LAS ACCIONES EUROPEAS Y ESTADOUNIDENSES SE BENEFICIAR N CON LA INACTIVIDAD DE LOS GOBIERNOS

El estancamiento político es una buena noticia para los mercados

La paralización legislativa es excelente para los mercados ya que éstos le tienen aversión a los gobiernos activos que puedan poner en peligro su rentabilidad

Las acciones siguen tratando de recuperarse del retroceso que comenzó en enero. Se parece más a una corrección del mercado alcista (una caída profunda, impulsada por el mal ánimo inversor, que fue de 10% o más) y no al comienzo de un mercado bajista (un inicio lento, silencioso, que apenas se notó y motivado por los fundamentals).

 

Los principales indicadores económicos se mantienen sólidos, y en su mayoría están subiendo en forma moderada. Las curvas de rendimiento son positivas. Y también siento optimismo en cuanto a la política, ya que 2018 podría ser el tercer año en que disminuye la incertidumbre política en el continente europeo, una gran razón para ser positivo en cuanto a la evolución futura de las acciones europeas pese a los titubeos de corto plazo.

El año pasado, la menor incertidumbre en la eurozona se observó principalmente en Holanda y Francia. Este año, en Alemania e Italia.

Después de demorar tiempo récord en formar gobierno, la canciller alemana Angela Merkel selló un acuerdo de coalición con los socialdemócratas (SPD). Durante meses, nadie sabía si Alemania obtendría una alianza, un gobierno minoritario o si habría nuevas elecciones. Ahora los inversores tienen claro el panorama.

A principios de marzo, los miembros del partido SPD aceptaron repetir la "Gran Coalición" con los demócratas cristianos de Merkel. El gobierno de Alemania mayormente es el mismo. Merkel sigue siendo canciller y lo será por otros cuatro años. El SPD obtuvo varios lugares en el gabinete, lo que probablemente signifique que la política se volverá incluso un poco más moderada. El resultado de eso es que regresa la paralización en el Bundestag; pero eso es excelente para los mercados ya que éstos le tienen aversión a los gobiernos activos y al alto riesgo legislativo que conllevan.

Italia también debería aliviar a los inversores ofreciéndoles más claridad y un estancamiento político. En las elecciones de principios de marzo, el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) anti-establishment fue el partido que más votos recibió, pero no le alcanzó para obtener una mayoría parlamentaria.

La coalición de centroderecha ganó la mayoría de las bancas, pero al partido euroescéptico La Liga de Matteo Salvini le fue mejor que a su socio Forza Italia de Silvio Berlusconi.

Los resultados despertaron temores a que surgiera una alianza populista radical entre M5S y La Liga, pero no hay fundamentos que respalden esa preocupación.

El populismo no es un sistema de creencias uniforme. La facción izquierdista de M5S no tiene nada en común con la extrema derecha de La Liga. Incluso aunque pudieran formar una coalición, las diferencias ideológicas seguramente impedirían la aprobación de leyes drásticas. Otras combinaciones de partidos deberían ser similarmente ineficaces. Los titulares quizás hagan ruido mientras los líderes de los partidos negocian quién liderará Italia, pero el resultado probable es un gobierno que haga poco, un statu quo familiar del agrado de los mercados.

El foco de atención ahora está puesto en las elecciones parlamentarias de mitad de término en Estados Unidos. Se va a ver y escuchar mucho parloteo sobre los grandes cambios que habrá en el futuro. Hay que ignorarlo. Teniendo en cuenta los lugares donde están ubicadas las bancas a disputar, los republicanos o mantienen el Congreso por un un mínimo margen o lo pierden por similar diferencia. De cualquier manera, habrá estancamiento.

Si los republicanos retienen el Congreso, tendremos una paralización intrapartido, es decir se repetirá la experiencia de 2017. Ya antes de que Donald Trump fuera electo presidente de Estados Unidos dije que él enfrentaría oposición dentro de su propio partido, tal como ocurre con la primera ministra conservador Theresa May en el Reino Unido. Y eso es lo que sucede.

De hecho, muchos legisladores republicanos se enfrentaron con la Casa Blanca todo el año, bloqueando la mayoría de sus proyectos de ley. Trump y el Congreso sólo tienen un gran logro hasta ahora moderados cambios al régimen tributario e incluso le costó bastante conseguir la aprobación.

Por el contrario, hubo unas pocas designaciones judiciales y algunos decretos ejecutivos que dominaron los titulares y cambiaron poco. Si los demócratas recuperan el Congreso, volverá la paralización a la vieja usanza, el tipo de estancamiento que tuvimos de 2010 a 2016, sólo que con los partidos al revés. Éste es un gran momento para los mercados, porque no se aprueba ninguna legislación drástica. Un presidente norteamericano paralizado no puede hacer mucho para perjudicar a los mercados.

Ya sea un estancamiento a la vieja usanza o intrapartido, las acciones deberían adorar el resultado. Para saber por qué, pensemos en una balanza en la que el gobierno se ubica de un lado y la gente y las empresas del otro. Cuanto menos poder tiene el gobierno para hacer cambios, más poder tiene el capitalismo para innovar y crecer en torno al gobierno y sus normas. Es como un subibaja. La paralización política inclina la balanza hacia el sector privado, y los mercados lo tienen en cuenta.

El estancamiento normalmente se vuelve más pronunciado cuanto más tiempo transcurrió del mandato presidencial. Será más difícil para Trump lograr grandes cambios. Es por eso que históricamente los retornos de las inversiones en el tercero y cuarto año de las presidencias son superiores a los de los primeros dos.

Desde 1926 hasta 2017, las acciones norteamericanas promediaron retornos de 10,5% en el primer año de un presidente y 9,1% en el segundo (ambos medidos en dólares estadounidenses). No está mal y cerca de la media de largo plazo de 10% para las acciones norteamericanas. Pero promedian 17,8% en el tercer año del mandato presidencial y 11,1% en el cuarto lo que es aún mejor. Las acciones adoran a los gobiernos que hacen poco porque significa que habrá menos sorpresas desagradables que puedan descarrilar la rentabilidad.

El momento de actuar es ahora. Los mercados miran el futuro y se adelantan a ponerle un precio a las consecuencias antes de que se sepan los resultados electorales definitivos. A medida que los inversores gradualmente entiendan que no habrá enormes cambios, las acciones deberían subir por la mera magia del estancamiento político.

* Ken Fisher es fundador y presidente ejecutivo de Fisher Investments.

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