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EE.UU. y China preparan la disputa por el comercio global

El ascenso de Donald Trump puede enfrentar como hace mucho no sucedía a las dos potencias económicas mundiales

La relación comercial entre China y Estados Unidos quizás no sea la mayor del mundo -ese honor le pertenece a Estados Unidos y la Unión Europea. Pero es la más delicada y polémica. Desde que China se incorporó a la Organización Mundial de Comercio (OMC) hace 15 años, la relación pocas veces fue armoniosa, con repetidas peleas por las valuaciones cambiarias, las restricciones al comercio y los bloqueos a la inversión extranjera directa. Sin embargo, se mantuvo dentro del marco de la ley internacional y se evitó una guerra comercial abierta.
Esa frágil paz ahora se ve amenazada. Beijing está asumiendo una mentalidad mercantilista y está preocupado por la debilidad de la economía. Y pese a que afirma que está conduciendo el proceso de fijar normas al comercio en Asia, los intereses de China están principalmente puestos en permitirse un espacio de política para que el Estado pueda intervenir a discreción. Con Donald Trump, la Casa Blanca estará habitada por un presidente que amenaza con provocar la mayor agitación del orden comercial global en décadas.
En la práctica, Trump quizás no siga adelante con sus amenazas de fijar inmensos aranceles a las importaciones provenientes de China. Los candidatos presidenciales suelen mostrarse belicosos durante la campaña y luego, una vez en el cargo, se calman. Pero las dos superpotencias económicas del mundo ahora están conducidas por hombres que se inclinan a ver la economía global como un juego de suma cero.
Uno de los logros silenciosos de los últimos 15 años ha sido el rol que tuvieron las normas multilaterales en contener los enfrentamientos. China, cuyos líderes inicialmente parecían tomar una demanda ante la OMC como un agravio personal, terminaron reconociendo que el litigio internacional era una manera usual de hacer negocios. Hubo muchas disputas que tomaron notoriedad -en relación a paneles solares, neumáticos, autopartes- pero ninguna escaló convirtiéndose en una guerra comercial general.
El tema de las monedas ha sido difícil de mediar. Pese a los esfuerzos de Estados Unidos, no hay ningún marco de política internacional eficaz que se encargue de los desalineamientos cambiarios. Sin embargo, en 2005 después de presionar, Beijing permitió que el yuan suba contra el dólar, con lo que se neutralizaron las críticas. De hecho, se comprometió a hacer constantes esfuerzos por evitar una depreciación demasiado abrupta. No obstante, parece poco probable que Trump abandone su manera de observar los detalles y sutilezas legales, y se ven débiles las tradicionales fuerzas compensatorias contra el proteccionismo en Estados Unidos . Normalmente, la Casa Blanca actúa como el adulto de la sala cuando el Congreso quiere pelear. No queda claro que el liderazgo republicano del Capitolio esté preparado para limitar a Trump si los roles de revierten.
Las grandes compañías exportadoras norteamericanas también recomiendan no tomar acciones temerarias que puedan poner en peligro sus mercados en el extranjero. Pero Trump eligió atacar a Boeing, empresa a la que normalmente la administración norteamericana suele apoyar sin discusión, incluso antes de asumir el poder.
Quizás sea notable que Trump haya nombrado rápidamente a un estrecho confidente, Wilbur Ross, para encabezar el departamento de comercio mientras que todavía no ha elegido al representante comercial de Estados Unidos. Proteccionista innato, Ross encaja bien en el área de comercio, un departamento tradicionalmente capturado por compañías norteamericanas que tratan de bloquear las importaciones baratas. Queda por verse si el nuevo representante de comercio estadounidense, cuya oficina representa mayormente a los exportadores que intentan llegar a los mercados abiertos de otros países, tendrá alguna influencia.
La historia reciente nos indica que hay que tener cierto optimismo cuando se trata de las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China. El ladrido invariablemente funcionó como un elevado múltiplo de mordida. Sin embargo, en un momento en que el liderazgo chino observa alarmado los temblores de su economía, y que Estados Unidos ha elegido a un presidente impredecible y combativo, los riesgos que significa el serio conflicto comercial rara vez han sido mayores.