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Bancos buscan frenar el terremoto bursátil y volver a la racionalidad

No hay un factor claro que explique la ola de ventas de las acciones de los grandes bancos estadounidenses y europeos la semana pasada, pero su intensidad recordó a la crisis de 2008. Las entidades dicen que su situación actual es mejor, pero los inversores esperan noticias económicas alentadoras para recuperar la confianza

Mientras los ejecutivos del Deutsche Bank eran testigos, el lunes pasado, de una liquidación desenfrenada de sus acciones y deuda, Marcus Schenck encontró una forma de aliviar la presión. El director ejecutivo del banco recibió un e-mail de sus contadores, quienes tras revisar los libros se mostraron confiados en la capacidad del Deutsche de pagar cómodamente su deuda. Hacer pública esta información podía poner fin al derramamiento de sangre.
Horas después, el Deutsche Bank anunció las buenas noticias. Sin embargo, durante las siguientes 24 horas, los diarios del mundo metieron la pata con titulares como "El Deutsche insiste en que puede pagar todas sus deudas". Los ejecutivos se horrorizaron.
El martes, los funcionarios volvieron a intentar aumentar la confianza tuiteando una carta de John Cryan, el codirector ejecutivo, en la que señalaba a sus empleados que el Deutsche era "sólido como una roca", pero esto no hizo otra cosa que preocupar a los inversores aún más. El comentario del ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, de que no estaba "preocupado" por el Deutsche tampoco ayudó. Las acciones siguieron cayendo, perdiendo otro 5% el martes y alcanzando mínimos de 30 años.
El Deutsche no fue el único banco en busca de formas de frenar la ola de ventas de la semana pasada, que trajo reminiscencias de la crisis financiera de 2008-2009. Credit Suisse, Standard Chartered, Bank of America Merrill Lynch y Morgan Stanley fueron algunos de los otros bancos que sufrieron derrumbes. El índice europeo amplio de bancos FTSE 350 cayó casi 7% mientras que, en Estados Unidos, el índice bursátil de empresas S&P 500 cayó 3,3% entre el lunes y el martes.
A medida que la ola de ventas se aceleró, la lista de motivos por los que ello ocurría se hizo más larga. Fue el estancamiento de China. Fue el frágil crecimiento económico mundial. Fue la caída de los precios del petróleo. Fue que las tasas de interés se volvieron negativas. Fueron los temores por el capital de los bancos. Fueron las inminentes pérdidas en préstamos. Fue que la mentalidad de rebaño se está volviendo incontrolable. Fue esquizofrenia.
"Las personas racionales dejan de actuar como tales en mercados muy dinámicos", sostiene un banquero senior. "Esto no puede atribuirse a una causa única. Se trata de elegir el mal menor".
Después de las grandes oscilaciones de los mercados -fuertes caídas el lunes y martes, un rebote el miércoles, un nuevo derrumbe el jueves-, el impulso volvió a cambiar. Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan, marcó la pauta cuando reveló que había comprado u$s 26 millones en acciones de su banco en el mercado abierto.
Chris Mutascio, analista de bancos de Keefe, Bruyette & Woods, afirma: "Es uno de los banqueros más respetados y poderosos del mundo que dice 'Pongo mi dinero donde está mi boca'. Se disipa el temor que circula de que nos encaminamos hacia algo mucho más siniestro de lo que realmente es… que estamos ante una recesión financiera similar a la de 2008".
El jueves, el Deutsche dijo que empezaría a recomprar sus propios bonos, lo que hizo subir sus acciones un 10%.
A pesar del drama de la última semana, la explosión bursátil de los bancos se viene gestando desde hace algún tiempo.
El 22 de enero, los analistas de Berenberg elaboraron un informe titulado "Caída libre", en el que señalaron que los bancos europeos estaban negociando a "mínimos históricos" en relación con el índice de mercado amplio. Las tasas de interés bajas y las malas perspectivas económicas fueron identificadas como los factores clave que llevaron a Berenberg a la conclusión de que "los bancos europeos se están volviendo japoneses". En Estados Unidos, los bancos bajaron la productividad del mercado bursátil más amplio desde principios de año.
No hace mucho el relato era diferente. Mientras que la Reserva Federal de Estados Unidos señalaba el año pasado que empezaría a elevar las tasas de interés, muchos pensaron que la larga depresión posterior a la crisis de la industria comenzaría a desvanecerse. Ahora, sin embargo, se espera que las tasas de interés se mantengan más bajas durante más tiempo, aplastando los márgenes de los bancos. La desaceleración de la economía china está teniendo un efecto dominó global, como son las pérdidas potenciales derivadas de los préstamos al sector del petróleo y el gas.
El dolor en el mundo de la banca de inversión continúa a medida que las reglamentaciones hacen que sea más difícil para los bancos encontrar puntos clave donde poder ganar dinero. Los inversores también se siguen adaptando a un mundo donde la rentabilidad de los bancos se vio obstaculizada por la enorme cantidad de capital que deben mantener.

