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El discurso de Trump dejó pocas definiciones económicas

El presidente estadounidense no puede seguir ocultando detalles de su plan económico por mucho más tiempo sin perder la confianza de los inversores

El discurso de Trump dejó pocas definiciones económicas

En las inversiones como en la vida, lo que no se dice normalmente es más importante que lo que se dice.

Quienes observan a la Reserva Federal saben analizar cada palabra de cada declaración proveniente de un gobernador de la Fed –lo que explica por qué la sucesión de discursos y entrevistas que hubo entre lunes y martes reflejaría que se duplicaron las probabilidades de que el banco central eleve las tasas de interés norteamericanas en su próxima reunión. Entienden el código y, por lo tanto, el dólar subió mientras que los rendimientos de los bonos aumentaron.

Luego el presidente Donald Trump se embarcó en su primer discurso ante el Congreso. Leyendo el texto, es casi como que faltó la única oración más importante para el futuro de los mercados.

Dijo que su equipo económico está "desarrollando una reforma impositiva histórica" (dejando en claro que no se completó esa tarea) que "reduciría la alícuota que pagan nuestras compañías para que puedan competir y prosperar en cualquier lugar".

Luego se quejó: "Muchos otros países nos hacen pagar aranceles e impuestos muy altos –pero cuando las compañías extranjeras ingresan sus productos a Estados Unidos, nosotros les cobramos nada o casi nada".

Eso sonó como la señal para anunciar su apoyo al impuesto fronterizo –una reforma radical al código tributario que gravaría las mercaderías según su destino y efectivamente las importaciones serán objeto de impuestos superiores a las exportaciones. Algunos describen la idea, respaldada por Paul Ryan, el vocero de la Cámara de Representantes, como un arancel con otro nombre pero su atractivo político es evidente. Tal impuesto penalizaría a los grandes importadores, protegería a los fabricantes norteamericanos, y genera presión al alza sobre el dólar. También ofrecería una oportunidad de elevar la recaudación, de pagar una extensa lista de otros compromisos (recortes de impuestos "grandes", u$s 1 billón para infraestructura, y el aumento del gasto de defensa).

Después de decir en su discurso que tratará de lograr que el comercio sea más justo a través del régimen tributario, el presidente pasó a mencionar su sorpresivo plan de intentar introducir un sistema migratorio basado en el mérito. La migración basada en el mérito –una propuesta nueva, difícil y que llevará mucho tiempo presentarla ante el Congreso– llegó al discurso justo cuando parecía el momento de hablar del impuesto fronterizo.

Los republicanos evidentemente están divididos en cuanto al tema, y parecería que el equipo de Trump también. Si bien la lógica de la posición presidencial parece apuntar a implementar un impuesto fronterizo, el mandatario todavía no está preparado para avanzar en eso. Sin el liderazgo presidencial, no sucederá.

A principios de esta semana, el presidente dijo a los gobernadores de los estados que la reforma fiscal no será posible hasta que se defina la reforma de salud. Eso parece ser un buen pronóstico. Si bien todos se están acostumbrando a la falta de detalles, Trump no puede seguir de esta manera por mucho más tiempo sin perder la confianza de los inversores.

Eso abre un posible escenario de pesadilla para el mercado: la administración se deja empantanar en un intento innecesario y antieconómico de mantener su promesa de derogar el Obamacare sin quitarle la cobertura a nadie, y entonces excluirlo de cualquier reforma fiscal este año. La reforma inmigratoria –en general mal vista por las grandes empresas– le consume tiempo que podría dedicarle a tratar el código tributario o construir infraestructura. La reforma fiscal y el estímulo fiscal no se producirán en su primer año, y al mismo tiempo malgasta su capital político. Mientras tanto, la Reserva Federal pasa a subir las tasas.

Ese escenario de pesadilla todavía es improbable. y la reacción inicial del mercado fue muy tenue. Eso es porque la creencia de que la economía mundial está girando decididamente hacia la reflación y alejándose de la deflación, el llamado Trump trade, depende no sólo de Trump sino de más factores.

El buen momento económico (pese a que el presidente dice que heredó un caos) le da a la administración más tiempo para armar su plan económico y pasarlo por el Congreso. Sería poco lógico poner a prueba la paciencia del mercado por demasiado tiempo, y el presidente tendrá en algún momento que completar la oración faltante sobre el impuesto fronterizo.