Lunes  06 de Mayo de 2019

EE.UU. se encariña con el déficit fiscal

La tendencia hacia una política presupuestaria más blanda podría convertirse en el mayor giro del pensamiento económico en una generación

EE.UU. se encariña con el déficit fiscal

Para un demócrata recién electo, era una inusual manera de dejar una marca. Ben McAdams, representante demócrata de Utah, el mes pasado propuso una enmienda que establece que, en circunstancias normales, está prohibido que el gobierno federal estadounidense gaste más de lo que recauda en un año fiscal.

La propuesta, que según él provocó una feroz reacción dentro de su mismo partido, refleja el temor a que los republicanos y los demócratas abandonen cualquier intento por reducir el déficit presupuestario. “Los políticos son como el agua, tomarán el rumbo que recibe menor resistencia”, dijo el legislador de 44 años, ex alcalde del Condado de Salt Lake. “En nuestro caso, el rumbo de menor resistencia es el gasto deficitario”.

El conservadurismo fiscal llegó a tener raíces profundas dentro de ambos partidos, pero hoy corre grandes riesgos. El último panorama de la Oficina de Presupuestos del Congreso señala que se proyectan déficits promedio de 4,4% del PBI en 2020-2029, muy por encima de la media registrada en los últimos 50 años de 2,9% del PBI. Eso indica que la deuda pública en relación al PBI aumentará de manera constante y que eventualmente superará récords registrados después de la segunda guerra mundial.

Las enmiendas con carga simbólica, como la que impulsa McAdams y recibe el respaldo de la coalición Blue Dog de demócratas conservadores en cuestiones fiscales, tienen poca o ninguna chance de convertirse en ley. En cambio, podrían terminar siendo reliquias de una antigua era de pensamiento económico.

La tendencia hacia una política fiscal más blanda encabezada por EE.UU. marca quizás el mayor cambio en política económica en una generación. La inflación constantemente baja permite a los bancos centrales mantener reducidas las tasas de interés, lo que alivia el costo del servicio de la deuda. En la derecha, el presidente Donald Trump conduce a su país por un sendero que se dirige hacia un crecimiento del déficit que pronto llegará a un rojo presupuestario anual superior a u$s 1 billón.

En la izquierda, figuras influyentes como Alexandria Ocasio-Cortez, la representante izquierdista de Nueva York, sugirió que todas las necesidades de gasto deben ser compensadas con impuestos adicionales, dado que los progresistas proponen mayor expansión del gasto en salud pública y de inversiones que no dañan el medio ambiente. Bernie Sanders, uno de los candidatos presidenciales demócratas, recibe asesoramiento de Stephanie Kelton, una importante economista que asegura que los déficits son inofensivos si se combinan con inflación baja.

Incluso los economistas que se ubican en el medio se muestran dispuestos a abrazar los déficits. Lawrence Summers y Jason Furman, ex asesores de Barack Obama, aseguraron a principios de este año que es momento de que Washington ponga fin a su obsesión por la deuda y reconozca que hubo pocas crisis fiscales, o ninguna, en países que se endeudan en sus propias monedas e imprimen su propio dinero.

“Las compuertas fiscales están abiertas”, dijo Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics. “Los republicanos y demócratas ahora tienen teorías que les permite ignorar los déficits y la deuda. Ha cambiado todo el juego”.

En otras partes ocurre algo similar. Se puede decir que a Japón no le preocupan mucho las restricciones presupuestarias hace dos décadas. En Europa, los políticos empiezan a dudar de la vieja ortodoxia, que exigía que las finanzas públicas fueran sustentables y prudentes mientras que los bancos centrales buscaban limitar los auges y crisis económicas. Alemania recibe particular presión para relajar su política presupuestaria equilibrada e impulsar su infraestructura.

Para los políticos, el atractivo del nuevo enfoque sobre los déficits es evidente si ayuda a justificar los simpáticos recortes de impuestos o aumentos del gasto público. Antes, los políticos se mostraban cautelosos en cuanto a los riesgos que conlleva perder credibilidad presupuestaria, incluyendo la amenaza de que suban los costos del endeudamiento y aumente la inflación, o de menor crecimiento asociado a las grandes montañas de deuda pública.

Pero ahora, una serie de acontecimientos llevaron a una reevaluación de la política fiscal, señaló Mohamed El-Erin, asesor económico de Allianz. Entre ellos, explicó, se encuentran las tasas de interés constantemente bajas, o en algunos casos negativas: la ausencia de presiones inflacionarias pese a las tasas bajas y las inyecciones de liquidez por parte de bancos centrales; el prolongado período de crecimiento relativamente bajo y poco inclusivo; y la preocupación de que la manera en que los bancos centrales condujeron la flexibilización cuantitativa beneficiara desproporcionadamente a los ricos.

