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Amnesia de inversores permitió la exitosa emisión de deuda argentina

La búsqueda de buenos rendimientos hizo que se soslaye que la compra de bonos por u$s 16.500 millones fueron emitidos por un país con una historia de incumplidor serial

¿Es la pérdida de memoria colectiva un riesgo ocupacional endémico que sufre la comunidad de administradores de fondos?
Vale la pena hacerse la pregunta a raíz del regreso de Argentina a los mercados de capitales internacionales la semana pasada, lo que fue posible gracias a una colocación de deuda por u$s 16.500 millones con rendimientos que van desde 6,25% para los títulos a tres años hasta 8% para el vencimiento a 30 años.
Por supuesto que es una buena noticia que el país ahora podrá resolver su larga disputa con los acreedores holdouts. Sin embargo, es tal la búsqueda del rendimiento en el mundo actual de bajos intereses que existe grandes probabilidades de que el riesgo de default se esté estimando de manera equivocada, especialmente a la luz de la historia.
Argentina ha sido un defaulteador serial de deuda externa, empezando por un impago en el año 1827, 11 años después haberse independizado de España. Banqueros e inversores londinenses invirtieron dinero en Argentina y otros países latinoamericanos en una desenfrenada búsqueda de rendimiento. El superávit de la cuenta corriente de Gran Bretaña creó un exceso de ahorro que dio lugar a enormes exportaciones de capital. La actual abundancia de ahorro es más generalizada desde en Japón y China hasta en Alemania, pero el paralelismo histórico sigue siendo claro.
El argumento detrás de la estampida de inversiones a principios del siglo XIX era que los fondos serían utilizados para apoyar la construcción de naciones en los países recién independizados y ricos en recursos. Posteriormente, el Banco de Inglaterra aumentó en mal momento las tasas de interés y precipitó el pánico del mercado. América latina era tan vulnerable al endurecimiento de la política monetaria –aplicado por el poder hegemónico global– como lo son actualmente los mercados emergentes ahora que Estados Unidos lleva la batuta mundial. Desde entonces, Argentina cayó en cesación de pagos en otras seis oportunidades.
En el siglo XIX, el default era menos doloroso para quienes invertían en países acreedores grandes debido a la diplomacia financiera "de cañonero".
Gran Bretaña invadió Egipto en 1882 y posteriormente Estambul, después de la cesación de pagos de Turquía en 1876, para obligarlos a cumplir los contratos de deuda. Incluso en el siglo XX los británicos forzaron a Terranova, la cual estaba irremediablemente sobreendeudada en los años ‘30, a abandonar su condición de reino democrático con autogobierno y aceptar la federación con Canadá.
Actualmente la opción de la "diplomacia de cañonero" no está disponible. Y sigue siendo difícil para los incumplidores seriales mejorar a una condición más estable, especialmente porque los flujos de capital son procíclicos y volátiles.
Por lo tanto, los inversores en Argentina han demostrado tener una notable sangre fría.
Algunos deudores soberanos han sido privados del acceso a los mercados de capitales internacionales durante décadas tras caer en default. Sin embargo, Argentina ha regresado recién catorce años después de una cesación de pagos por u$s 95.000 millones que, en su momento, fue la mayor de la historia. Lo que ha atraído a los inversores hacia su más reciente oferta de bonos –que brinda condiciones notablemente generosas– es que un gobierno terriblemente malo ha sido reemplazado por uno más favorable a los inversores que promete una mejor gestión económica.
También ayuda que los mercados emergentes vienen recuperándose después de un largo período de estancamiento. Mientras tanto, es difícil hacer acopio de optimismo a corto plazo sobre los países vecinos como Venezuela y Brasil, lo cual hace que Argentina luzca mucho mejor.
La búsqueda del rendimiento no es siempre irracional. Donde las aseguradoras han prometido retornos de ingresos garantizados para las pensiones, un mundo de tasas de interés bajas o negativas las obliga a seguir por este camino. Sin embargo, la búsqueda de rendimientos casi por definición implica una mayor insensibilidad ante el riesgo.
A fin de cuentas, el comportamiento de los mercados de bonos globales ilustra perfectamente la frase de Hegel, el filósofo alemán, que dijo: "Lo que la experiencia y la historia enseñan es que los pueblos y los gobiernos nunca han aprendido algo de la historia, ni se han conducido de acuerdo a los principios que se deducen de ella".