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Acuerdo UE - Mercosur corre riesgo de ser simbólico

Acuerdo UE - Mercosur corre riesgo de ser simbólico

Se ve en estos días cómo caminan con energía muchos de los funcionarios de la Unión Europea. De la mano de la buena salud que ahora muestra la economía europea, Bruselas parece decidida a fijar las normas del comercio internacional después de durante años ser considerado el rezagado proteccionista del gobierno global.

Donald Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), lo que debilitó el rol del país como líder de la región con mayor actividad comercial en el mundo. Los planes de infraestructura y los acuerdos comerciales de China se circunscriben a su propio modelo económico orientado a la manufactura.

Tras el acuerdo con Canadá del año pasado, la Unión Europea hace poco alcanzó un entendimiento con Japón, su sexto socio más importante. Sus estados miembro quieren demostrar que pueden restar importancia a la molestia menor que significa el Brexit y seguir avanzando, mientras que países como Japón -que pierden las esperanzas de entender a Washington en el corto plazo- tienen cada vez más interés en acordar con Bruselas.

Entonces, es una decepción que la Unión Europea también se muestre dispuesta a cerrar acuerdos de poca importancia sólo para anotarse puntos simbólicos. Un ejemplo es el Mercosur, la unión aduanera latinoamericana cuyos miembros plenos son Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, y con quienes la Unión Europea mantiene conversaciones intermitentes desde 1999.

Dentro del Mercosur, si bien mantiene un arancel externo común, hay peleas internas y se formaron bloques comerciales entre sus miembros. Aunque son enormes exportadores agrícolas, Brasil y Argentina a menudo se muestran a la defensiva y proteccionistas en las áreas de manufacturas y servicios.

Desde el punto de vista del Mercosur, se abrió una ventana de oportunidad. Venezuela, que hizo poco por aumentar la credibilidad del bloque desde que se incorporó en 2012, fue suspendido debido a su crisis económica y política. Argentina, cuya tradición peronista genera sospechas sobre la liberalización del comercio, se encuentra bajo una inusual presidencia de libre mercado encabezada por Mauricio Macri. Si los gobiernos del Mercosur pueden acordar una oferta colectiva, la Unión Europea probablemente la acepte y firme un convenio rápido y fácil, quizás hasta este mismo año.

Tal acuerdo definitivamente será un golpe político. Pero es demasiado probable que se trate de un pacto cosmético con poca liberalización real. Phil Hogan, comisionado de agricultura de la Unión Europea, dijo la semana pasada que el Mercosur no puede esperar un acceso mucho mayor al mercado europeo de carne vacuna o etanol de caña de azúcar, dos exportaciones súper competitivas del bloque. A su vez, no hay muchas probabilidades de que los países del Mercosur hagan algo por abrir sus protegidos mercados de servicios o productos manufacturados, o por endurecer sus reglas de patentes para productos farmacéuticos.

Esta es una oportunidad desperdiciada. Si la Unión Europea quiere ganar credibilidad como regulador global, debe asegurarse de que cada uno de sus acuerdos comerciales impliquen una diferencia significativa. En particular, Bruselas limitará su impacto considerablemente si evita incluso firmar convenios importantes con exportadores agrícolas competitivos.

El modelo detallado y complejo que aplica Estados Unidos para los acuerdos comerciales tiene muchas falencias, pero la inconsistencia y la falta de ambición no están entre ellas. Si Bruselas quiere desplazar a Washington como líder del comercio mundial, debe buscar calidad y cantidad. Un plan sustancial que permita que exportaciones agrícolas latinoamericanas entren en la UE a cambio de productos manufacturados y servicios que van para el lado contrario sería un logro verdaderamente impresionante. Un acuerdo superficial firmado por dos bloques comerciales adversos al riesgo y desesperados por apenas anotarse un triunfo simbólico, no lo sería.