afectará una región ya deprimida. Alguna vez un bastión de la izquierda, ha sido testigo de la vuelta de los votantes al Frente Nacional.
Le Pen obtuvo 41% de los votos en Ham en la primera vuelta de las elecciones regionales de diciembre . La derecha tradicional quedó segunda, mientras que el partido Socialista solo obtuvo 13% de los votos en un área en la que Hollande había obtenido dos tercios de los votos en las elecciones de presidenciales de 2012.
A poca distancia de la fábrica de Pentair, los trabajadores de Meca-Hydro, una fábrica familiar de repuestos, también están sintiendo el impacto de su cierre. Pentair genera 25% de sus ingresos. Jean-Pierre Corne, el fundador de 55 años, afirma que deberá reducir puestos de trabajo después de la decisión de Pentair.
Corne, que fundó su empresa hace 32 años, describe las reformas de Hollande como tímidas e ineficaces.
"La situación aquí se deterioró en los últimos tres a cuatro años", sostiene. "Hollande no hizo más que implementar medidas aquí y allá sin demasiado impacto. En vez de anunciar una serie de medidas graduales, debería optar por algo más radical."
Es la opinión de economistas que apoyan los planes de Hollande de reformar el mercado laboral anquilosado, simplificar sus leyes laborales y eliminar obstáculos en sectores excesivamente regulados, pero que cuestionan el alcance limitado de las medidas.

Unidad del partido

Hasta este tímido impulso de reforma, en los últimos dos años, generó resquemores, y Hollande intentó apaciguar a los miembros rebeldes del partido Socialista para mejorar sus chances de ser reelecto. Sin embargo, como el Frente Nacional atrajo votos tanto de la derecha como de la izquierda, confiar en un enfoque social democrático no resultará, sostiene Pech. Hollande deberá hacer las paces con los integrantes de la izquierda dura y evitar divisiones.
El mes pasado Hollande anunció un paquete de empleos de "emergencia" de 2000 millones de euros. Esta medida consiste en la creación de 500.000 programas de capacitación para los desempleados, una decisión que convenientemente sacaría algunos miles de personas de las estadísticas oficiales de desempleo este año.
Se comprometió a seguir impulsando reformas estructurales, incluyendo la tan esperada revisión de las complejas leyes laborales del país, sin romper ningún tabú; se comprometió a no tocar el contrato de trabajo a plazo fijo, la semana de 35 horas de trabajo y el salario mínimo.
Francia "no debería alinearse con modelos que, si se aplican aquí, serían rechazados sin dar beneficio alguno", Hollande reveló a líderes empresariales y sindicatos. "Entre el liberalismo irresponsable y la parálisis sin salida, hay un camino."
En Ham, no obstante, Raymond Dessaint, un empleado de 56 años de Pentair que empezó a trabajar en la fábrica a los 17, dice que no volverá a votar a Hollande. Cuando le preguntaron qué haría si en la segunda vuelta las opciones fuesen Le Pen y Hollande, respondió: "No voto a ninguno".

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