“Todo eso se produce en un contexto de creciente conciencia de que los bancos centrales no pueden ser la única alternativa cuando se trata de generar alto crecimiento inclusivo y estabilidad financiera genuina”, agregó.

EE.UU. sirve como un vívido ejemplo del cambio de clima político. Durante la campaña de 2016, Trump afirmaba de manera poco convincente que pagaría la deuda nacional en sólo ocho años, y designó a Mick Mulvaney, un halcón del déficit, para que sea su primer director presupuestario de la Casa Blanca.

Pero luego el presidente hizo un sorprendente giro de 180º en el presupuesto, descartó la idea de reformar los principales

motores del creciente presupuesto público, en especial la seguridad social y los gastos médicos para jubilados. Al mismo tiempo, su administración se embarcó en un gran programa de reducción de impuestos, diciendo que los recortes se pagarían solos a través del mayor crecimiento económico.

Con las políticas de la administración Trump, EE.UU. ahora va camino a registrar los déficits presupuestarios más profundos de la historia salvo en guerras o recesiones, en un momento en que la economía norteamericana está con pleno empleo o casi.

Kevin Hassett, presidente del Consejo de Asesores Económicos del Trump, insiste en que a la Casa Blanca no le importa el déficit y que el gobierno hizo bien en priorizar los recortes de impuestos que impulsarían el crecimiento. “La parte de las políticas apuntadas al crecimiento está funcionando”, dijo en una entrevista con FT

El relajado enfoque fiscal de los republicanos ayudó a impulsar el debate entre los demócratas, que presidieron un efímero episodio de superávits presupuestarios en la presidencia de Bill Clinton. A medida que los progresistas adquieren influencia dentro del partido, algunos respaldan programas masivos de gasto —que probablemente eleven el déficit— apuntados a abordar el cambio climático y a prioridades de política social.

Un ejemplo es el programa llamado Green New Deal para combatir el cambio climático impulsado por Ocasio-Cortez y Ed Markey, senador demócrata de Massachusetts. Otro es la propuesta de salud pública Medicare for all respaldada por muchos candidatos presidenciales demócratas, incluyendo Sanders.

Ro Khanna, legislador de California y progresista, insiste en que el partido puede darse el lujo de ignorar los déficits. Pero asegura que las políticas de austeridad tras las crisis financieras fueron un error, y que la prioridad ahora es alejarse de los recortes de impuestos que recibieron los más ricos y elevar la inversión en salud, educación e infraestructura. A principios de este año formó parte de una fallida revuelta de progresistas contra un paquete de normas de la Cámara de Representantes que exigen que el nuevo gasto sea compensado con ahorros en otros lugares o ingresos adicionales.

Un reciente catalizador del nuevo enfoque en cuanto a las políticas fiscales más blandas, que revierte estudios de los años ochenta que marcaban el comienzo de la importancia de la política monetaria y la independencia de los bancos centrales, fue el discurso en enero que ofreció Olivier Blanchard, ex economista jefe del FMI, en la American Economic Association.

Blanchard aseguró que hay que poner mayor énfasis en la política fiscal ahora que las tasas de interés se mantienen persistentemente bajas y por debajo del índice de crecimiento anual del PBI nominal. Recurrió al famoso argumento de Thomas Piketty de que la inequidad crecería porque las tasas de interés eran superiores a los índices de crecimiento, lo cual aumentaba el poder del capital. Por el contrario, Blanchard dijo que el mundo estaba girando hacia un período más normal donde las tasas de crecimiento superan las tasas de interés de largo plazo.

Eso significa que los países pueden tener mayor deuda porque su capacidad de pagarla aumenta a medida que crecen sus economías. “La emisión de deuda sin una posterior suba de impuestos bien puede ser factible”, aseguró Blanchard. 

Una faceta del pensamiento económico señala que con tasas de interés en cero o cercanas a cero, la política monetaria es mayormente ineficiente y es necesario que la política fiscal tome las riendas del manejo de la demanda. Lograr eso no será fácil en países como EE.UU., donde la paralización política hace difícil hacer mínimos cambios en la política presupuestaria.

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, pidió más ayuda a los gobiernos durante la reciente reunión del FMI en Washington. “Queda claro que nuestra actual política monetaria es muy acomodativa y puede serlo aún más si fuera necesario. Pero llegamos a un punto en que la política fiscal se vuelve cada vez más importante”, dijo.

En el extremo de esa reflexión se encuentra la llamada Teoría Monetaria Moderna (TMM), que asegura que las autoridades de los países que imprimen su propia moneda pueden asumir tanta deuda como sea necesario para mantener la economía con pleno empleo. 

