Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
U$D
/
MERVAL

CHINA: El fin de la economía zombi

La desaceleración del crecimiento chino puso en foco a las empresas públicas más ineficientes. El gobierno ya comenzó un proceso de reestructuración

La reforma de empresas públicas ineficaces y endeudadas tiene prioridad máxima para Beijing mientras el crecimiento se desacelera. Pero son pocos los que creen que su abordaje preferido -fusionar grandes grupos en grupos aún más grandes- resolverá el problema.
Una tarde de lluvia en uno de los astilleros más grandes de China, trabajadores que toman un descanso después de soldar se agrupan bajo los cascos de embarcaciones a medio construir para no mojarse.
A pesar de que la caída de las tarifas de transporte arrasó con la industria naviera, en el depósito de Shanghai Waigaoqiao Shipbuilding las actividades no faltan. Un trabajador podría atravesar en bicicleta el depósito de 1,1 kilómetros completamente debajo de la línea de cascos incompletos.
Este y otros astilleros del Estado se mantienen ocupados gracias a China Ocean Shipping Group, mejor conocido como Cosco, el transportista más grande del país en términos de capacidad de carga, que encargó 11 portacontenedores enormes el año pasado. Caixin, la revista especializada en finanzas, informó que los tres barcos encargados a Waigaoqiao tendrían capacidad para cargar 20.000 contenedores de 20 pies, los más grandes del mundo.
Los accionistas no gubernamentales de Cosco podrán preguntarse por qué la mayoría de las empresas públicas precisan 11 embarcaciones nuevas. Sus directores reconocieron en la declaración de ganancias semestral que "la demanda general en el mercado del transporte marítimo se debilitó" en 2015, mientras que "la sobreoferta de capacidad de transporte se mantuvo".
Con entrega prevista para 2018, el momento en que se realiza el pedido de las embarcaciones es tanto más sorprendente dada la baja registrada en el comercio mundial, que el año pasado cayó 12% en términos de valor, según el Fondo Monetario Internacional. Según la mayoría de los pronósticos, la situación difícilmente mejore en el corto plazo.
La buena nueva para Cosco es que no tendrá que poner demasiado dinero propio para afrontar el costo de u$s 15.000 millones de los portacontenedores. Una reglamentación de 2013 del ministerio de Economía prevé el otorgamiento de un subsidio a armadores que demuelan embarcaciones viejas y las reemplacen con embarcaciones nuevas construidas por empresas públicas como Waigaoqiao.
Cosco es un claro ejemplo de los problemas que enfrentan las empresas públicas ineficaces y abrumadas por las deudas de China. Excluyendo elementos puntuales, la empresa perdió Rmb 3800 millones (u$s 580 millones) en los primeros nueve meses de 2015. Su relación deuda neta/capital, de 206% a fines de septiembre, era de más del triple del promedio de 66% para empresas que cotizan en la bolsa de Shanghái, según Wind Information, una base de datos financieros china.
Dado que el crecimiento de la economía china atraviesa la peor desaceleración en 25 años, los economistas sostienen que manejar empresas públicas complejas es el paso más importante del proceso de reestructuración de la economía.
"La reforma de empresas públicas, la deuda, la sobrecapacidad y 'las empresas zombi' son temas intrínsecamente relacionados", afirma Jianguang Shen, economista en jefe por Asia de Mizuho Securities Asia. "En industrias con sobrecapacidad, después de varios años de pérdidas, las empresas privadas no tienen forma de subsistir. Su propietario tendrá que cerrar las o liquidarlas, pero las empresas públicas pueden seguir obteniendo préstamos bancarios o apoyo del gobierno."
Beijing ha procurado alejar su economía de una dependencia excesiva de la
industria pesada y la construcción. Las empresas públicas, sin embargo, se agrupan en industrias fabriles tales como las del acero, el carbón, la construcción naval y la maquinaria pesada, todas atadas al viejo modelo de crecimiento. Estos colosos son inadecuados para satisfacer la demanda en sectores de servicios emergentes, tales como el cuidado de la salud, la tecnología, la educación y el entretenimiento: las áreas de crecimiento más acelerado de la economía de China.
El subsidio de Cosco es uno de los cientos que benefician a grupos estatales. Los subsidios otorgados a empresas que cotizan en bolsa ascendían a un total de Rmb 30.000 millones en 2014, según datos recopilados por Wind Information a partir de presentaciones de empresas. La cifra actual es aún mayor: muchos subsidios van a empresas que no cotizan en bolsa, mientras que las empresas públicas también obtienen beneficios no monetarios, tales como préstamos a bajo interés y descuentos sobre tierras, agua y electricidad.
Altos dirigentes han prometido una reforma del sector público. "Debemos tomar la determinación y poner manos a la obra", reveló el premier Li Keqiang a asesores económicos en diciembre. "En cuanto a estas 'empresas zombi' con sobrecapacidad absoluta, debemos actuar sin miramientos."
Después de esta amenaza, Yin Weimin, el ministro de Trabajo de China, manifestó que 1,3 millones de trabajadores del sector del carbón y 500.000 del sector del acero se quedarían sin trabajo como consecuencia de los esfuerzos por tratar la cuestión de la sobrecapacidad, sin especificar cuándo caerá el hacha.
En septiembre pasado, un plan maestro de reforma aprobado por el partido Comunista esbozó iniciativas destinadas a imponer disciplina de mercado a las empresas públicas. Estas incluían la venta de participaciones y la despolitización del nombramiento de ejecutivos senior, que son elegidos por la agencia de personal del partido en vez de accionistas ordinarios. Sin embargo, el enfoque más ampliamente aplicado ha sido la consolidación, con el gobierno a cargo de orquestar las fusiones de grandes empresas públicas.
El año pasado, la Comisión de Supervisión y Administración de Activos de Propiedad del Estado (Sasac), que supervisa las empresas públicas no financieras, aprobó las fusiones de al menos seis empresas muy grandes. Entre estas se incluye la fusión de Cosco con China Shipping Group para crear la línea de contenedores más grande del mundo.
Los dirigentes del partido Comunista creen que las empresas públicas más grandes serán más competitivas a nivel mundial. Desde hace tiempo, consideran que las economías de escala son indispensables para cultivar campeones nacionales. El tamaño es más importante, ahora que la caída de los precios de los productos básicos hace mella en los márgenes de ganancia del acero, el carbón, los metales básicos y la maquinaria pesada.
"[El presidente] Xi Jinping probablemente crea que tener un gran sector de empresas públicas es bueno", sostiene Yukon Huang, exdirector del Banco Mundial para China y asociado senior del Fondo Carnegie para la Paz Internacional. "Mira hacia Occidente y ve que las empresas más importantes son grandes y no paran de crecer. Cuando los líderes de China miran hacia el exterior, a las llamadas economías de "mercado", no entienden que estas grandes empresas y fusiones son malas."
La consolidación existe desde hace más de una década. Desde su creación en 2003, la cantidad de empresas bajo el control de la Sasac se redujo de 189 a 103, en gran parte debido a las fusiones.

