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El alcalde de San Pablo es el último líder que le queda al PT

Si bien asegura que "ni siquiera se me ha pasado por la mente" ser candidato presidencial de Brasil, ya opina sobre la gestión de Dilma Rousseff

Haddad ganó popularidad con sus políticas para el transporte

Haddad ganó popularidad con sus políticas para el transporte

Fernando Haddad, el alcalde de San Pablo, la ciudad más grande de Sudamérica, se preparan para una despiadada campaña de reelección este año como uno de los últimos líderes que quedan dentro del antes poderoso partido izquierdista: el Partido de los Trabajadores de Brasil, o PT.

Con la presidenta Dilma Rousseff suspendida como parte de un proceso de destitución que dejó en ruinas al PT –que llegó a ser uno de los partidos socialistas más importantes del mundo–, Haddad es uno de los pocos principales políticos del partido oficialista que sigue ejerciendo un cargo ejecutivo clave y no está investigado por corrupción.
"Ya fue difícil en 2012", dijo el alcalde refiriéndose a su primera elección, cuando su victoria fue una sorpresa para San Pablo, un centro financiero e industrial conservador. "Este año será aún peor. Para el establishment brasileño derrotarme será una cuestión de honor".

La suerte del antes popular PT –paralizado por la peor recesión económica que sufre Brasil en más de un siglo– cambió bruscamente después de 13 años en el poder. El mes pasado comenzó el juicio político a Rousseff por manipular el presupuesto.

El fundador del PT y ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva ayudó a Haddad en su primera campaña electoral en San Pablo. Pero la "estrella" del partido se cayó a raíz del enorme escándalo de corrupción en la petrolera estatal Petrobras.

Otros líderes del PT –como Fernando Pimentel, el gobernador del políticamente importante estado de Minas Gerais – está acorralados por diferentes casos de corrupción. Eso dejó a Haddad –que fue mencionado pero no enfrenta ninguna acción formal– como una de las últimas almas del partido mientras prepara su campaña para reelegir en octubre.

Como alcalde, ganó popularidad por introducir grandes carriles para buses y bicicletas en una de las ciudades más abarrotadas de autos en el mundo, por disminuir los límites de velocidad para reducir los accidentes, y por prohibir el tránsito en la principal vía San Pablo, la Avenida Paulista, todos los domingos. Los peatones y los ciclistas lo elogian; los fanáticos del auto y los taxistas lo critican.

El ex ministro de Educación pertenece a una generación más joven que Rousseff. Haddad cree en un Estado fuerte –pero que gaste en forma más responsable– y en la redistribución de la riqueza. Haddad, de 53 años, declaró que su mayor crítica al gobierno de Rousseff es que no haya equilibrado el castigado presupuesto federal de Brasil antes, mientras el superciclo global de materias primas llegaba a su final.

"El gran problema con el gobierno de Dilma en 2013-2014 fue que postergó este ajuste de cuentas . . . con la esperanza de que el escenario internacional mejorara en el corto plazo, lo cual no ocurrió", explicó.
Comentó además que el PT también se mantuvo al margen de la reforma política necesaria para reducir el número de partidos en Brasil –hoy son 35– y para obligar a los políticos a ser más responsables. "Hemos elegido al peor Congreso desde la reintroducción de la democracia", aseguró, diciendo que se inclina hacia la "derecha arcaica".

Declaró que el nuevo gobierno del presidente interino Michel Temer –criticado por su falta de diversidad de género o de raza– le recuerda a la nostalgia por el período anterior a la industrialización de Brasil, cuando los oligarcas rurales y los magnates del café gobernaban a Brasil.

Pero predijo que el Brasil moderno, con su nueva clase media baja, no toleraría una regresión de tal magnitud. Exigiría un modelo económico más distributivo por medio de un nuevo pacto social. Esto requeriría elevar la productividad, pero también seguramente implicaría aumentar los impuestos, quizá los que pagan los ricos.
Mientras tanto, enfrenta una batalla cuesta arriba para mantener al PT en la carrera de las elecciones municipales de octubre. Según una encuesta de fines del año pasado, al 56% de los residentes de San Pablo le desagradaba su gobierno.

Haddad cita sus logros, como la renegociación de la deuda de la ciudad y la creación de la auditoría de la ciudad para luchar contra la corrupción, lo que le permitió recuperar cerca de R$300 millones en pagos irregulares hechos por las administraciones anteriores, lo suficiente como para construir otras tres redes de sendas para bicicletas.

Dice que la elección parece difícil en parte debido a las "mentiras" que constantemente se dicen sobre él, como por ejemplo que su familia es dueña de una fábrica de pintura roja (el color de los carriles para bicicletas de la ciudad).
Al preguntarle si algún día intentaría ayudar a resucitar al PT convirtiéndose en su candidato presidencial, él dijo: "Tengo una elección en cuatro meses que va a ser un difícil camino cuesta arriba. Así es que ésta es una pregunta que ni siquiera me ha pasado por la mente".