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Crece la resistencia a Trump, ahora desde la Casa Blanca

Crece la resistencia a Trump, ahora desde la Casa Blanca

La resistencia al presidente estadounidense Donald Trump empezó en las calles y ahora sigue en su despacho. La presencia de "adultos en la habitación" frena los peores impulsos del presidente, escribió un funcionario en una columna anónima en el New York Times.

En un libro que se publicará hoy, el periodista Bob Woodward describe una Casa Blanca donde los asesores recogen papeles del escritorio de su jefe, por temor a que los firme y desate una catástrofe. Se dice que figuras tan importantes como John Kelly, el jefe de gabinete, y Jim Mattis, el secretario de Defensa, sienten desprecio por el presidente.

Las revelaciones no equivalen a un golpe de Estado. Trump tiene poder, como queda en evidencia con cada tratado que quebranta y el aumento de los aranceles al comercio. Tampoco es el primer presidente que se topó con oposición encubierta en el seno de su gobierno. Hubo ocasiones en las que Richard Nixon fue "manejado" por su equipo.

De todos modos, se trata de un medio poco convencional de rendición de cuentas de quienes detentan el poder. No hace falta ser un fanático de cada detalle de la constitución de Estados Unidos para preocuparse. Los mecanismos formales de control están pensados para contener un presidente. Es evidente que a éstos les está costando. El Congreso Republicano se ha convertido en un apéndice obediente del Ejecutivo y la Corte Suprema solo puede fallar contra los poderes presidenciales cuando se le presenta un caso. Si los funcionarios tomaron las riendas del asunto, el alivio por su intervención -no podemos más que adivinar qué locuras se evitaron- debe mezclarse con la alarma frente a un sistema que no funciona como debería.

En la columna anónima publicada por un alto funcionario esta semana, el aspecto más saliente es la arbitrariedad. El autor se siente libre de decidir a cuáles de los proyectos del presidente oponerse y cuáles apoyar. Defiende unos cuantos, entre ellos el de la "desregulación efectiva". Los votantes pueden sentir que es mucho poder para alguien que no solo no fue electo sino que es desconocido.

También existe la posibilidad de un contraataque por parte del presidente. A menos que lo hayamos interpretado mal, Trump no asimilará estos relatos, reflexionará sobre sus propios errores ni prometerá repararlos. Se retirará a un búnker cada vez más reducido de asesores y familiares cercanos.

Con una base republicana todavía herida que lo apoya, podría gobernar aún más crudamente solo para mostrarle a los "adultos" quién es el que manda. Trump vende una visión del Estado como si fuera una conspiración organizada contra los estadounidenses "reales", encarnada en su propia persona. Es un sinsentido, pero después de las publicaciones de esta semana, un sinsentido vendible.

Esto no quiere decir que las revelaciones no deparen nada positivo. La esperanza -más que la expectativa- es que la exposición de un presidente impetuoso y poco informado reavive los mecanismos de control. Si Kelly -que no representa el estereotipo ideal de hombre débil- considera que Trump es un problema, otros miembros republicanos del Congreso podrían llegar a reconsiderar su deferencia a la Casa Blanca. Bastaría uno o dos senadores para marcar la diferencia en la votación en esta cámara dividida.

En cuanto al Congreso, ningún republicano querrá desestabilizar las bases antes de las elecciones de mitad de período previstas para noviembre. Pero después, sin que medien elecciones hasta la postulación de Trump para un segundo mandato en 2020, algunas voces podrían llegar a alzarse. Como mínimo, debería haber más tolerancia hacia las críticas.

Desde el momento de la elección de Trump, los republicanos moderados se enfrentaron a un dilema: moderar al gobierno desde adentro o abstenerse por principio. Parece que entre los que tomaron el primer camino se incluyen algunos funcionarios de la cúpula del gobierno. Podemos contentarnos con su presencia y seguir esperando que esto lleve a una resistencia más constitucional al presidente. El trabajo desde adentro habrá surtido efecto cuando esto deje de ser necesario.

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