Lunes  18 de Noviembre de 2019

America Latina enfrenta la posibilidad de tener nuevamente "una década perdida"

Desde Chile hasta Bolivia, las revueltas en contra de los líderes de izquierda y los de derecha tienen su origen en el crecimiento mediocre y en la falta de suficiente inversión.

America Latina enfrenta la posibilidad de tener nuevamente "una década perdida"

"Esto se parece a una escena de la Segunda Guerra Mundial, acá mismo, en el corazón de Santiago". Felipe Alessandri, alcalde de una de las ciudades más prósperas de América Latina, observaba los restos quemados de la iglesia de Veracruz, de 170 años de antigüedad y ubicada en el centro de la capital de Chile, destruida en un incendio iniciado durante una huelga general el martes pasado.

Las llamas que consumieron a Veracruz son un vívido recordatorio de que las violentas protestas que se apoderaron de lo que fue el gran éxito económico de América Latina siguen desenfrenadas, pese a que el gobierno chileno prometió un gasto social adicional, un nuevo gabinete y una constitución nueva.

Algunos izquierdistas latinoamericanos aplauden lo que consideran una revuelta de las masas chilenas contra las fallidas políticas económicas del presidente Sebastián Piñera, un multimillonario conservador. Sin embargo, el levantamiento popular en la vecina Bolivia provocó la caída de un político que pertenece al otro extremo del espectro político.

Evo Morales, el primer mandatario indígena del país, huyó a México después de que su presidencia de 14 años colapsara la semana pasada en medio de una furia generalizada contra un fraude electoral, que desencadenó en violentos enfrentamientos entre sus partidarios y sus opositores.

Chile y Bolivia tienen niveles de riqueza y madurez política claramente opuestos, pero la agitación que sepultó a ambos sigue un patrón más general que se ha observado en América Latina este año.

Las protestas masivas han sacudido gobiernos en Ecuador, Haití, Honduras y Venezuela, el parlamento fue disuelto en Perú, un presidente de extrema derecha asumió el poder en Brasil, un candidato anti establishment ganó la presidencia en El Salvador y los votantes no le dieron la reelección a la actual administración en Argentina.

"América Latina está en pie de guerra, desde el cono sur hasta México", dijo Alberto Ramos, jefe de economía latinoamericana en Goldman Sachs en Nueva York. "Este sufrimiento es real y se viene gestando hace varios años."

Según Ramos, las economías débiles son las principales culpables: el crecimiento real del producto interno bruto (PBI) de la región promedió sólo 0,8% en los últimos seis años. "Considerando el crecimiento de la población, el PBI per cápita en realidad disminuyó", afirmó.

Los años ochenta se conocieron en América Latina como la "década perdida" después de que una crisis de deuda paralizó la economía regional. Para muchos países, la década actual corre el riesgo de repetir esa experiencia.

Los problemas comenzaron con el fin del auge mundial de los commodities en 2014. Los gobiernos latinoamericanos de la década anterior, predominantemente de izquierda, invirtieron generosamente para reducir la pobreza y redistribuir el ingreso, pero no lo hicieron de manera suficiente en áreas como infraestructura o educación para que sus economías fueran competitivas en tiempos más difíciles. El crecimiento se estancó y decenas de millones de ciudadanos que se habían unido a las clases medias en los buenos años vieron que sus beneficios se erosionaban y las perspectivas para el futuro se desdibujaban.

El sufrimiento sencillamente empeora. Este año y el próximo, América Latina será la región con el crecimiento más lento del mundo, según el FMI, que prevé una expansión económica de sólo 0,2% en 2019. El crecimiento para el África subsahariana este año se estima en 3,2%.

La implosión de Venezuela con el gobierno socialista de Nicolás Maduro es el factor más dramático. Más de 4,5 millones de refugiados huyeron después de un derrumbe económico que tiene pocos paralelos en tiempos de paz. No obstante, el desempeño de las demás economías de la región también es pésimo.

La ferocidad de los disturbios en Chile hizo sonar la alarma entre los observadores que, desde el fin de la dictadura de Pinochet en 1990, habían visto al país como el ejemplo a seguir en un continente también turbulento. El propio Piñera hizo la comparación en una entrevista con Financial Times el mes pasado. "Miren América Latina. Argentina y Paraguay están en recesión, México y Brasil sufren un estancamiento, Perú y Ecuador atraviesan una profunda crisis política y en este contexto Chile parece un oasis porque tenemos una democracia estable, la economía crece, estamos creando empleo, mejoramos los salarios y mantenemos el equilibrio macroeconómico", había afirmado.

