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Al PP y el PSOE les conviene una tercera elección en España

Una nueva votación permitiría a Rajoy armar un gobierno estable con una mayoría parlamentaria que funcione. Los socialistas podrían desplazar a Podemos

Otro largo y caluroso verano español está llegando a su fin. La nueva temporada de fútbol está en marcha, las escuelas empezaron nuevamente las clases, los oficinistas regresan a sus escritorios. La vida vuelve a la normalidad: todo está como debería ser.
Excepto, por supuesto, en un lugar de vital importancia para el futuro político de España: el fragmentado, dividido, disfuncional y cada vez más efímero Parlamento.
La semana pasada, se presentó a la legislatura española una nueva oportunidad para poner fin a los ocho meses de paralización política que sufre el país. Sin embargo, otra vez no se obtuvo el respaldo necesario para que un candidato encabece un gobierno nuevo.
Mariano Rajoy, el primer ministro en funciones y líder del conservador Partido Popular (PP), se quedó corto en la votación final del viernes, tal como ocurrió con Pedro Sánchez, su rival socialista, en marzo.
A menos que los líderes de los partidos aparezcan con una idea radicalmente nueva en los próximos dos meses, el Parlamento será disuelto, lo que preparará el camino hacia otra votación nacional.
Sería la tercera elección general que tiene España en el espacio de un año –un fracaso sin precedentes para una democracia de cuatro décadas. En Madrid y más allá, el tono de los debates políticos ahora oscila entre la confusión, el aburrimiento, la preocupación y una genuina angustia. El temor es a una "italianización" de la política española, con frecuentes cambios de gobierno y poca esperanza de mayorías estables y alianzas sólidas. Algunos creen que el país está empezando a ser ingobernable.
Sin embargo, en medio de tanta consternación, es evidente una verdad que subyace el estancamiento político: si los principales líderes del país ahora caminan sin prisa hacia una tercera elección, debe ser porque sienten que tienen poco que perder –y posiblemente mucho que ganar– si hay otra votación.
Pensemos en el partido socialista (el Partido Socialista Obrero Español o PSOE). En los últimos dos años, la tradicional voz de la centroizquierda española perdió millones de votos a manos de Podemos. El nuevo partido anti austeridad critica despiadadamente al PSOE, describiéndolo como parte de un cartel político corrupto y cansado, apenas diferente al PP. Es esa línea de ataque –y la evidente repercusión que encontró entre los votantes– lo que explica la actual postura de los socialistas.
La firme negativa de esa agrupación a apoyar la propuesta de Rajoy para otro mandato tiene como objetivo dar una clara señal a los votantes de izquierda: después de todo, se puede confiar en que el PSOE encabezará el ataque contra los conservadores de España. No hay necesidad de otro partido de izquierda más radical.
Dentro del PSOE crece la confianza de que su posición poco comprometida está ayudándolo a ganar la batalla con Podemos. Con los líderes de Podemos esforzándose por contener todo tipo de peleas internas, otra nueva elección los encontraría en un momento difícil. Eso podría terminar relegando a Podemos, que de ser una seria amenaza para el PSOE pasaría a ser apenas otro partido de extrema izquierda. Para los socialistas de España, es ahí donde se libra la batalla ahora: en la izquierda, contra Podemos, y no en el centro, contra el PP.
Pero también el PP tiene razones para enfrentar una nueva votación con esperanzas. Fue el único partido que aumentó su porción de votos entre la primera y la segunda elección. Como el partido más grande del Parlamento, estaría bien posicionado para atraer votantes que quieren un gobierno fuerte, y se han cansado de la fragmentación de la política española.
Con el PP, que controla 137 de los 350 escaños del Parlamento, cerca de una docena de otros diputados podrían hacer la diferencia. Con su actual solidez, Rajoy puede, como mucho, tener esperanzas de encabezar un gobierno de minoría inestable que enfrentará una hostil mayoría en el Parlamente desde el día uno. Después de diciembre, el PP podría armar un gobierno razonablemente estable con una mayoría parlamentaria que funcione.
No hace falta decir que la nueva fluidez de la política española podría burlarse de esos cálculos. La suerte política de Rajoy fue enterrada, desenterrada y vuelta a enterrar tantas veces este año que cualquier predicción sobre su futuro –o el de sus rivales– está plagada de riesgos.
Sin embargo, el consenso emergente entre los funcionarios y analistas españoles es que cada vez es más probable que haya una tercera elección. Y parece que a los dos principales partidos políticos de España les viene bien esa posibilidad.

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