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El Brexit golpea también a Merkel

Ya afectada por la crisis de refugiados, el referéndum de Gran Bretaña dañó la situación de la canciller alemana en Europa. Sus oponentes ya no dudan en atacarla por el lado de la austeridad y el poder de Alemania

El Brexit golpea también a Merkel

Para Angela Merkel, el Brexit representa una amenaza a todos sus logros de más de una década como la fuerza política dominante de Europa. Pero mientras sus ministros, líderes europeos en Bruselas y otros jefes de gobierno europeos están furiosos, la canciller alemana se ha guardado sus pensamientos. El comentario más destacado que hizo después de que Gran Bretaña tomase la decisión de abandonar la UE el 23 de junio es que dicha decisión fue "lamentable".

Esta declaración tan moderada parece difícil de superar. Merkel, la veterana europea habitualmente cauta de 61 años, en verdad se está preparando para la pelea de su carrera política. Detrás de la simple palabra "lamentable" hay múltiples preocupaciones, entre las que se incluyen la pérdida de un aliado económico liberal clave en Europa, el riesgo de que otros países abandonen la UE y que su posición en Europa peligre.

"Enfrenta un desafío histórico… mantener a Europa unida. Esto es importante para Alemania y también para Europa. No cabe duda de que está muy preocupada", sostiene Jürgen Falter, profesor de política en la Universidad de Maguncia.

Si los principales objetivos de Merkel son simples, su ejecución se ha hecho más compleja en virtud del Brexit, incluso para una excientífica metódica con años de experiencia resolviendo crisis. Ahora debe trabajar para mantener unida a Europa, repeler el auge del populismo y garantizar que el Reino Unido se mantenga lo más cerca posible de los restantes 27 países miembro, principalmente de Alemania. Y debe hacer todo esto mientras se prepara para las elecciones parlamentarias del año próximo en Alemania, las primeras desde que la crisis de refugiados de Europa hiciese mella en su altísimo índice de aprobación.

Merkel deberá hacer malabares con los intereses en conflicto de Gran Bretaña -donde el nuevo gobierno deberá dejar en claro sus intenciones-, la unión y sus estados miembro displicentes y, al mismo tiempo, deberá enfrentarse a rivales con visiones opuestas del futuro de Europa, especialmente Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, François Hollande, el presidente de Francia, y Matteo Renzi, el primer ministro de Italia. "El dominio de Merkel sobre la UE será más débil", afirma Josef Janning, director de la oficina de Berlín del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. "El Brexit sumará más divisiones y más controversias".

Atribución de culpas

Para una líder acostumbrada a resolver crisis -la crisis financiera global, el desastre de la deuda griega, el conflicto de Ucrania y ahora la emergencia de refugiados- el Brexit es un desafío diferente. "Creemos que nosotros, los 27 [países miembro], podemos superar la situación. Pero no nos hacemos ilusiones de que esta es una tarea cualitativamente distinta", afirmó Merkel al término de una cumbre de líderes europeos pocos días después del referéndum.

Su legado está en juego. Como niña nacida en la antigua Alemania oriental, no podría tolerar ver nuevas divisiones continentales. Y como heredera del excanciller Helmut Kohl, el motor de la reunificación europea después de la guerra fría, no podría aceptar un quiebre de la UE durante su mandato.

Después de 11 años en el poder, su dominio de Alemania y la UE está bajo amenaza. Puertas adentro, el apoyo al bloque conservador conformado por la Unión Demócrata Cristiana y la Unión Social Cristiana cayó del 41% en las elecciones de 2013 a alrededor del 33%. El partido Alternativa para Alemania, que está en contra de la inmigración, creció hasta transformarse en el primer contrincante importante de derecha desde la segunda guerra mundial. En la UE, la bienvenida que el año pasado dio a más de un millón de refugiados le valió escaso apoyo por parte de los demás estados miembro. Algunos se sienten intimidados por las exigencias de Alemania de aceptar inmigrantes y la obligaron a dar marcha atrás con propuestas de una redistribución de refugiados en toda Europa. Peor aún, para reducir los flujos de refugiados tuvo que tragarse el orgullo y llegar a un acuerdo con Turquía.

Se la acusa de mover el avispero de las políticas migratorias. Alexander Lambsdorff, el vicepresidente liberal del Parlamento europeo, está entre quienes sostienen que el Brexit en parte ocurrió por culpa de la política de refugiados de Merkel. "Que ahora algunas personas intenten describirla como la salvadora de Europa es absurdo: el Brexit también es responsabilidad suya".

