U$D

DÓLAR
/
MERVAL

EE.UU. no logra la autonomía energética

Donald Trump insiste en que la OPEP debe hacer bajar los precios del petróleo

Donald Trump insiste en que la OPEP debe hacer bajar los precios del petróleo

Una promesa que durante años hicieron los presidentes de Estados Unidos está cerca de ser cumplida. Desde Richard Nixon en 1973, las sucesivas administraciones se fijaron como un objetivo lograr la "independencia energética", comúnmente entendida como la capacidad del país de satisfacer las necesidades de combustible con recursos propios.

Gracias al auge del shale, el presidente Donald Trump está cerca de esa meta. El año próximo, las importaciones netas norteamericanas de crudo y productos derivados del petróleo caerían a su nivel más bajo desde la década del 50. Sin embargo, alcanzar ese hito es menos trascendental de lo que se dice.

Se prometía que un Estados Unidos autosuficiente sería inmune a la preocupación por la posible interrupción de los suministros de petróleo. Tal como alardeaba en Twitter el gobernador de Texas, Greg Abbott: "Nunca más dependeremos de los carteles del petróleo extranjeros para tener nuestra energía". Trump habló con grandilocuencia sobre ir más allá de la independencia y alcanzar el "dominio energético".

Nadie hizo más en las últimas semanas para exponer el vacío de esos alardes que Trump mismo. En una serie de tuits y una entrevista con Fox News, el presidente dejó en claro que, pese al auge del shale, EE.UU. todavía necesita a la OPEP y por sobre todo a su líder de facto Arabia Saudita, para enfriar los precios del petróleo mediante un aumento de la producción.

La profundización de la crisis en Venezuela y las interrupciones en países desde Libia hasta Canadá contribuyeron a un rápido ajuste de los mercados de petróleo globales. Si bien la producción estadounidense de crudo está en auge, su aporte no alcanza para compensar las reducciones en otras fuentes. El crudo norteamericano esta semana llegó a u$s 75 el barril, su nivel más alto desde 2014. Los automovilistas de EE.UU. están pagando la nafta 25% más que en 2017.

Por Twitter, Trump buscó culpar a la OPEP por esos aumentos de precios, y convencer al cártel para que rescate a los consumidores norteamericanos.

Eligió el Día de la Independencia del miércoles pasado para su última demostración de que EE.UU. depende del "cartel de petróleo extranjero". "El Monopolio de la OPEP debe recordar que los precios de la nafta están altos y que no está haciendo nada para ayudar", tuiteó Trump. "¡Bajen los precios ahora!", pidió. Su súplica dejó al desnudo la realidad detrás del exagerado comentario sobre el dominio energético. El petróleo es un mercado global, y cuando los precios suben, los consumidores estadounidenses lo sufren. Y si bien Norteamérica tiene petróleo, no cuenta con capacidad ociosa que le permita inyectar más crudo al mercado en el término de semanas. Sólo Arabia Saudita y otros pocos países sí tienen esa posibilidad.

El resultado es que, lejos de usar los recursos energéticos de Estados Unidos como herramienta para ejercer una influencia estratégica, la administración de Trump tiene limitaciones similares a las de sus predecesores. Con Irán, por ejemplo, hay un dilema fundamental: cuanto más eficientes son las sanciones para limitar las exportaciones de petróleo iraní, mayor es el riesgo de que los consumidores norteamericanos deban pagar más por el combustible.

La creciente producción de petróleo estadounidense ayudó a moderar el alza de precios, y en algún momento bien podrían volver a retroceder. Pero éste es un buen momento para que Washington vuelva a aprender los conceptos básicos de la política energética sensata. No importa cuánto petróleo produzca el país, los consumidores se verán perjudicados cuando suben los precios, y la mejor manera de protegerlos es conteniendo la demanda. Trump debería recordar que los intereses de los otros países son relevantes.

En 1973, Nixon fijó un objetivo para 1980: "Los estadounidenses no tendrán que depender de ninguna fuente de energía más allá de la nuestra". Era una meta poco realista en aquel entonces. Lo sigue siendo ahora. Trump lo ha reconocido. Ahora su administración debe demostrar que comprende las implicancias.

Más notas de tu interés

Comentarios0
No hay comentarios. Se el primero en comentar