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Abandonar la UE no será un simple "copy-paste"

En los próximos dos años el gobierno de Theresa May emprenderá uno de los ejercicios de copy-paste más grandes de la historia, dado que la totalidad de la legislación de la UE será incorporada al derecho británico, y el original será derogado.

La Great Repeal Bill (Gran Ley de Derogación) es una maniobra necesaria. Permitirá que el Reino Unido haga la transición hacia el Brexit sin el shock de que miles de normas repentinamente desaparezcan, dejando en su lugar vacíos legales y económicos.

Eso será más que una tarea burocrática, de rutina y de gran escala. Las fotocopiadoras y el líquido corrector -o para los empleados públicos más modernos, las combinaciones de teclas Ctrl-c y Ctrl-v- no serán suficientes. La experiencia muestra la vasta complejidad que implica operar una economía moderna, y en qué medida las actividades de toda la economía se rigen por un entramado internacional de tratados, agencias y leyes.

May es sumamente conciente de las quejas provenientes de los Brexiters de línea dura, ansiosos por deshacerse de la mayor parte del caparazón europeo y lo más rápido posible. Ella debe resistir a esa presión y mantener al Reino Unido bajo la protección de agencias de la UE el tiempo que se necesario para garantizar una transición suave.

Tras cuarenta años siendo miembro de la UE, la economía británica se rige por miles de regulaciones. Algunas simplemente no se pueden convertir en ley británica, especialmente cuando están involucradas agencias regulatorias particulares. La organización de empleadores CBI estimó que el Reino Unido quizás necesite crear equivalentes locales de 34 órganos de la UE.

Algunas de las agencias serán difíciles de reproducir. En tecnología nuclear, por ejemplo, el Reino Unido dijo que mantendrá a Euratom -una agencia separada de la UE, pero gobernada por la Corte Europea de Justicia. Pero si bien Gran Bretaña aún cumple con las normas de Euratom, no recibirá los beneficios de la cooperación en investigación a menos que también replique los acuerdos que Euratom tiene con otros gobiernos del mundo.

De forma similar, la industria aerocomercial del Reino Unido se verá perjudicada si Gran Bretaña abandona el Área de Aviación Común Europea sin primero negociar los mismos derechos con otros gobiernos sobre el uso del espacio aéreo internacional. Los químicos, las ciencias de la vida, la medicina -y la lista sigue. Las agencias de todas esas áreas serán caras y difíciles de crear.

Hay que decir que el gobierno es conciente de esos problemas y ha señalado que seguirá rigiéndose por la regulación de las autoridades de la UE donde sea necesario durante el período de transición posterior al Brexit. En algunas áreas quizás sea posible eludir el gobierno legal, elaborando algún tipo de mecanismo de resolución de disputas que sea nominalmente independiente de la Corte Europea de Justicia pero que tiene en cuenta sus fallos. En otras, dicho tribunal seguirá siendo el cuerpo supremo.

Pero cuanto más tiempo lleve la transición, más se quejarán los euroescépticos de línea dura de que Gran Bretaña sigue atada a las reglas de una unión que se votó abandonar. May debería dejarlos quejarse. No vale la pena arriesgarse a tener una salida caótica y confusión legal. Donde sea posible, el Reino Unido debería mantenerse bajo jurisdicción de la Corte Europea de Justicia directa o indirectamente, y no arriesgarse a dañar la economía.

En cuanto a la implementación de la ley, el tamaño de la tarea desafortunadamente requiere que la mayor parte de ella se inicie por regulación, y no legislación primaria con total control parlamentario. Sin embargo, el gobierno debe comprometerse a ser lo más transparente posible con las decisiones que tome.

Por supuesto que la UE tiene sus propios electorados que cuidar, incluyendo un significativo elemento que quiere que el Reino Unido se vaya lo antes posible y que considera como oportunismo el uso continuo de las agencias reguladoras de la UE. Para calmar la facción, la UE querrá una planificación firme de la transición, no solo una vaga sensación de que Gran Bretaña seguirá operando según las normas de la UE mientras le convenga.

De hecho, sigue abierta la pregunta sobre qué viene después del período de transición para las nuevas agencias regulatorias. Si ellas simplemente copiarán lo que están haciendo las organizaciones de la UE, tiene poco sentido el Brexit. Pero si empiezan a diferenciarse significativamente, cualquier compañía británica que exporte a la UE tendrá que cumplir con dos juegos de regulaciones.

Para el Reino Unido serán difíciles los próximos dos años, tendrán que negociar tanto el marco definitivo del Brexit y casi seguramente un acuerdo de transición para llegar ahí. El gobierno debe hacer el máximo esfuerzo por asegurarse de que sea la tecnocracia, y no la ideología, lo que guíe sus decisiones.

Traducción: Mariana Inés Oriolo

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