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El ataque a Bruselas es a los valores europeos

Los bombardeos en Bruselas son un recordatorio, como si hiciese falta alguno después de los ataques de yihadistas a París en noviembre de 2015, de la facilidad con la que células terroristas atacan objetivos neurálgicos de ciudades europeas y las paralizan.
En lo que parece haber sido un doble ataque suicida en el hall de salidas del aeropuerto de Zaventem, y un bombardeo que se cobró aún más vidas en la estación de metro Maalbeek, cercana a varias sedes de la UE en pleno centro de Bruselas, murieron al menos 30 personas y otras 180 resultaron heridas, algunas de gravedad.
Una reivindicación de responsabilidad en un sitio web de ISIS indica que esto fue obra de células locales inspiradas por su milenarismo, utilizando el modelo de París que adaptaron de un ataque yihadista a Bombay en 2008. Los ataques ocurrieron luego del arresto el viernes pasado de Salah Abdeslam, en un suburbio de Bruselas conocido por ser una cuna de yihadistas, a quien se buscaba como el autor sobreviviente de la matanza de París. Sus cómplices locales quizás hayan adelantado los planes de atacar Bruselas por temor de que la detención de Abdeslam los ponga en evidencia.
Semejante horror requiere conclusiones firmes pero medidas. Europa no puede protegerse del arco de fuego al este y sur, los campos de la muerte que van desde Irak y Siria hasta Libia. Esto queda en claro no solo por los ataques terroristas, sino también por la incapacidad de la Unión Europea de actuar en forma conjunta para manejar las olas de refugiados de estos y otros países: una respuesta desalentadora que traiciona los valores de la unión.
Bruselas no solo es la capital de Bélgica, sino también de la UE, lo cual se está poniendo a prueba para demostrar que tiene la resiliencia necesaria para enfrentar lo que será un conflicto extenso y desagradable. ISIS requiere mano más dura en Europa en términos de seguridad.
Hay obvias medidas prácticas que deben adoptarse con carácter de urgencia, entre las que se destacan un mejor intercambio de inteligencia sobre redes yihadistas. Bélgica, con capas de gobierno múltiples y superpuestas que no dialogan entre sí, presenta un problema particular. El gobierno federal advirtió luego del arresto de Abdeslam que eso podría desatar un ataque, pero fue incapaz de frenarlo. Pero debe haber una centralización de información mucho mayor en tiempo real a lo largo y a lo ancho de la UE y con sus aliados. Después de los ataque de París, la policía inspeccionó el auto de Abdeslam en la frontera francesa con Bélgica, pero parece que no tenían idea de quién era.
Los estados miembro también tener más información de comunidades minoritarias y qué motiva a sus miembros. Esto no solo se trata de afiliaciones religiosas manifiestas, sino también de la búsqueda de identidad de algunos jóvenes musulmanes descontentos y sin rumbo a quienes ISIS y sus secuaces ofrecen una condición de superhéroes trastornados. Es aleccionador enterarse de que a Abdeslam, a quien se buscó por todo el continente, lo ocultaron vecinos durante cuatro meses.
Sobre todas las cosas, la UE y Occidente precisan demostrar constantemente los valores que defienden, evitando la grandilocuencia simplista y la represión instintiva. Para Donald Trump, el principal candidato del partido Republicano en carrera por la presidencia de Estados Unidos, Bruselas es otro ladrillo en la pared que cree que mantendrá a musulmanes y mexicanos fuera de su país. Para Marine Le Pen del Frente Nacional de ultra derecha de Francia, un ataque a la capital de la UE es una excusa para una razzia al estilo de la Batalla de Argel de ‘vecindarios en los límites de la República’ inmigrantes.
Políticas como estas socavan nuestras sociedades abiertas, construidas sobre la base de libertades individuales y colectivas y tolerancia religiosa. Juntas alzan la bandera blanca de rendición. ISIS y sus cómplices están aprendiendo a rasgar nuestras fibras cívicas. Precisamos fortalecer esa civilidad, no realizar el trabajo por ellos.

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