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El Comité Olímpico tiene parte de culpa en las fallas de Río 2016

Los organizadores debieron haber sabido que la ciudad anfitriona no podía reducir la contaminación de la Bahía donde se harán competencias acuáticas

El Comité Olímpico tiene parte de culpa en las fallas de Río 2016

La mayoría de Juegos Olímpicos han sufrido un bombardeo de prensa negativa antes de su inicio. Hubo preocupación por las habitaciones de hoteles que estaban sin terminar poco antes de los Juegos de Invierno 2014 en Sochi, Rusia. Un mal contrato de seguridad y el excesivo gasto nublaron el período previo a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012.

Pero si hubiera una competencia de cuál ha sido la ciudad anfitriona más criticada, Río de Janeiro, cuyos juegos comienzan el viernes, habría ganado la medalla dorada.

Las preocupaciones van desde problemas con las tuberías y un incendio y robo en el alojamiento de los deportistas australianos, hasta el brote de Zika, la enfermedad que transmite el mosquito. También está la contaminación crónica en la Bahía de Guanabara y su principal laguna, donde se realizarán los deportes acuáticos, incluyendo navegación y remo.

Los innumerables problemas han generado dudas sobre si las ciudades del mundo desarrollado, como Río de Janeiro, deberían ser sede del evento deportivo. Pero la clave está en si el Comité Olímpico Internacional (COI), el ente organizador del evento, está en condiciones de hacer una adecuada auditoría de antemano, en vez de tomar al pie de la letra las promesas que hacen las ciudades anfitrionas.

Brasil es la primera democracia del mercado emergente en ser sede de los Juegos Olímpicos. A diferencia de China, que fue anfitrión de Beijing 2008, o Rusia con Sochi, el gobierno brasileño no pudo imponer orden en forma autocrática ni sofocar las críticas. Los problemas sociales de país, como la desigualdad y la delincuencia, son visibles. Eso puede llevar a un inicio del evento algo desordenado.

El segundo punto es que los preparativos de Río no son tan malos como sugieren los informes.
La mayoría de los desafíos que están encontrando el CIO y los equipos olímpicos en Brasil parecen ser esencialmente problemas de "la puesta en marcha" o de entregas finales de mala calidad. La villa olímpica entra dentro de esta categoría. Cuando el equipo australiano llegó el mes pasado para alojarse, las tuberías del edificio no estaban en funcionamiento, lo que provocó críticas.

Pero pocos pueden decir que la villa de los deportistas en general no es adecuada –lo será después de que sea vendida como complejo de departamentos de lujo una vez finalizados los juegos. Fue construida hace unos meses, resplandeciente con jardines y piletas de natación. El problema es la mala ejecución final.
Otras instalaciones importantes también fueron entregadas en el tiempo estipulado, incluyendo el principal estadio, el Parque Olímpico.

Una falla más seria tiene que ver con la Bahía Guanabara, que quizás haya sido el mayor blanco de las críticas por sus altos niveles de contaminación.

En su propuesta para ser sede de los Juegos, en 2009 Río prometió elevar de 20 a 80 el porcentaje de aguas servidas que reciben tratamiento antes de ingresar a la bahía para cuando se hicieran los Juegos. Pero las autoridades lograron hacerlo sólo en un 50% y algunos estudios independientes indican que la bahía todavía es demasiado tóxica para ser escenario de competencias acuáticas.

Sin embargo, acá el COI tiene parte de la culpa. Una pequeña auditoría habría revelado que la promesa de limpiar la bahía era casi imposible de cumplir. La cuenca de la Bahía de Guanabara recibe aguas servidas provenientes de la mitad de las 12 millones de personas que viven en el gran área metropolitana de Río de Janeiro. Muchos de esos barrios son fabelas controladas por traficantes de drogas donde instalar infraestructura de depuración de aguas es una tarea gigantesca.

La saga indica que el COI debería haber seguido la vieja máxima que señala que si algo suena demasiado bueno para ser cierto, entonces probablemente lo sea. Sin embargo, aún con todos sus errores los Juegos Olímpicos de Río probablemente sean un éxito. Brasil brindó una buena Copa Mundial de Fútbol en 2014, pese a que había temores similares.

Al igual que en ese evento, surgirán algunos problemas técnicos bochornosos durante las competencias, pero poco habrá que no pueda resolverse improvisando y con un poco de amabilidad brasileña. La lección para los Juegos Olímpicos futuros, en particular en ciudades del mundo desarrollado, será aplicar un filtro más severo a las promesas más extravagantes de la ciudad anfitriona.

Los Juegos no pueden ser una panacea. Si una ciudad anfitriona tiene un problema de proporciones olímpicas, como la contaminación de la Bahía de Guanabara, es poco probable que sean resuelto para cuando deba ser sede del evento.

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