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China no liderará el comercio en el Pacífico

China no liderará el comercio en el Pacífico

Una de las primeras acciones del presidente Donald Trump en el cargo fue ordenar a Estados Unidos se retirarse del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), un histórico pacto comercial entre 12 países. Los críticos aseguran que con una sola firma, Norteamérica renunció a su posición de liderazgo en el sistema de comercio mundial; y que su sucesor sería China, que podrá redactar las reglas del comercio internacional, aumentando su influencia en Asia y en el mundo.

Es un razonamiento sencillo. Pero no cuadra con la realidad. EE.UU. y muchos países europeos dudan de los beneficios de la globalización y se están concentrando en sí mismos. Pero hasta el momento, lejos de llenar el vacío creado por un retraído Occidente, Beijing se está entregando a su habitual aislacionismo. Es cierto, el presidente Xi Jinping viajó a Davos, Suiza, para defender la globalización frente a la élite mundial. Sin embargo, en China el gobierno está cerrando los flujos de capital y fijando diversas barreras para las empresas extranjeras. Asustadas por la salida de capital, las autoridades chinas prohibieron casi totalmente la compra de divisas. El comercio transfronterizo empieza a estar con el agua al cuello.

Durante años, China fue el país que más mercadería comercializaba a nivel mundial, pero en 2016 su comercio exterior se redujo 7% en dólares, tras una caída de 8% en 2015. El comercio es cada vez menos importante para las autoridades chinas, que hace años que promueven el consumo interno y prevén una economía mucho más autosuficiente.

China seguirá buscando acuerdos comerciales bilaterales con países de la región. También continuará pensando el comercio como un arma a usar para castigar a los países más pequeños que se pasen de la raya. Ejemplos recientes de eso son Corea del Sur, que está sometido a barreras comerciales no oficiales en China desde que anunció que instalaría un escudo antimisiles estadounidense; y Filipinas, donde las exportaciones de bananas hacia China fueron bloqueadas en respuesta a las disputas territoriales en el Mar de China.

Las largas negociaciones que hubo para simplemente armar un encuentro trilateral de representantes económicos de China, Corea del Sur y Japón demuestran que es muy poco realista esperar un inminente acuerdo comercial regional encabezado por China; y mucho menos un nuevo orden económico mundial liderado por el gigante asiático. El rechazo de Trump al TPP traerá aparejado un vacío, y luego, cada país se moverá por su cuenta. La consiguiente caótica situación económica que eso generará sólo va a aumentar el peligro de conflicto en una región repleta de armas nucleares, donde los históricos agravios siguen latentes y las potencias ascendentes tienen intención de recuperar el territorio perdido.

Ante la retirada de EE.UU., el escenario más optimista podría ser que China ocupara rápidamente el papel de potencia hegemónica regional, lo que estabilizaría una explosiva región. Sin embargo, China todavía no es capaz de asumir ese papel, y quizás incluso, no quiera hacerlo.

El mejor resultado para China, EE.UU. y los países de Asia sería que Trump reconociera que todavía tiene una oportunidad para lograr un nuevo acuerdo comercial con una región que será la de más rápido crecimiento en el mundo durante muchos años.