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El Vaticano pone a prueba su rol pacifista en Venezuela

Como ya hizo en Colombia, el papa Francisco se ofrece como mediador en la crisis política en Caracas. Pero con Maduro en el poder no hay garantías

El Vaticano pone a prueba su rol pacifista en Venezuela

"Benditos sean los pacifistas", dice el Evangelio. El Papa Francisco está bendecido. Pero, ¿es también un pacifista? El Vaticano estuvo ocupado este año mediando la paz en Latinoamérica. Sus esfuerzos todavía no dieron todos sus frutos.
Primero ayudó en la mediación entre Estados Unidos y Cuba. Eso culminó con la visita histórica del presidente Barack Obama a La Habana en marzo, y puede contarse como un éxito a medias. El embargo norteamericano se relajó, pero sus principales cláusulas siguen vigentes sujetas a la derogación parlamentaria. Mientras tanto, el partido comunista de La Habana hace poco dio marcha atrás con las reformas por temor a que debilite el control estatal.

Luego, estuvo el acuerdo de paz de Colombia. El Vaticano otra vez tuvo un rol importante. Sin embargo, si bien el gobierno y el mayor grupo rebelde de Colombia llegaron a un acuerdo de paz en septiembre, fue luego rechazado en un referéndum. Se reanudaron las conversaciones entre los rebeldes, la administración del presidente Juan Manuel Santos –prematuramente galardonado con el Premio Nobel de la Paz– y los líderes del bando del No en el plebiscito. Santos espera alcanzar un nuevo acuerdo para Navidad.

Ahora, en sus últimos esfuerzos de paz, el Vaticano esta semana medió conversaciones en Venezuela, a las que también asistieron Tom Shannon, un alto diplomático estadounidense, y la Unasur, el bloque regional. Como resultado, la oposición canceló una marcha al palacio presidencial planeada para ayer. Eso previno un clima muy violento entre la oposición y los defensores del gobierno.

Sin embargo, las conversaciones no impidieron que el presidente Nicolás Maduro volviera a sus modos de matón. Poco después de haber prometido que bajaría el tono a su habitual retórica, dijo que eran "terroristas" los miembros de un partido opositor. Sin embargo, en los medios sociales los venezolanos empezaron a hacer circular un discurso que el Papa Francisco pronunció en México este año: "Hermanos y hermanas, metámoslo en la cabeza: con el Demonio no se dialoga".

Si al gobierno de Maduro se lo puede considerar "el Demonio" es debatible. De cualquier manera, Venezuela probablemente sea el caso más difícil de todos. En Cuba y Colombia ambas partes querían poner fin a un estancamiento de medio siglo. Por el contrario, en Venezuela ningún bando realmente quiere comprometerse. La anterior experiencia le enseñó a la oposición a esperar poco del gobierno: las anteriores negociaciones mediadas por la iglesia todas terminaron en la nada. El gobierno también mostró sus colores dictatoriales el mes pasado cuando suspendió un referéndum que casi seguramente quitaba del poder a Maduro.

Sin embargo, si hay un país donde el Vaticano puede hacer una diferencia es en Venezuela. Definitivamente conoce muy bien el terreno. Arturo Sosa, el nuevo superior general jesuita, es venezolano y el primer superior no europeo. El secretario de estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, fue recientemente el enviado papal en Caracas.

De ninguna manera se puede decir que la iglesia venezolana está mal informada o es ingenua. Según una persona presente en las conversaciones, Claudio Maria Celli, el emisario del Vaticano, es un duro negociador. Cuando los funcionarios del gobierno comenzaron a arengar a la oposición, el prelado los interrumpió e insistió en el avance concreto de la agenda de cuatro puntos: paz y estado de derecho; derechos humanos y reconciliación; la economía; el calendario electoral.

San Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas, una vez dijo: "Haber evitado un único pecado es suficiente recompensa por los esfuerzos de toda una vida". Siguiendo esa rúbrica, apenas haber iniciado el diálogo es un paso adelante. Pero en un país de muchos pecados, los venezolanos están cansados de esperar un cambio en el impenitente y matón Maduro. Muchos dudan que haya avance algo cuando se reanuden las negociaciones el 11 de noviembre. Las tensiones fácilmente podrían volver a crecer.

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