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A los inversores no debe importarles qué candidato ganará en EE.UU.

No es inteligente creer que los candidatos van a hacer gran parte de lo que prometen. El Congreso será difícil y no dará margen de maniobra a ninguno de los dos

A los inversores no debe importarles qué candidato ganará en EE.UU.

Pronto sabremos quien será el próximo presidente de Estados Unidos. No hay garantías, pero salvo que suceda algo descabellado, probablemente gane Hillary Clinton.

Gallup empezó a hacer encuestas para elecciones presidenciales en 1936, y desde entonces cuando un sondeo toma una dirección en septiembre u octubre, ese candidato casi siempre prevalece. La excepción es Ronald Reagan en 1980, que dio vuelta las encuestas y superó en cuatro puntos los resultados de las últimas y ganó.

Pero el déficit de Donald Trump supera el de Reagan. Trump habla de "votantes tímidos" que no admiten públicamente que lo apoyan (similar a los "tories tímidos" británicos antes de las últimas elecciones generales) pero sorprendería que haya suficientes como para revertir el inmenso déficit. Los demócratas normalmente superan las cifras de los últimos sondeos, pero los republicanos rara vez lo hacen –sucedió apenas cuatro veces. Aunque las encuestas se hayan emparejado en las últimas semanas, todavía sería una gran sorpresa si Trump llega a la Casa Blanca. Quizás la reapertura de la investigación del FBI vinculada Clinton sea esa sorpresa. ¡Siempre hay una primera vez! Y éste es un año excepcional. La historia y el impulso señalan que Clinton va a ganar –pero yo no estoy prediciendo el resultado.

Pase lo que pase, creo que los mercados pueden esperar para 2017 sólidos retornos de las inversiones.

Primero, algo de historia. Normalmente las acciones tienen problemas en los años en que Estados Unidos elige a un demócrata, promediando sólo 7,4% porque los inversores temen a una plataforma anti mercado, anti negocios y pro regulación. Pero para el año siguiente esperan promediar 16,2% dado que el próximo presidente es menos malo de lo que temían –una sorpresa positiva.

Si Clinton es la ganadora, hay probabilidades de que ella no sea tan mala como se teme, de ahí que los mercados tendrán una feliz sorpresa en 2017. Si Trump triunfa, probablemente ocurra lo mismo. Él es un republicano que los mercados tratan como si fuera demócrata. Muchos en el mundo de las inversiones le tienen pavor. Sus comentarios anti comercio asusta a las empresas norteamericanas. Ningún CEO de las compañías incluidas en el ránking Fortune 100 lo apoya.

Los precios de las acciones tienen en cuenta todo eso y si la victoria es para él, probablemente eso no cambie cuando asuma el poder. Los temores aplacaron los retornos registrados desde comienzo de año hasta la fecha. Pero la sorpresa positiva debería impulsar los mercados el año próximo, cuando el nuevo presidente no pueda hacer demasiado.

Una vez escuché que Ronald Reagan decía que los grandes presidentes lograban hacer tres o cuatro cosas importantes en un mandato de cuatro años. Si no son muy capaces, los logros son aún menos. Si el capital político se malgasta en estupideces y peleas partidarias, quizás no consigan nada.

Si Trump es presidente no va a tener poder para que los legisladores republicanos bloqueen el comercio, construyan muros y metan más la pata con el código impositivo para las empresas. Muchos están ahora enfrentados a él y seguirán estándolo. Si gana Trump, habrá un estancamiento dentro del partido.

El Congreso también atará las manos de Clinton si triunfa en las elecciones. Los demócratas probablemente no tengan mucho poder en el Congreso. Quizás consigan una pequeña mayoría, pero no será suficiente para lograr demasiado.

Los demócratas tenían una inmensa mayoría en los primeros dos años de la presidencia de Obama, pero todo lo que él consiguió fueron moderadas reformas en las áreas de salud y finanzas. Los demócratas tenían mayores márgenes cuando fueron electos Bill Clinton, Jimmy Carter, Lyndon Johnson y Kennedy. Si a los mercados les fue bien en aquel entonces, seguramente les irá bien en 2017, con menos poder en el Congreso y un presidente que haga menos. Aunque Clinton sea un desastre, y no pueda conseguir mucha legislación sobre presupuestos, programas y políticas, aún sería una sorpresa positiva.

La gran estupidez de los inversores es confiar en la palabra a los presidentes, creyendo que van a hacer gran parte de lo que prometen. Recuerden lo que decía Reagan: los presidentes no pueden hacer mucho más que una pocas cosas importantes. Una será la gran sorpresa que darán los mercados el año próximo. Créanme.