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Cae calidad de las empresas por acumulación de deuda

En tiempos de costos de endeudamiento extremadamente bajos, las corporaciones prefieren emitir bonos para elevar el retorno a accionistas y financiar la compra de empresas

Cae calidad de las empresas por acumulación de deuda

Las compañías con nota crediticia AAA están casi en extinción. En el mundo apenas un puñado de empresas retienen la máxima calificación otorgada por Standard & Poor’s, desde que ExxonMobil la perdió el mes pasado.

En Estados Unidos, la cantidad cayó a dos –Johnson & Johnson y Microsoft. En 1992, había 98 compañías norteamericanas con la calificación perfecta otorgada por S&P.

La desaparición de los grupos evaluados con la máxima nota refleja el drástico aumento del uso de deuda para impulsar los retornos para los accionistas y financiar la compra de empresas.

Esta tendencia muestra pocas señales de llegar a su fin en la actual era de costos de endeudamiento ultrabajos.

Por ejemplo, las compañías con grado de inversión y calificadas como basura agregaron casi u$s 4 billones de deuda a sus balances desde principios de 2008, según Bank of America Merrill Lynch, prácticamente el tamaño del mercado de bonos emitidos por estados o ciudades norteamericanas.

"Hay algo que está claro: la tendencia alejada del conservadurismo financiero que comenzó a principios de los ochenta sigue hasta estos días," comentó Thomas Watters, analista de S&P.

Los equipos de gestión hace tiempo que recurren a la deuda para elevar el valor de sus compañías, lo que genera una constante baja en la calidad crediticia.

El beneficio cuando una compañía sin deuda empieza a agregar apalancamiento, a menudo es un incremento en la valuación bursátil. Pero demasiadas obligaciones negociables, en compañías como Sears, TXU y el operador de radio iHeartMedia, puede sofocar a la compañía y finalmente conducirla a la quiebra.

Grupos con la máxima calificación en Estados Unidos, que incluyen ofertas de Harvard, MIT y Stanford, rinden cerca de 2,6%, según Barclays. Firmas con nota AA, por el contrario, tienen un rendimiento promedio levemente inferior de 2,3%. Los rendimientos de los bonos caen cuando los precios suben.

Parte de la divergencia es la escasez de deuda AAA y el peso que Microsoft y Johnson & Johnson ejercen sobre los índices.

Prácticamente hay en circulación deuda corporativa AAA por u$s 62.000 millones –más de 80% de eso proviene de esas dos compañías–, cifra pequeña comparado con los u$s 419.000 millones en obligaciones negociables AA y u$s 1,78 billones de bonos A en Estados Unidos.

"De alguna manera, la AA se convierte en la nueva AAA cuando uno tiene mucha menos deuda triple A por ahí", aseguró Nick Gartside, del área renta fija internacional en JPMorgan.

Exxon vendió u$s 12.000 millones de deuda a principios de este año después de que los inversores habían sido notificados de que la compañía estaba en revisión para una rebaja de la calificación, y en esa oportunidad los rendimientos a diez años fueron cercanos a 3%.

Jeremy Siegel, un profesor de la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania, sostienen que la última crisis financiera recalca la velocidad con la que las compañías –hasta las de alta calidad– podrían perder acceso a los mercados de capitales. En el momento más duro de la crisis, en septiembre de 2008, el préstamo corporativo se evaporó cuando los bancos se achicaron, lo que dejó a los grupos con necesidades inmediatas de financiamiento sin cubrir.

"Es el resultado de la crisis financiera", dijo. "El crédito quizás no esté disponible a cualquier precio en una crisis y eso es algo a considerar."

Y el profesor agregó: "Las compañías, a menos que tengan un increíble nivel liquidez elevado, simplemente no reciben la máxima calificación. No volveremos al número de emisiones que teníamos en los sesenta que podrían haber tenido nota AAA. Esos tiempos quizás se fueron para siempre, junto con el aumento de la competencia global".

Los inversores y los estrategas sostienen que no anticipan que las empresas rápidamente bajen su apalancamiento, lo que limita la expectativa de una mejora general en la evaluación crediticia.