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El Salvador le declara la guerra a los maras

El cuerpo de una mujer con manos y pies atados arrojado en una bolsa negra; un hombre, posiblemente ahorcado, envuelto en sábanas y metido en una maleta; un miembro de la pandilla muerto.
Esta semana las tapas de los diarios sobre el número de horribles homicidios en diferentes partes del país ocurridos en un solo día son directas. Las salvajes batallas entre maras han convertido los homicidios en algo cotidiano en El Salvador, que el año pasado superó a Honduras y se convirtió en la capital mundial de los asesinatos.
Ahora el gobierno, que asegura que su severo comando antipandillas redujo 42% la tasa de homicidios en abril comparado con marzo, prometió poner de rodillas a los maras en un año.
Es una meta ambiciosa: las pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18 – considerados terroristas por la Corte Suprema– tienen unos 60.000 miembros. Hasta Howard Cotto, jefe de la policía nacional, admitió que en cuanto se capturan o asesinan a hombres de la lista de los cien más buscados en El Salvador, otros ya están listos para tomar su lugar.
"No podemos seguir tolerando a estos grupos . . . tenemos que perseguirlos y hacerlos desaparecer", dijo el vicepresidente Óscar Ortiz este mes.
El éxito de este esfuerzo no sólo es un asunto local sino regional. Con escasas posibilidades en un país con bajo crecimiento económico y deuda en alza, los jóvenes tienen pocas opciones: ser mara o intentar el peligroso viaje a EE.UU., que puede terminar en la deportación. La violencia echó raíces en el país en los ‘90, precisamente cuando fueron deportados miles de salvadoreños que se habían convertido en miembros de pandillas en Los Ángeles después de huir de la guerra civil entre 1980 y 1992 en El Salvador.
A pesar de las duras tácticas del gobierno, la reciente disminución de los homicidios se debe en gran parte a una cese de fuego iniciada voluntariamente por las pandillas a fines de marzo, un recordatorio de cómo se redujeron los asesinatos en un 50% durante la tregua desde marzo de 2012 hasta fines de 2013, lo que salvó cerca de 5501 vidas, según las estimaciones.
Pero cuando terminó la tregua, los homicidios comenzaron a aumentar. El año pasado la tasa de asesinatos subió 70% a 6670 comparado con 2014, convirtiendo al pequeño país centroamericano de 6 millones de personas en el lugar más violento del mundo en tiempos de paz.
Ahora El Salvador tiene otro problema: fuerzas de seguridad de gatillo fácil. El año pasado, el gobierno les dijo a oficiales de la policía que si se sentían amenazados podían disparar en contra de los maras sin "temor a las consecuencias". Los críticos dicen la policía se lo tomó en serio.
David Morales, el defensor de derechos humanos en El Salvador, dice que las fuerzas de seguridad ejecutaron a 13 personas en dos tiroteos el año pasado, incluyendo a cuatro adolescentes donde la víctima más joven tenía 15 años de edad.
Las tácticas del gobierno son populares en un país asechado por la violencia, donde la extorsión a pequeños comerciantes, choferes de autobús y ciudadanos es la principal fuente de ingresos de las pandillas.