LLEGAN A LAS FIESTAS CON SUS DEUDAS CANCELADAS Y LISTOS PARA VOLVER A TOMAR CRÉDITO

Consumidores brasileños ayudan a impulsar la incipiente recuperación

La mayor economía de Latinoamérica se prepara para lo que probablemente sean sus mejores ventas minoristas de Navidad desde que comenzó la recesión

Maria Cláudia Faria puede respirar tranquila esta Navidad. La gerente de cuentas de la agencia de marketing Kerigma en el estado de São Paulo dice que está a punto de terminar de pagar la enorme deuda que acumuló en sus tarjetas de crédito durante la gran recesión que atravesó Brasil en los últimos dos años.

Cuando la crisis redujo sus ingresos a la mitad, comenzó a usar cuatro tarjetas de crédito para poder pagar las cuotas del préstamo automotor, antes de tener luego que devolver el auto al banco y reestructurar sus deudas. "Ya no podía dormir, estaba preocupada", contó Faria. "Ahora, estoy más tranquila porque terminaré el año sin deudas, gracias a Dios, y puedo endeudarme nuevamente".

Al igual que Faria, millones de brasileños están empezando a sacar un crédito de nuevo, y esto impulsa la incipiente recuperación ahora que Brasil sale de la peor recesión de su historia.

"Las familias y las empresas se han desapalancado, por lo que el repunte en el crecimiento podría ser mayor y más rápido de lo esperado", dice Mauro Roca, analista de deuda soberana de TCW, una administradora de fondos estadounidense.

La mayor economía de América Latina se prepara para lo que probablemente sean sus mayores ventas minoristas de Navidad desde que comenzó la recesión.Este año, se espera que la economía crezca 1%, y que llegue a 3,5% en 2018, según los pronósticos más optimistas. El consenso de los economistas consultados por el banco central es que habrá un crecimiento de 2,5%. Esa proyección se compara con las contracciones de 3,6% registrada en 2016 y de 3,8% en 2015.

Antes de la recesión, Brasil era uno de los mercados de consumo más dinámicos del mundo emergente, con compradores que adquirían de todo en cuotas, desde productos de belleza hasta automóviles. Para muchos brasileños, comprar a crédito es la única forma de adquirir muchos bienes. Pero la economía comenzó a desacelerarse en 2011 justo cuando los pagos del servicio de la deuda que hacía el brasileño promedio subieron a 23% del ingreso familiar, casi el doble del que se registraba en EE.UU. antes del derrumbe del mercado inmobiliario en 2008.

El desempleo superó el 13%, mientras que el consumo per cápita se contrajo 12% acumulativo entre el primer trimestre de 2015 y el mismo período de este año, según Goldman Sachs.

El alto nivel de inflación redujo drásticamente los salarios reales. El aumento de las tasas de interés y los fuertes aumentos en los precios de la energía también impactaron sobre el poder de compra de los consumidores. "La gente estaba traumatizada", contó Marcos Casarin, director de servicios macroeconómicos latinoamericanos de Oxford Economics. "La combinación de familias, empresas y un gobierno excesivamente endeudados al mismo tiempo derivó en un apagón y todos tuvieron que ajustarse al mismo tiempo".

A diferencia de lo que ocurría en EE.UU., los brasileños estaban endeudados en el corto plazo y no mediante préstamos hipotecarios. Las deudas de los brasileños eran relativamente pequeñas: menos del 42% de su ingreso anual en comparación con el 100% en EE.UU. Por lo tanto, muchos brasileños pudieron cancelar sus deudas con mayor rapidez.

Estas mejores condiciones de crédito ya están empezando a aparecer en los resultados de los bancos. "Los préstamos otorgados a particulares en Brasil aumentaron cerca de 10%, lo que se reflejó en un incremento en las carteras de financiación al consumo en el trimestre", señaló Itaú Unibanco, el mayor banco privado del país, en sus resultados del tercer trimestre.

Los comercios minoristas también están percibiendo el repunte, debido a que sus ventas subieron 9,3% en septiembre en comparación con el año anterior.

Uno de los factores que impiden que la recuperación sea total siguen siendo las elecciones presidenciales del próximo año, cuyo resultado es el más impredecible en una generación, aseguran los analistas. Con la clase política devastada por los escándalos de corrupción, todavía no hay candidatos claros.

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