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JUEVES 18/04/2019

Crece el riesgo de estallido de una nueva burbuja tecnológica

Estamos en las últimas etapas de un ciclo crediticio, donde hay mucho dinero para invertir en cosas de muy poco valor, como fue a principios de siglo con las puntocom

Crece el riesgo de estallido de una nueva burbuja tecnológica

Hubo muchas contradicciones entre el Foro Económico Mundial en Davos y el mundo real. Una de las más notables fue el optimismo que mostraron muchos participantes con respecto al sector tecnológico, algo que contrasta con lo que los propios mercados esperan de ese sector este año.

La inminente avalancha de ofertas públicas iniciales (OPI) parece frágil. El director ejecutivo de Uber, Dara Khosrowshahi, dio varias conferencias sobre la próxima salida a bolsa de la compañía, pero sus charlas tuvieron cierto aire de desesperación.

Uber, junto con Lyft y una serie de otras grandes compañías tecnológicas privadas, como Slack y Airbnb, intentarán salir a bolsa lo antes posible, no sólo por las preocupaciones sobre una inminente recesión y la volatilidad de los mercados, sino porque crecieron tanto con la financiación privada que no está claro si el mercado podrá sostener sus valoraciones. Por ejemplo, la de Uber se calcula en u$s 100.000 millones. Quieren su dinero mientras la situación sea favorable.

Es una situación que, en cierta forma, aunque no totalmente, es similar al auge y fracaso de las puntocom que se produjo a principios de siglo. Compañías como la ahora desaparecida minorista en línea boo.com gastaban millones en atractivos anuncios, y los potenciales empresarios buscaban dinero fácil en los foros de redes como First Tuesday para las startup.

Entonces, como ahora, estábamos en las últimas etapas de un ciclo crediticio donde había mucho dinero para invertir en cosas de muy poco valor. Y en ese momento, al igual que ahora, los inversores contaban con una serie de salidas a bolsa exitosas para echarle más gasolina a unos mercados que, claramente, estaban inflados de forma exagerada. Todos sabemos cómo terminó eso.

La diferencia real entre los dos períodos está en los propios mercados de capitales. El capital de riesgo se desplomó después del año 2000, repuntó, cayó nuevamente tras la crisis financiera y se recuperó a niveles históricos después del 2014. La cifra de nuevas startup proliferó. Sin embargo, el número de salidas a bolsa disminuyó. Esto se debe a una paradoja: aunque la tecnología ha hecho que comenzar una compañía sea más barato, tener éxito ahora cuesta más. Esto se debe a una "carrera armamentística" para construir la próxima startup unicornio, aquellas con una capitalización de mercado superior a u$s 1000 millones.

Los académicos Martin Kenney y John Zysman de la Universidad de California lo expresaron así : "Las empresas startup intentan estimular la dinámica de el ganador se lo lleva todo mediante una rápida expansión caracterizada por un crecimiento vertiginoso y casi invariablemente no rentable, a menudo sin una trayectoria discernible hacia la rentabilidad".

En los últimos cinco años, hubo un crecimiento masivo en la cantidad de compañías unicornio respaldadas por el capital de riesgo. Empresas como Uber, Lyft, Spotify y Dropbox pueden perder dinero por montones y, sin embargo, seguir creciendo en valoración. De hecho, todo es parte de la nueva dinámica empresarial.

Las bajas barreras de entrada dan como resultado muchos competidores y una carrera para gastar tanto como sea posible para obtener cuota de mercado. No sólo se inflan las compañías privadas que emergen de este ciclo improductivo, también se inflan los propios fondos de riesgo de miles de millones de dólares, que aunque alguna vez eran algo inaudito, ahora son comunes. El año pasado, Sequoia recaudó un fondo de capital semilla de u$s 8000 millones y SoftBank, un enorme fondo de u$s 100.000 millones.

Por supuesto, las cosas grandes engendran cosas grandes. Conforme más y más capital de riesgo importante aumenta el valor de las startup, otros tienen que seguir el ejemplo. El resultado ha sido no sólo una nueva burbuja en los mercados de las OPI, sino la subvaloración de una serie de compañías públicas que realmente tienen que preocuparse por las ganancias.

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