China cambia de estrategia para lidiar con la guerra comercial

Beijing abandona el manual que venía aplicando en otras disputas económicas y en este enfrentamiento con Estados Unidos prefiere presentarse como destino atractivo para inversiones provenientes de otras naciones

China está aplicando un inusual enfoque en lo que se refiere a su respuesta frente a la creciente batalla comercial con Estados Unidos. Rompió con el manual que venía empleando para otras disputas económicas cuando busca aliados en Europa, Asia y mismo Estados Unidos.

Las anteriores peleas comerciales con Japón, Francia, Filipinas y más recientemente Corea del Sur estuvieron acompañadas de un aumento de la hostilidad en los medios estatales de China y de un agresivo "boicot diplomático" contra las compañías de esos países.

Sin embargo, esta vez China esquivó cautelosamente las medidas norteamericanas intentando en cambio presentarse como un destino de inversión atractivo, mientras que la administración de Donald Trump siguió presionando con aranceles sobre productos por u$s 34.000 millones. Estados Unidos la semana pasada reveló una nueva lista de mercaderías por u$s 200.000 millones que podrían enfrentar aranceles dentro de dos meses.

La tranquila respuesta de China se debe a la importancia de su comercio bilateral y de las inversiones provenientes de EE.UU.; las economías de los países están entrelazadas. "Estados Unidos tiene más escala, y es un tipo de potencia económica diferente a Japón o Corea. Eso lo hace bastante singular", explicó Max Zenglein, economista del Instituto Mercator de Estudios de China en Berlín.

El superávit comercial de China con EE.UU. limita su capacidad para imponer aranceles en represalia. "En su trato con EE.UU. queda claro que China es más vulnerable y, por lo tanto, el gigante asiático se ve obligado a aplicar un enfoque diferente", agregó.

Con eso en mente, los negociadores de comercio chinos, encabezados por Liu He, se concentraron en encontrar potenciales aliados, incluyendo funcionarios pro negocios en Washington, a quienes creen que podrían convencer con concesiones a inversiones.

En vez de apuntar directamente a las compañías estadounidenses como hizo con la cadena de supermercados coreana Lotte Beijing ofrece mejor acceso al mercado a sus competidoras. Los funcionarios chinos alientan a las corporaciones europeas y japonesas a que aprovechen una serie de reformas prometidas hace mucho e introducidas a principios de este año, un recordatorio a las empresas norteamericanas de que Beijing puede repartir el vasto mercado chino como más le guste.

En una reciente cumbre se ofreció asistencia por u$s 15 millones a los palestinos en un intento por cortejar a los líderes árabes. Incluso las relaciones con Japón y Corea del Sur han mejorado. Beijing se niega a vincular la disputa comercial con las negociaciones nucleares que mantiene Trump con el líder norcoreano Kim Jong Un.

"El desafío que van a tener los chinos es que no queda mucho más margen para responder en términos de aranceles", dijo Kellie Meiman, experta en comercio de McLarty Associates en Washingon.

Beijing no quiere asustar a los inversores extranjeros o correr el riesgo de que disminuyam las tan necesitadas inversiones y préstamos. Después de las críticas a las compañías de Japón en 2012 y a las de Corea del Sur el año pasado, ambos países adoptaron la estrategia de diversificar deliberadamente sus bases industriales lejos de China.

Hasta los aranceles en represalia dólar por dólar que China ha aplicado significan cierto riesgo para Beijing, porque podrían elevar la inflación china.

"A simple vista, China está tratando de darle un golpe a Estados Unidos; pero en realidad, el resultado final será un golpe para China. Las tres cosas que elegimos para gravar, soja, aviones y chips, son los productos que más necesitamos", señaló Shen Dingli, experto en relaciones internacionales en la Universidad Funda, en Shanghai.

En público, Beijing le resta importancia al potencial impacto de los aranceles. Las noticias sobre la guerra comercial quedaron relegadas a las páginas internas del diario oficial, Peoples Daily, hace varios días. El nacionalista Global Times mantuvo un tono mesurado.

Quizás la intención sea tranquilizar al pueblo de que China puede hacerle frente a la amenaza. Pero también refleja la amplia exposición que tienen los chinos a la cultura y a los valores sociales de Estados Unidos, lo que hace mucho más difícil montar un fuerte ataque. Al menos dos millones de chinos estudiaron en Norteamérica en sólo los últimos 12 años. Millones más han emigrado o trabajan para empresas estadounidenses y joint ventures en China. Para el partido comunista gobernante siempre es peligroso avivar el fuerte nacionalismo chino.

"Estados Unidos realmente tiene un gran impacto en China. Es diez veces superior al que implica Corea. Norteamérica influye en la ideología china y en la economía china y también afecta los intereses personales de mucha gente. Por lo tanto, a muchos chinos no les gustaría manifestarse en contra de EE.UU, explicó Siman Pingbang, un blogger conocido por sus opiniones izquierdistas y nacionalistas.

De hecho, los "internautas" chinos hasta alentaban a un barco que llevaba soja desde Estados Unidos mientras se apuraba para llegar a un puerto chino antes de que entraran en vigencia los aranceles.

Algunos funcionarios chinos, confiados en la solidez de Beijing, están impacientes por dar un golpe mayor. Sin embargo, por ahora prevalece la sangre fría dado que la guerra comercial es considerada un tema económico, no una pelea política ni una amenaza emocional para el país.

 

Traducción: Mariana Inés Oriolo

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