Esos argumentos, propuestos por personas como Kelton, una asesora de la campaña presidencial de Sanders 2016-2020, van más allá de la ortodoxia keynesiana, que defiende el gasto deficitario durante las recesiones y cuando la política monetaria perdió el poder de estimular el gasto. 

En cambio, los seguidores de la TMM sostienen que en tiempos normales, los gobiernos no necesitan contrarrestar ninguna decisión de gasto con mayores impuestos o recortes de gastos. La inflación, si se convierte en un problema, se puede compensar con alzas de impuestos que contrarresten la excesiva liquidez generada por el gobierno.

Quienes defienden la prudencia presupuestaria de ninguna manera han tirado la toalla. En una reciente conferencia a banqueros centrales en Washington, Kenneth Rogoff de la Universidad de Harvard, cuestionó la presunción de que las tasas de interés y la inflación se mantendrán bajas durante un largo tiempo, lo que abarata mucho la deuda pública y hace que la política de la TMM tenga casi libertad total para financiarse. 

“Probablemente sea así —se puede tener mucha más deuda—, las tasas de interés son bajas. Pero en la TMM, la deuda es muy corto plazo, por lo que es barata, pero conlleva un riesgo”, dijo. “Es muy barato hasta que ya no lo es”, agregó.

Las versiones más extremas del activismo fiscal, incluyendo a la TMM, reciben críticas por parte de la corriente principal de economistas que dudan que la deuda pública siempre puede financiarse imprimiendo dinero sin provocar problemas como la inflación alta. 

John Llewellyn, ex economista jefe de la OCDE, dijo: “La TMM es apropiada sólo en situaciones excepcionales, donde las economías están lejos del pleno empleo, las presiones deflacionarias son evidentes, y las tasas de interés cercanas a cero”.

Incluso los progresistas norteamericanos están ansiosos por evitar que se los describa de irresponsables desde el punto de vista fiscal. Los demócratas se centran fuertemente en gravar a los ricos como manera de aumentar los ingresos y abordar la inequidad. Sanders en un reciente debate en Fox News insistió en que la elevada deuda pública es una “preocupación legítima” y aseguró que pagará los planes para ampliar la cobertura médica estatal. “Pagamos lo que proponemos, a diferencia del presidente de Estados Unidos,” dijo.

Sin embargo, pocos políticos avanzan con planes sensatos para contener el inexorable aumento de la deuda. No importa quién habite la Casa Blanca, el mundo verá un gran experimento fiscal durante la próxima década. Eso determinará si la incesante aumento de la deuda pública de Estados Unidos es un fenómeno mayormente favorable, o una amenaza económica y financiera.

Traducción: Mariana I. Oriolo

MONEDAS Compra Venta
DÓLAR B. NACIÓN-3,389852,000057,0000
DÓLAR BLUE0,000057,000058,0000
DÓLAR CDO C/LIQ30,4929-57,0464
EURO0,034560,805460,8264
REAL0,036513,687313,6923
BITCOIN1,357710.433,110010.441,3000
TASAS Varia. Ultimo
BADLAR PRIV. Pr. ARS0,000058,1250
C.MONEY PRIV 1RA 1D-4,477664,0000
C.MONEY PRIV 1RA 7D-4,379665,5000
LIBOR0,05311,0546
PLAZO FIJO0,000058,0000
PRESTAMO 1RA $ 30D-0,662861,4500
TNA 7 DIAS-0,302846,0900
BONOS Varia. Último Cierre Día Anterior
BODEN 20150,00001.424,501.424,50
BOGAR 20180,00009,829,82
BONAR X0,00001.585,501.585,50
CUPÓN PBI EN DÓLARES (LEY NY)0,0000174,00174,00
CUPÓN PBI EN PESOS-1,09891,801,82
DISC USD NY-1,282177,0078,00
GLOBAL 20170,00001.676,001.676,00
BOLSAS Varia. Puntos
MERVAL-2,038031.039,3100
BOVESPA0,760099.056,9100
DOW JONES1,200025.579,3900
S&P 500 INDEX1,44262.847,6000
NASDAQ1,67007.766,6170
FTSE 1000,14007.139,7600
NIKKEI-0,580021.803,9500
COMMODITIES Varia. Último Cierre Día Anterior
SOJA CHICAGO0,9907318,3843315,2610
TRIGO CHICAGO0,2665172,7873172,3280
MAIZ CHICAGO2,9106146,1556142,0219
SOJA ROSARIO1,2397245,0000242,0000
PETROLEO BRENT0,704158,640058,2300
PETROLEO WTI0,807854,910054,4700
ORO-0,72391.508,60001.519,6000
Revista Infotechnology