Fundamentalmente, si bien Berlín impuso soluciones en las crisis financieras mundial y griega, y abrió el camino en la crisis de Ucrania, la magnitud del problema de los refugiados convirtió a Merkel en una suplicante, que pide favores a otros estados miembro... y a quien países pequeños como Hungría le cierran las puertas. "Perdió su influencia en el Consejo Europeo", afirma un líder europeo. "Se transformó en la demandante".

Juncker notó el cambio. El luxemburgués conservador irritó a Merkel desde que se alzó conel cargo más alto de Bruselas en 2014 contra la voluntad de Merkel, habiendo logrado el apoyo popular de partidos conservadores europeos, incluyendo la coalición CDU/CSU. Luego de rechazar pedidos de renuncia en vísperas de la votación del Brexit, y negar que estaba "cansado o enfermo", volvió al ataque para sacar provecho de la debilidad de la canciller y reforzar la influencia de Bruselas.

A diferencia de Merkel, Juncker está instando a un pronto inicio de las negociaciones de la salida de Gran Bretaña, en un intento por presionar a Londres y acortar el período de incertidumbre. Le preocupa que la demora puede alentar a otros países miembro escépticos a dejar la UE, ya que Geert Wilders, el líder de la derecha de Holanda, y Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional de Francia, exigieron que se llame a referéndum antes de las elecciones en los próximos 12 meses. Juncker aboga por que las instituciones europeas jueguen un papel central en la remodelación de la unión luego del Brexit.

Lo que más preocupa a Merkel es su presión para reducir las políticas de austeridad de la eurozona. En mayo, Juncker sugirió que a Francia -que se espera que no pueda cumplir sus objetivos de prepuesto para este año- deberían hacérsele favores especiales "porque es Francia".

Tentó aún más la ira de Merkel defendiendo sus dichos previos a la votación en el Reino Unido: "Como comisión, le pusimos fin al unilateralismo ciego que exigía que la austeridad por sí sola sería nuestra respuesta a la crisis económica, financiera y social".

El jefe de la comisión irritó especialmente a Berlín proponiendo inmediatamente después del referéndum que Bruselas aprobara un controvertido acuerdo comercial de la UE con Canadá, sin pasar por los parlamentos nacionales. En medio del alboroto de los parlamentarios alemanes, furiosos por lo que consideraron una apropiación del poder, Juncker se retractó.

Merkel sostiene que el tiempo quizá obre a su favor en un aspecto fundamental: el voto a favor del Brexit conmocionó a muchos europeos y los llevó a agruparse en torno al statu quo político. Las encuestas de opinión llevadas a cabo por YouGov en los estados de la UE después del referéndum revelaron un aumento del apoyo a la permanencia en la UE en Alemania y en tres estados anteriormente euroescépticos: Finlandia, Suecia y Dinamarca.

"En todos los países habrá personas que convertirán a la UE en un chivo expiatorio para todo tipo de problemas o temores internos", afirma Manuel Sarrazin, portavoz de asuntos europeos del Partido Verde alemán. "Pero también hay mayorías -mayores a las del Reino Unido- que ven los beneficios de la UE, sobre todo después del Brexit".

Una visión diferente

A diferencia de la visión federalista de Juncker/Schulz, Merkel destaca el papel de los estados miembro. Wolfgang Schäuble, su combativo ministro de Finanzas, advirtió que si la comisión no hacía mejor su trabajo podría perder poder a manos de capitales nacionales. "No es momento de visiones", señaló el periódico Die Welt. "Si la comisión no trabaja con nosotros, pondremos manos a la obra nosotros".

Merkel teme por la posibilidad de que la discusión sobre planes de reforma de gran alcance allane el camino para que los populistas impulsen ideas radicales. También quiere evitar la alienación de los estados miembro del este.

Es posible que la canciller deje poco margen para la austeridad. Juncker cuenta con el respaldo de los dirigentes de centro-izquierda, encabezados por Hollande, Renzi y el líder socialdemócrata alemán, Sigmar Gabriel, ministro de la coalición de Merkel. Desde el Brexit, Merkel viene hablando de hacer frente al desempleo de los jóvenes, un asunto fundamental en el sur de Europa y Francia, donde la tasa de desempleo juvenil ronda el 25%.

Sandro Gozi, secretario de estado de Italia para asuntos de la UE, señala: "Necesitamos un papel constructivo para Alemania también en el frente económico y vemos que todavía hay mucho trabajo por hacer".

Irónicamente, el Brexit podría debilitar el costado económico de Berlín. Londres fue durante mucho tiempo un aliado en la promoción de los mercados liberales, con una intervención estatal mínima, frente a Francia, Italia y otros que están a favor de un papel más preponderante del Estado.