Cobertura de capital

Aun así, si bien el régimen normativo posterior a la crisis fue frustrante para los bancos, estos deberían estar mejor preparados para una desaceleración y tener mayor capacidad para afrontar pérdidas. Tienen los niveles más altos de capital en décadas (los principales bancos de Estados Unidos duplicaron con creces sus ratios, mientras que los bancos europeos recaudaron más de 400.000 millones de euros desde 2007).
Los bancos también participan en menos actividades de riesgo: ya no comercializan las acciones por cuenta propia debido a las normas que limitan la negociación por cuenta propia, ni pueden mantener grandes posiciones. Incluso las existencias que tienen para "la creación de mercado" se redujeron a medida que la reglamentación hace que esto sea menos atractivo.
A pesar de los vientos en contra, los analistas no prevén un desastre. Se espera que los mayores bancos de Europa logren hacer casi tanto dinero en 2016 como el año pasado, mientras que se espera que los cinco principales bancos estadounidenses registren una caída en la utilidad neta ajustada inferior al 7%.
La mayoría de los grandes bancos de Estados Unidos superaron las expectativas de ganancias en el cuarto trimestre. A mitad de la temporada de ganancias europea, los bancos informaron casi el mismo número de aciertos como de pérdidas en términos de ganancias.
Por estas razones, los banqueros, analistas e inversores europeos sostienen que los movimientos dramáticos en los precios de las acciones bancarias están siendo impulsados por sentimientos, no por hechos.
"No hay una explicación en los fundamentos de la empresa que tenemos a la vista, que justificaría este nivel de ventas masivas", sostuvo Jeremy Sigee, analista de bancos de Barclays en Londres. "El mercado está anticipando el temor de un gran shock crediticio mundial que todavía no podemos ver o describir en detalle".
Tidjane Thiam, director ejecutivo de Credit Suisse, declaró a Financial Times el martes pasado que el mercado estaba anticipando una "gran recesión mundial" y que las variaciones de precios de las acciones eran "injustificadas". Las acciones de su banco habían caído 8% ese día y 20% la semana anterior.
En Estados Unidos, hay mayor diversidad de opiniones acerca de por qué los bancos se están derrumbando de esta manera. Los argumentos a favor de una causa fundamental son más sólidos: los bancos estadounidenses están más expuestos al petróleo que los europeos y depositaron grandes esperanzas en las tasas de interés este año.

Ambiente bajo cero

Janet Yellen, presidente de la Reserva Federal, sugirió el jueves pasado que no tenía prisa por subir las tasas. Declaró que la Fed estaba observando atentamente la vorágine financiera y económica, y les dijo a los legisladores que, aun cuando no esperaba que se convirtiese en algo necesario, no descartaba una reversión del aumento de tasas de la Fed en diciembre.
Yellen también se negó a descartar tasas de interés negativas -medida que tomó esta semana el Riksbank de Suecia, sumándose al Banco de Japón y el Banco Central Europeo- si la economía estadounidense tambalea.
Las tasas negativas serían muy malas noticias para los bancos de Estados Unidos. Además de la pesadilla administrativa, tendrían que pagar por los depósitos que mantienen a menos que pudieran convencer a los ahorristas y las empresas de que paguen para poner su dinero en un banco.
Aun así, Jim Cowles, jefe para Europa, Medio Oriente y África del Citi, sostiene que el mercado está infravalorando su banco. "Lo que pasa es que la caída del petróleo fue tan rápida y tan dramática que se está viendo el impacto negativo, pero todavía no se ve el impacto positivo", afirma. Añadió que "la gran incógnita" es cuándo los hogares y las empresas comenzarán a beneficiarse de los bajos precios del petróleo.
La cotización del Citi cayó 28% desde principios de año, pero Cowles afirma que el banco no percibió "ningún tipo de malestar" en sus clientes. "[Los clientes] pueden mirar... cuál es nuestra base de capital, cuáles son nuestras reservas de liquidez, las diferentes reglamentaciones que entraron en juego, y afirmar que los bancos están en una posición mucho más sólida que en 2007-2008", declara.
Fuentes del mercado afirman que esta situación parece distinta de los mercados caóticos posteriores al derrumbe de Lehman. Las acciones reflejan marcados aumentos y caídas. Por ejemplo, ING subió 9,5%, con resultados decentes pero no extraordinarios el 4 de febrero, el mismo día en que Credit Suisse cayó 13%, registrando resultados negativos.
Aun así, la confianza es frágil. Jeff Harte, analista de Sandler O'Neill en Nueva York, afirma que los bancos podrían estar en una posición más sólida que durante la crisis, pero que la confianza seguirá débil hasta que mejoren las perspectivas económicas.
"Podría decirse que los bancos tienen mucho capital y liquidez, podría hacerse ese análisis y sentirse tranquilo... pero todavía sigue sintiéndose ese miedo psicológico de que tal vez uno se equivoque", sostuvo Harte. "Para poder decir que esto terminó, necesitamos un alivio fundamental en factores como el crecimiento del producto interno bruto, los precios de la energía o las tasas de interés, algunos fundamentos positivos a los que la gente pueda aferrarse".