El crímen organizado agrava los números rojos de Río de Janeiro

El conductor había tenido una infancia difícil en los barrios marginales de Río de Janeiro. Pero nada lo preparó para aquel momento de septiembre cuando delincuentes fuertemente armados secuestraron su camioneta y lo obligaron a conducir hacia un garaje, donde descargaron su cargamento de pan valuado en u$s13.500.

Es una víctima del aumento de los robos violentos de cargas que golpean a la segunda ciudad más grande de Brasil, ya que se ve afectada una economía que ya tiene dificultades para salir de la peor recesión en la historia del país.

Según los informes, los robos que se producen en promedio más de una vez por hora y donde participan decenas de delincuentes armados con rifles de asalto obligaron al servicio postal nacional a suspender las entregas en la calle en algunos barrios de Río, mientras que los supermercados elevaron sus precios hasta un 20% para costear las pérdidas.

Las crisis presupuestarias derivadas de la recesión en todos los gobiernos de la economía más grande de América Latina provocaron el aumento de la delincuencia, aseguran los analistas. El estado de Espírito Santo registró 128 asesinatos en ocho días de desenfrenados crímenes callejeros en febrero, cuando la policía se declaró en huelga después de sufrir recortes presupuestarios.

Con las elecciones legislativas, estatales y presidenciales previstas para el próximo año, los políticos ultraderechistas esperan aprovechar el problema para ganar votos.

"La situación en Río está fuera de control", aseguró José Hélio Fernandes, presidente de la Asociación Nacional de Transporte de Carga y Logística, o NTC.

El robo de camiones en Río de Janeiro, cuya mayor área metropolitana tiene una población de 12 millones de personas, creció abruptamente de 5890 incidentes en 2014 al comienzo de la recesión económica a la cifra récord de 9.862 el año pasado, contaron en Firjan, una asociación empresaria local. El estado va camino a alcanzar un número similar este año, y las cargas de alimentos, bebidas, electrodomésticos y cigarrillos se encuentran entre los blancos preferidos de los delincuentes.

"Es un riesgo generalizado. Esta situación perjudica a todos los sectores productivos en este momento", dijo Sérgio Duarte, vicepresidente de Firjan.

Según un informe de 2017 elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo, la delincuencia y los esfuerzos para combatirla le cuestan a Brasil unos u$s 120.000 millones al año, tres veces más que a México, que está siendo asolado por la violencia del narcotráfico.

Las víctimas y los analistas explican que, para las bandas criminales, introducir los bienes de consumo robados al mercado negro es una forma más segura y rápida de ganar dinero que el tráfico de drogas. A menudo, los delincuentes distribuyen productos robados entre las comunidades empobrecidas para ganarse el respeto y la popularidad.

"Francisco Esteves, un importante mayorista de alimentos en Río, contó que ha sufrido un promedio de tres robos por mes durante el último semestre, y que cada uno le significó una pérdida cercana a 100.000 reales (u$s 30.180).

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