Reforma en marcha atrás

Las reformas a gran escala comenzaron en la década de 1990 después de que préstamos incobrables a empresas públicas llevasen al sistema bancario de China al borde del colapso. Luego de una serie agresiva de reformas, el empleo en empresas públicas se redujo casi a la mitad: de 70 millones en 1997 a 37 millones en 2005.
Con el cierre o la privatización de las empresas públicas de peor desempeño, la rentabilidad mejoró. El retorno sobre activos (ROA, por su sigla en inglés) de las empresas públicas siempre estuvo a la zaga del de las empresas privadas, pero la brecha se achicó notablemente a comienzos de la década de 2000.
Eso cambió con la crisis financiera mundial de 2008. El gran estímulo que lanzó China para contrarrestar la desaceleración se basaba en que las empresas públicas actuasen en aras del interés nacional. Se obligó a los bancos a aumentar el financiamiento a las empresas públicas, lo cual se derrochó diligentemente en nuevas fábricas y equipamiento, sin importar la necesidad comercial. La reducción del sector estatal se frenó.
El estímulo alimentó un auge de la construcción de fábricas, viviendas e infraestructura. La demanda de producción por parte de las fábricas estatales creció temporalmente y las ganancias de las empresas públicas aumentaron.
Pero el sector abusó y la caída fue dura. Los bancos y los reguladores ajustaron el financiamiento en medio de temores de aumento del endeudamiento de las empresas y de la deuda del gobierno local; el mercado inmobiliario se enfrió y el gasto en infraestructura se redujo. Las empresas dejaron de invertir debido al aumento de la carga de la deuda y a la falta de demanda de producción por parte de las fábricas recién construidas.
En la estatal Aluminium Corpof China, donde los activos totales crecieron de Rmb 82.000 millones en 2006 a Rmb 175.000 millones seis años más tarde, las pérdidas netas alcanzaron Rmb 17.000 millones en 2014, más que cualquier otra empresa pública que cotizara en bolsa. No es la única. Alrededor del 42% de todas las empresas públicas perdieron dinero en 2013, según datos oficiales. Los beneficios totales de estos grupos disminuyeron en términos absolutos el año pasado por primera vez desde 2001. La brecha en el retorno sobre activos entre las empresas públicas y las privadas es ahora el mayor en dos décadas.
Los legisladores hicieron de la "reforma de la oferta" el tema central de la política económica para 2016, pero muchos analistas dudan que la fusión de grandes empresas en otras aún mayores pueda resolver la causa de la sobrecapacidad y la caída de la rentabilidad. Tarde o temprano, es posible que las empresas tengan que tragarse la amarga píldora de los cierres de fábricas y despidos de los empleados.
"Es probable que la creación de empresas públicas aún más grandes exacerbe sus ya desproporcionadamente inmensos males financieros y organizacionales", escribió Wendy Leutert, investigador visitante del China Centre de la Brookings Institution. "La fusión de empresas de propiedad centralizada aumentará su cuota de mercado a riesgo de una competitividad a largo plazo y del aumento de la eficiencia."
Para muchos economistas occidentales, la respuesta es clara: aumentar la eficiencia mediante la privatización. Sin embargo, los principales dirigentes de China se resistieron a este enfoque.
Sasac experimentó con precaución con la "propiedad mixta", un eufemismo para la venta de participaciones minoritarias. Lejos de reducir su papel en la economía, sin embargo, los dirigentes creen que la respuesta radica en fortalecer las garras del partido gobernante sobre los bienes del Estado, y a la vez hacer que las empresas públicas sean más competitivas.
En una reunión del Politburó el 23 de noviembre, los dirigentes del partido decidieron que el foco de los esfuerzos de reforma debe ser "fortalecer, optimizar y ampliar" las empresas públicas, al tiempo que rechazaron la "privatización", según un informe detallado de la reunión que circuló en las redes sociales.
Las megafusiones también son vistas como una forma de eliminar la "competencia maliciosa" entre los grupos rivales estatales. Los dos mayores fabricantes de equipamiento ferroviario del país acordaron fusionarse a fines de 2014. Se espera que el nuevo grupo licite los proyectos ferroviarios que son centrales para la ambiciosa iniciativa de la Nueva ruta de la seda de Xi, destinada a ayudar a las empresas chinas a vender infraestructura en Asia y Medio Oriente.