La misteriosa nueva inversión de Warren Buffett que tiene a todos intrigados

Muchos especulan con la posibilidad de que el oráculo de Omaha desempeñe un papel en el renacimiento de un ícono japonés.

Durante los últimos tres días, brokers, inversores y otros expertos especializados en Tokio han participado en una vigorosa batalla de 'Buffett a ciegas': un juego de salón en el que los participantes intentan adivinar lo que el fundador de Berkshire Hathaway, Warren Buffett (92 años) podría estar planeando comprar, esta vez en Japón.

Es una búsqueda satisfactoria porque, a diferencia de otros juegos tradicionales basados en la Bolsa de Tokio, éste tiene muchas posibilidades de producir un resultado real.

El último giro de 'Buffett a ciegas' ha sido desencadenado por la combinación de una rara visita a Tokio del propio Buffett, y por varias declaraciones intrigantes hechas en entrevistas de prensa desde su llegada.

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Buffett, aprovechando las tasas de interés ultrabajas de Japón, ha recaudado algo más de un billón de yenes (u$s 7,5 mil millones) a través de cinco rondas separadas de emisión de deuda desde septiembre de 2019. Ahora dice que planea una sexta, de ahí toda la rosca especulativa.

En tres ocasiones desde agosto de 2020, Buffett ha comprado y ampliado participaciones en las cinco mayores casas de trading de Japón: Mitsui, Mitsubishi, Sumitomo, Marubeni e Itochu. Berkshire posee ahora exactamente el 7,4% de cada una de ellas, que, en combinación, ofrecen tanto un pantallazo como una perspectiva de toda la economía japonesa y su propensión a hacer negocios.

Buffett ya ha dicho que, en teoría, podría aumentar su participación hasta el 9,9%. Pero también insinuó algo más. Dijo que le "encantaría" que una de las cinco empresas le propusiera asociarse con él en algún gran negocio. Dado que gran parte del negocio de estas empresas está relacionado con la energía, y que Buffett es una especie de inversor supremo en este campo, es vergonzoso que no lo hayan hecho ya.

Pero Buffett también le dijo a Nikkei que, aunque las cinco casas comerciales son las únicas acciones japonesas que posee actualmente, siempre hay otras en las que está pensando invertir. ¡Zing! Para la Bolsa de Tokio, sin rumbo, y para los brokers, agotados por meses de inversores extranjeros que hablaban sobre Japón pero seguían siendo vendedores netos del mercado, llegó la salvación de lo alto.

Los algoritmos de las plataformas de trading online hicieron rebotar a los inversores minoristas en torno a varias ideas de compra de Buffett, como empresas ferroviarias y de servicios públicos. El estratega jefe de Mizuho Securities sugirió que los tres megabancos japoneses, Hitachi y los fabricantes de equipamiento para chips eran objetivos viables. Incluso incluyó a Nintendo. Los brokers de CLSA ampliaron la red y sugirieron empresas de almacenamiento, silvicultura y medios de comunicación.

Pero la posibilidad realmente interesante, sugerida por al menos dos personas que han trabajado con Berkshire Hathaway en el pasado, es que Buffett intente desempeñar un papel en la financiación de la propuesta de compra de Toshiba por u$s 15.000 millones por parte del grupo nacional de capital riesgo Japan Investment Partners (JIP) .

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La oferta de JIP, que cuenta con el respaldo de 17 empresas y seis instituciones financieras, no sólo sería la mayor compra jamás realizada en Japón, sino que cerraría una saga excepcionalmente penosa para el conglomerado de 147 años de antigüedad. Aunque no está nada claro que el futuro de Toshiba esté más garantizado en manos privadas que como empresa que cotiza en Bolsa, la aparición de un inversor financiero a largo plazo y con mucho dinero que entienda este tipo de empresas y tenga paciencia para darles la vuelta podría, en teoría, funcionar muy bien.

Dada la extraordinaria sensibilidad política que rodea a Toshiba -desempeña un papel clave en los sectores de defensa, infraestructuras energéticas y nuclear-, Buffett tiene la oportunidad de comprar una porción asombrosa de fondo de comercio [goodwill] para participar en el renacimiento de un icono nacional y con yenes prestados a bajo precio.

Aunque no ocurra nada de eso, la especulación en torno a la idea es saludable. Japón necesita inversores como Buffett más de lo que se suele creer.

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