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Baja del petróleo logró que 2016 fuera el año de la vuelta de la OPEP

Después de varios intentos fracasados y meses de debate, con la novedad del regreso de Irán y la inclusión de Rusia en la discusión, hubo un acuerdo que cambió el escenario

Los países productores acordaron un recorte en la producción para impulsar el precio del petróleo

Los países productores acordaron un recorte en la producción para impulsar el precio del petróleo

Después de un experimento de dos años con mercados libres, los precios bajos del petróleo obligaron a los más grandes productores mundiales a unir fuerzas en 2016 para abordar la superabundancia mundial.

Conforme a una propuesta de Arabia Saudita, la OPEP y países no miembro, especialmente Rusia, acordaron después de meses de debate y diplomacia extraoficial recortar la producción por primera vez desde la crisis financiera mundial.
Los precios parecían que alcanzarían los u$s 55 a fin de año -alrededor del doble del nivel más bajo en 13 años de u$s 27,10 por barril Brent registrado en enero-, dado que los fondos de cobertura se muestran más optimistas que nunca en relación con el petróleo. Cada vez más analistas e inversores creen que los recortes reducirán las reservas y equilibrarán la oferta y la demanda más rápido el año próximo.

Luego de un arduo proceso de un año, la OPEP reapareció en el escenario mundial y la geopolítica vuelve a prevalecer en la formulación de políticas referidas al mercado del petróleo.

"2016 nos mostró la vuelta de la OPEP", afirma Jason Bordoff en el Centro de Política Energética Mundial de la Universidad de Columbia. "En un cambio rotundo respecto de los últimos dos años, los miembros trabajaron juntos, dieron participación a países no miembro de la OPEP y sus esfuerzos culminaron en una resolución más determinante y seria de lo que esperaba la mayoría".

Esto reflejó el dolor causado por los bajos precios del petróleo. Los presupuestos de las naciones ricas en recursos habían desaparecido mientras que las petroleras internacionales recortaban miles de millones de inversiones en producción futura en un intento desesperado por seguir siendo rentables.

Hasta Arabia Saudita, que encabezó la movida del cártel en noviembre de 2014 para mantener las canillas abiertas y presionar a los competidores de alto costo, suavizó su línea dura. Desafió a otros grandes productores de petróleo a sumarse para recortar la producción, diciendo que apoyaría acciones para reforzar los precios si competidores de adentro o afuera del cártel, especialmente Rusia, los copiaban.

El escenario estaba dispuesto para el primer recorte de producción de la OPEP desde 2008 y la primera colaboración con Rusia y otros países no miembro en 15 años. Pero no estaba para nada claro que se alcanzaría un acuerdo.

Cuando Irán se preparaba para inundar un mercado del petróleo saturado en enero después de haber estado años bajo sanciones de Occidente, y la Agencia Internacional de la Energía advirtió que el mercado del petróleo podría "quedar tapado por la sobreoferta", el ministro de Energía de Rusia Alexander Novak dijo que estaba preparado para reunirse con la OPEP para debatir topes de producción.

"El primer paso en el camino a la recuperación es admitir que hay un problema", sostiene Yasser Elguindi de Medley Global Advisors. "El acontecimiento más importante de 2016 fue la capacidad de Arabia Saudita y Rusia de superar todas sus diferencias regionales y políticas e intentar fijar un piso para los precios del petróleo".

En febrero, ambos países -los exportadores de petróleo más grandes del mundo- llegaron a un acuerdo preliminar de congelar su producción de petróleo si otros grandes productores se sumaban al esfuerzo. El entonces ministro de Petróleo del reino Ali al-Naimi habló del "comienzo de un proceso", que duraría hasta diciembre.
Aunque las demostraciones públicas de apoyo de Rusia se hicieron más frecuentes, un acuerdo para recortar la producción aún parecía difícil de lograr.

Las conversaciones de abril en Doha sobre un acuerdo global para congelar la producción fracasaron a último momento a causa de Arabia Saudita, que exigió la participación de su feroz rival regional Irán. Teherán no estaba dispuesto a firmar un acuerdo aunque estaba centrado en impulsar la producción y hacer volver las exportaciones a los niveles previos a las sanciones. La cuadratura de ese círculo llevaría tiempo y pondría a prueba la determinación de la OPEP.
"La forma en que no llegaron a un acuerdo fue significativa, lo que sugiere que el conflicto saudí-iraní influyó", señala Bordoff. "Vino una llamada de arriba y nos recordó el papel de la geopolítica en el establecimiento de la política petrolífera".

En la siguiente reunión de la OPEP en junio, el cartel seguía dividido sobre cómo gestionar el mercado petrolero. El flamante ministro de Energía de Arabia Saudita, Khalid al-Falih, confidente cercano del poderoso príncipe heredero Mohammed, expresó públicamente la necesidad de "administrar el mercado" nuevamente.
Paul Horsnell, analista de commodities de Standard Chartered, sostiene que Falih cambió el relato del congelamiento de la producción a señalar recortes de producción. "Arabia Saudita pronto pensaría en restringir la producción".

Las conversaciones continuaron; sin embargo, Arabia Saudita, sus aliados del Golfo e Irak elevaron la producción a niveles récord. Rusia alcanzó un récord post-soviético.

"La OPEP y Rusia lograron emplear la intervención verbal para frenar los precios del petróleo, primero hablando de un congelamiento y recortes de niveles récord pero, al mismo tiempo, agregando 1,4 millones de barriles diarios de nuevo suministro a un mercado petrolero saturado", afirma Bob McNally de Rapidan Group, una consultora energética con sede en Washington.

Recién en septiembre, en Argel, la OPEP logró tejer un acuerdo preliminar para reducir la producción. Libia y Nigeria quedarían fuera mientras que Irán recibiría una dispensa especial. "Después de dos años y medio, la OPEP llegó a un consenso para manejar el mercado", señaló el ministro de Petróleo de Irán, Bijan Zanganeh.

Sin embargo, todavía quedaba más trabajo por hacer. Llevó meses terminar con la distribución de los recortes, un proceso importante pero complicado que implicó conversaciones secretas y la intervención de los niveles más altos de Rusia, Arabia Saudita e Irán.

Ávido por afirmar su influencia en Medio Oriente y ver precios del petróleo más elevados, Moscú dijo en privado que podría respaldar un acuerdo, pero que primero precisaba ver los compromisos de la OPEP.

En última instancia, no se habría llegado a un acuerdo si Arabia Saudita no hubiera presionado por lograrlo. La necesidad de precios más elevados del petróleo para sostener el gasto social y, lo que es más importante, financiar los planes de transformación económica del príncipe Mohammed para el futuro fue lo que eventualmente prevaleció.

A cambio de que el reino asumiera la mayor parte de las reducciones, Arabia Saudita exigió un límite formal a la producción de Irán, recortes de otros países miembros de la OPEP, incluido Iraq, un acuerdo sobre cómo calcular los recortes para garantizar el cumplimiento y, por último, asegurar la cooperación de Rusia. Todas sus condiciones se cumplieron, incluso cuando la OPEP tuvo que recurrir a algunas maniobras sofisticadas para inflar los números.
"Que la OPEP llegase a un acuerdo sorprendió a muchos en el mercado, ya que cada vez se descreía más de su capacidad de actuar en forma colectiva", afirma Amrita Sen de Energy Aspects.

"Aunque no esperamos que se cumpla el 100%, no debe quedar duda de que la OPEP está claramente de vuelta".

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