Diez días después de esos comentarios se produjeron los disturbios en la capital y Piñera declaró el estado de emergencia, poniendo tropas en las calles en un vano intento por mantener la ley y el orden.

Mónica de Bolle, investigadora del Instituto Peterson de Economía Internacional en Washington, sostiene que la mejor explicación para la serie de repentinas explosiones sociales en América Latina este año es la "teoría del túnel" acuñada por primera vez por el economista de Harvard Albert Hirschman en los '70 para explicar la cambiante tolerancia a la desigualdad económica. Describe a los conductores que quedan atrapados en un embotellamiento dentro de un túnel.

"De repente, el carril de al lado comienza a moverse, pero el suyo no", continuó, parafraseando a Hirschman. "No hay ningún beneficio directo para ese conductor, pero sus expectativas aumentan de que su situación mejorará. Si su carril no avanza, las expectativas frustradas generan ira y deseos de rebelarse".

Latinobarómetro, una ONG con sede en Chile que analiza la opinión pública de la región, encontró el año pasado que la mayoría de los latinoamericanos veían su futuro económico más oscuro que en ningún otro momento de los 23 años que lleva el estudio. La proporción de personas que sentían que su país estaba progresando alcanzó un mínimo histórico de sólo 20%, mientras que el 48% consideraba que se había estancado y el 28% que estaba retrocediendo.

Irónicamente, las dos naciones con los sentimientos más positivos sobre su progreso económico fueron Bolivia y Chile, donde el crecimiento ha sido más sólido que el promedio regional en los últimos años.

Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, dice que es fácil tener la impresión de que los problemas de América latina son puramente económicos. "Pero va mucho más allá de eso", aseguró. "También hay problemas de desigualdad, de control político y de corrupción, lo que es fatal para la democracia."

A esta mezcla tóxica se agrega que el descontento se propaga rápido y las protestas se organizan fácilmente y sin costo alguno a través de las redes sociales. América latina tiene la mayor proporción de usuarios activos de medios sociales; y a los grupos de WhatsApp se les atribuye un rol central en las victorias anti establishment de figuras como el líder de ultraderecha Jair Bolsonaro en Brasil el año pasado.

En medio de esta desilusión generalizada, el apoyo a la democracia en Latinoamérica, una región que durante mucho tiempo estuvo plagada de golpes militares, se redujo a 48% el año pasado, su nivel más bajo de todos los tiempos.

Lagos señala que sólo un presidente de un país importante de la región, el populista de izquierda Andrés Manuel López Obrador, goza de un índice de popularidad superior a 50%, y aún no lleva un año en el cargo.

De Bolle compara las protestas chilenas, desencadenadas por un pequeño aumento de las tarifas del subte, con las grandes manifestaciones que asolaron Brasil en 2013. Éstas últimas también comenzaron con una protesta contra un alza de las tarifas de transporte público, pero rápidamente se transformaron en un movimiento más amplio y violento contra la mala calidad de los servicios. "No hay liderazgo, es un movimiento espontáneo que nace de las frustraciones, por lo que es contra todo", explicó. "Está la idea de que hay algo mal en el sistema, pero nadie sabe exactamente lo qué es."

Nicholas Watson, director de la consultora Teneo para América latina, cree que si bien las protestas en Bolivia, Ecuador y Chile fueron provocadas por problemas locales específicos, también hubo factores comunes. "Lo más importante es la existencia de un acuífero más profundo de frustración y descontento debido a que los beneficios obtenidos durante el auge de los commodities han disminuido o desaparecido", escribió en una reciente nota.

De Bolle ve una tendencia a rechazar a quienes ocupan los cargos en corrientes a veces contradictorias. "Si hay elecciones, la gente expulsa a los que no han cumplido, ya sean de izquierda o de derecha", afirmó. "Y están votando a alguien que promete hacer las cosas de manera diferente... Pero eso no necesariamente ayuda a resolver nada".

Traducción: Mariana Oriolo

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