"Después del Brexit, creo que habrá más compromisos con Francia e Italia en el frente económico", sostiene un miembro del parlamento de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU).

La siguiente prueba podría ser la apuesta de Italia a conseguir que la UE apruebe el rescate de sus endeudados bancos a pesar de las estrictas reglamentaciones en materia de ayuda estatal acordadas en 2013. Merkel rechazó la solicitud de Renzi, y argumentó que las reglamentaciones no se pueden modificar "cada dos años".

Pero Renzi está luchando por una solución de compromiso y sugiere que incluso Alemania podría necesitar un rescate bancario. La semana pasada declaró que los problemas de los bancos italianos eran menores que los de otros "grandes" bancos de la eurozona con posiciones de derivados. No mencionó ninguna institución pero, según la opinión generalizada, hablaba del Deutsche Bank, el banco más grande de Alemania, cuyas acciones cayeron un 60% en el último año y cotizan cercanas a mínimos históricos.

No se necesita ser hostiles

Con respecto al Brexit, Merkel no quiere otra cosa que el inicio rápido, avalado por Juncker, de las conversaciones. Incluso cuando se inicien, Merkel dice que no hay razón para ser "hostiles" con el Reino Unido. Le preocupa que una presión desacertada pueda llegar a aumentar los costos económicos para Gran Bretaña y sus socios, especialmente Alemania.

Los intereses comerciales alemanes suscitan el interés de Merkel, sobretodo antes de las elecciones nacionales. A la economía le va bien, aumentan los salarios, cae el desempleo y crece el consumo, pero las compañías temen a la agitación en el Reino Unido; el índice bursátil Dax cayó un 5% desde el referéndum.

"El Brexit causa un daño permanente en la economía alemana", sostiene Eric Schweitzer, presidente de la Asociación de Cámaras de Comercio e Industria Alemanas (DIHK). "Funciona como un amortiguador de las condiciones".

Gran Bretaña es el tercer mercado más grande de Alemania, después de Estados Unidos y Francia, y absorbe el 7,5% de sus exportaciones. Para algunas industrias es mucho más: el Reino Unido representa el 12,5% de las ventas de las principales automotrices. Markus Kerber, director general de BDI, la Confederación de la Industria Alemana, afirma: "No hay que hablar de castigar a las personas en duras negociaciones si no sabemos que podríamos ser castigados nosotros mismos".

Por otra parte, Berlín teme por la pérdida del rol más amplio de Gran Bretaña dentro de la UE. Junto con Francia, aporta a la UE servicios de inteligencia mundiales, un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y una insólita capacidad de proyectar poder militar. Los funcionarios de la OTAN, reunidos en una cumbre en Varsovia la semana pasada, dicen que poco de esto va a cambiar. Además, como el Reino Unido nunca fue un ferviente defensor de la cooperación en defensa dentro de la UE, sostienen que su salida quizá permita que a los restantes 27 miembros les resulte más fácil desarrollar iniciativas pese a la oposición de Londres, entre ellas un ejército conjunto.

No obstante, el papel estratégico más amplio de la UE podría ser socavado, especialmente en relación con Rusia, donde el Reino Unido ha respaldado la línea dura de Merkel en las sanciones económicas sobre Ucrania. Janning, del ECFR, declara: "Rusia quiere explotar el Brexit al máximo".

A largo plazo, el Brexit podría reforzar la influencia de Alemania sobre Europa y, con esta, los temores del dominio de Berlín. A corto plazo, sin embargo, el problema no radica en la fortaleza de Alemania sino en la debilidad colectiva de la UE. El proceso del Brexit consumirá enormes recursos políticos y burocráticos, y dejará menos disponible para otras crisis, como los refugiados, los bancos italianos o Grecia.

Por más exigentes que sean los asuntos europeos, Merkel dedicará más energía a la agenda interna... y las elecciones del próximo año. Los analistas sostienen que es demasiado pronto para afirmar si el Brexit impulsará el voto populista, como el AfD espera, o si la perspectiva de un Reino Unido combativo asustará a los alemanes conservadores y hará que se aferren a Merkel.

Según un líder parlamentario del CDU, "pase lo que pase, el Brexit no debe perjudicar nuestra campaña electoral para el año próximo". Merkel quiere hacer campaña sobre la base de su experiencia en gestión de crisis en Europa. "En las últimas elecciones, dicha experiencia era una obviedad. Sin embargo, como aún no se conoce el impacto total del Brexit, la situación ya no es la misma".