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Aunque crece el reemplazo de trabajadores por robots, las personas aún son indispensables

Si bien las máquinas eliminaron 5,6 millones de puesto de trabajo en Estados Unidos en los últimos 10 años, las personas comenzaron a trabajar en nuevos roles

Aunque crece el reemplazo de trabajadores por robots, las personas aún son indispensables

En los últimos meses, antropólogos estuvieron hurgando en las bases de la fuerza laboral de Estados Unidos en busca de una respuesta a una de las grandes preguntas de estos tiempos: ¿qué pasa con la mano de obra humana cuando llegan los robots?


Se puede esperar una respuesta muy deprimente. Si hay algo en lo que casi todos los economistas están de acuerdo, es que las tecnologías digitales están haciendo muchas tareas que alguna vez hacían los humanos.

La fabricación es un ejemplo particularmente dramático de esto. Un estudio llevado a cabo por la Universidad Estatal Ball sugiere que entre 2000 y 2010 se perdieron 5,6 millones de empleos en el sector industrial de Estados Unidos: casi nueve de 10 gracias a la automatización, no el comercio. Podría ser peor: McKinsey, una consultora, estima que 45% de las tareas que actualmente realizan los humanos podrían automatizarse, a medida que el patrón se extienda al sector de servicios. Esto equivale a u$s 2 billones en salarios anuales y millones de empleos.

Esto da miedo. Sin embargo, hay un giro intrigante. Cuando los antropólogos realizaron una "observación participante" entre trabajadores estadounidenses -es decir, observaron qué está sucediendo verdaderamente en la vida cotidiana de las personas, en vez de mirar estadísticas por encima- descubrieron una historia más compleja que lo que sugieren los números.

Sí, las máquinas están eliminando algunos puesto de trabajo para los humanos, pero las personas también están trabajando con robots en nuevos roles. Esta historia más optimista tiende a quedar eclipsada, pero merece mucha más atención, en especial cuando el presidente electo Donald Trump asuma su cargo el mes próximo.

Analicemos los hallazgos de Benjamin Shestakofsky, un antropólogo que pasó 19 meses dentro de una empresa californiana que utiliza tecnologías digitales para conectar a compradores y vendedores de servicios nacionales. Shestakovsky en un principio pensó que su investigación revelaría de qué modo las máquinas estaban reemplazando la mano de obra humana. Cuando llevo a cabo un análisis de base, se dio cuenta de que la empresa estaba creciendo tan rápido, con sistemas informáticos tan grandes y complejos, que cada vez hacían falta más seres humanos -no robots- para monitorear, gestionar e interpretar los datos. "La automatización del software puede reemplazar la mano de obra, pero también crea nuevos complementarios persona-máquina", reveló hace poco en una reunión de la Asociación Antropológica de Estados Unidos, y remarcó que las empresas "están creando nuevos tipos de puestos de trabajos".
 

Shreeharsh Kelkar, otro antropólogo, observó el mismo patrón en el sector educativo. Hasta hace poco se creía que el auge de herramientas educativas digitales restaría importancia a los maestros. Pero viendo a los educadores en acción, Kelkar descubrió que los maestros están trabajando con estas herramientas digitales para ser más eficientes. El asunto no es que las computadoras están automatizando tareas y eliminando puestos de trabajo, sino que "están surgiendo ensamblajes de personas y computadoras".

Una respuesta obvia es que no queda para nada claro si estas anécdotas son típicas, ni tampoco se sabe si estos nuevos "ensamblajes" de personas y máquinas crearán suficientes trabajos para contrarrestar los perdidos por causa de la automatización. Además, nuevos trabajos digitalizados pueden parecer menos atractivos que los viejos roles, ya que en general se estructuran como "trabajo contingente", con trabajadores autónomos que prestan servicios a pedido.