Lunes  06 de Agosto de 2018

El dominio chino de la tecnología genera riesgos para la seguridad

Occidente depende cada vez más de productos electrónicos y de informática fabricados en China. Su política exterior debe atender esta sensible área

El dominio chino de la tecnología genera riesgos para la seguridad

El gobierno británico hace poco anunció de que tendrá mayores facultades para analizar y bloquear adquisiciones extranjeras por cuestiones de seguridad nacional. Esa postura se acerca más al enfoque que aplican Estados Unidos y otros países, incluyendo Alemania y Australia.

Los cambios llegan después de décadas de distracción particularmente británica sobre quién tenía la responsabilidad de preocuparse por las implicancias en cuestiones de seguridad, y quién tenía la facultad de hacer algo. También forma parte de una tendencia internacional, en un momento en que las naciones occidentales están abriendo los ojos a la propiedad intelectual que podrían estar perdiendo, o a las dependencias que están creando. A eso se le agrega que se dan cuenta de que en los últimos años los ataques cibernéticos sofisticados cada vez más se hacen a través de la cadena de abastecimiento y se entierran dentro de la infraestructura de Internet. El nerviosismo de Occidente es comprensible.

El enojo del presidente estadounidense Donald Trump hacia Alemania por apoyar el gasoducto Nord Stream 2 y su defensa de la producción siderúrgica local por cuestiones de seguridad nacional encajan con este reciente patrón. Los aranceles al acero quizás sean el resultado del proteccionismo, pero Trump dice algo sensato. El temor a depender excesivamente de una particular fuente de energía o a que corra riesgos la seguridad del abastecimiento de materias primas clave no es nuevo en política exterior.

Pero Rusia y China presentan desafíos muy diferentes en la intersección de seguridad económica y nacional. La limitada ventaja de Rusia es en energía antigua y no en tecnología. A medida que cae su economía no reformada, repartirá golpes a diestra y siniestra; y Occidente apuntará a contener eso. Visto desde las oficinas de los servicios de seguridad de Moscú, la Internet es una inmensa conspiración estadounidense, aunque es conveniente que esté abierta a la explotación asimétrica, ya sea a través de ciberataques o propaganda. Pero el mal uso de Internet por parte de Rusia es esencialmente táctico.

El desafío que presenta China es radicalmente diferente y constituye tanto una oportunidad como un riesgo a una escala totalmente nueva. China fabrica cerca del 90% de todo el hardware informático del mundo, incluyendo tres cuartas partes de todos los teléfonos celulares. Eso es así hace muchos años, y significa que la economía mundial cada vez está más sentada sobre una infraestructura de tecnología informática (IT por sus siglas en inglés) fabricada en China.

Es difícil cuantificar los riesgos que implican esta dependencia. Por lo tanto, el ciber espacio presenta a las autoridades que fijan políticas un desafío nuevo. En el pasado, estabamos acostumbrados a las controversias sobre quién gobernaba y navegaba los mares abiertos, pero nunca sobre quién fabricaba el agua.

Incluso este reconocimiento de la escala del logro de China no refleja lo esencial. El verdadero desafío para Occidente en este siglo no es que la tecnología china esté en todas partes, sino que cada vez lidera más el mundo. Eso se vio con claridad en los últimos meses en el sector de telecomunicaciones móviles. Los gobiernos deben ofrecer una banda ancha más rápida y la próxima generación de telefonía 5G a una población hambrienta de datos. Los principales proveedores de esta tecnología son todos chinos.

A menos que surjan alternativas locales, lo cual parece poco probable, las opciones van desde negarnos a usar la tecnología china e invertir en nombre de una amenaza potencial, o encontrar maneras de administrar el riesgo a la seguridad.

Frente a este dilema, los gobiernos reaccionaron de varias maneras. Estados Unidos prohibió parcialmente algunas compañía chinas y Australia dijo está dispuesto a actuar de la misma forma. Otros de Asia, Africa y Europa les dan una entusiasta bienvenida. El Reino Unido asumió una postura intermedia, tratando de detectar los riesgos mediante un estudio del software y hardware que instaló Huawei en las redes británicas.

El experimento británico abrió nuevos caminos en el desarrollo de capacidades para examinar vastas cantidades de códigos y lograr así cierto nivel de seguridad. Pero también refleja la dificultad para comprender, ni hablar de controlar, la cadena de suministro de IT. Hay una cantidad de razones para esto. Las dependencias de IT son complejas y no muy visibles. La cadena de abastecimiento puede ser realmente muy larga. Un vendedor de software podría subcontratar la escritura de sus códigos muchas veces.

Incluso cuando se pueden examinar el hardware y software, no es sencillo detectar la diferencia entre un error de ingeniería y una "puerta trasera" deliberada. Y los conocimientos y recursos necesarios para revisar la cadena de suministro global a escala simplemente no están ahí.

Pero las compañías de telecomunicaciones son sólo el comienzo. Durante los próximos 20 años, China surgirá como preeminente en numerosas áreas de tecnología. El presidente Xi Jinping explícitamente se fijó como objetivo liderar en 2030 el mundo de la inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas. Esta meta está respaldada por un impresionante y bien financiado plan de desarrollo. El año pasado, hubo más informes de investigación sobre este tema publicados en China que en Estados Unidos. Nos decimos a nosotros mismos que la democracia liberal occidental es la clave de la creatividad en tecnología, pero resulta que una economía de administración centralizada puede generar también buena innovación.

Occidente necesita responder con una política que entienda de tecnología y de política exterior. Algo de eso le toca a la industria, un punto que reconoció Brad Smith, el presidente de Microsoft, este año. No debemos desconectarnos de la genialidad de la tecnología china, pero tenemos que hacer una evaluación más madura de los riesgos.

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Revista Infotechnology