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Creen que no será necesario que la tecnología amenace la privacidad de las personas

Con la masificación de los productos conectados se pierde el dominio de la propia información. Pero la próxima revolución les dará el control a los consumidores

Presentación de productos en el Consumer Electronics Show Las Vegas

Presentación de productos en el Consumer Electronics Show Las Vegas

El entusiasmo en el Consumer Electronics Show de Las Vegas se centró en la conectividad y en el aprendizaje automático. Por alguna razón, los ingenieros del mundo parecen estar extrañamente compelidos a convertir todos los productos cotidianos –cepillos de dientes, automóviles, duchas y hasta zapatos– en dispositivos inteligentes y conectados.
Eso puede lograr maravillas en relación con nuestra higiene dental y con las rutinas de ejercicios. ¿Pero logrará algo en el ámbito económico?

John Fernald, principal asesor de investigación del Banco de la Reserva Federal de San Francisco, lamenta que las innovaciones actuales se centren más en mejorar el tiempo libre que en la eficiencia empresarial. "Están sucediendo cosas espectaculares en Silicon Valley", declaró Fernald. "Pero para cambiar realmente las cantidades en materia de productividad, esas cosas tienen que traducirse en cómo funcionan las empresas en toda la economía".

Él tiene razón. El efecto primario de estos productos tecnológicos de consumo parece limitado, pero tendremos que prestar atención a sus consecuencias secundarias. Ellos son sólo la manifestación más visible de una transformación fundamental que es probable que moldee nuestras sociedades. Tiene que ver con quién recopila, posee y utiliza datos.
Cada vez más, los datos están determinando el valor económico, remodelando la práctica del poder e inmiscuyéndose en las áreas más íntimas de nuestras vidas.

Algunos sugieren que esta transformación es tan profunda que iremos de una era de capitalismo financiero a una de capitalismo de datos. El historiador israelí Yuval Noah Harari incluso argumenta que el "Datismo", como él lo llama, se puede comparar con el nacimiento de una religión, dadas las afirmaciones de sus discípulos más fervientes de que proporciona soluciones universales.

Gartner, una compañía de investigación tecnológica, estima que 5,5 millones de dispositivos conectados al día se conectaron a Internet en 2016. Gartner prevé que su número total aumentará más del triple a 20.800 millones en 2020.
De acuerdo con IBM, ya generamos 2.5 trillones de bytes de datos diariamente, lo cual significa que alrededor del 90% de todos los datos en el mundo se creó durante los últimos dos años. Pero son Facebook y Google quienes absorbieron un increíble total de 85 centavos de cada nuevo dólar gastado en publicidad digital en EE.UU. durante el primer trimestre de 2016. Su éxito se basa en la habilidad de utilizar los datos para dirigir la publicidad a los consumidores más probables. La "datificación" de numerosas industrias, como cuidados médicos, transporte y energía, ayudada y favorecida por inteligencia artificial, avanza rápidamente.

Esta transformación económica promete grandes beneficios a los consumidores, pero el proliferante uso de datos también plantea desafíos relacionados con la identidad, la seguridad y la privacidad.

Sir Nigel Shadbolt, cofundador del Open Data Institute, argumenta que es demasiado pronto para renunciar a la privacidad a pesar de las severas asimetrías entre los individuos que generan datos y las gigantescas corporaciones que los poseen y los explotan. La tecnología que ha erosionado la privacidad también puede reforzarla. La próxima revolución inminente, él argumenta, será acerca de darles a los consumidores el control sobre sus datos. Teniendo en cuenta el aumento de la capacidad de procesamiento y la capacidad de memoria de los teléfonos inteligentes, Sir Shadbolt cree es probable que nuevos modelos de recolección de datos y un uso más localizado pronto logren aceptación.

Podemos usar datos para crear un mundo mucho más inteligente sin sacrificar valiosos derechos.