¿Por qué los ricos en ingresos sienten que son pobres en tiempo?

Las personas de altos ingresos tienden a pensar que están más ocupadas. En su libro, "Spending Time", el economista Daniel Hamermesh analiza el "estrés del tiempo"

Ganar más dinero te ahorrará tiempo? ¿O te hará sentir más apresurado que nunca? Estos días comencé a reflexionar sobre esta pregunta porque un amigo me desafió a averiguar si la pobreza de ingresos y la pobreza de tiempo van de la mano.

Hay personas pobres en dinero y pobres en tiempo, que combinan múltiples empleos y horas extra con el cuidado de los niños y pierden horas preciosas en largos viajes. Hay personas pobres en efectivo y ricas en tiempo, jubilados o buscadores de empleo que no saben cómo llenar su día. Pero, en promedio, ¿las personas más ricas, están más o menos ocupadas que las que tienen menos dinero?

En un punto al menos la evidencia es clara: ya sea que las personas con altos ingresos estén más ocupadas o no, ellas sí piensan que lo están. En un próximo libro, "Spending Time" (que se puede traducir como "Pasando Tiempo" o "Gastando el Tiempo"), el economista Daniel Hamermesh analiza el "estrés del tiempo", que se mide no por su uso diario, sino por encuestas donde se les pregunta a las personas con qué frecuencia se sienten "apuradas" o "presionadas por el tiempo".

Los nuevos padres, especialmente las nuevas madres, tienen más probabilidades de quejarse del estrés del tiempo. Lo mismo las personas que trabajan más horas. Pero ¿qué pasa con los ingresos? El profesor Hamermesh encuentra que "las personas que siempre o con frecuencia se sienten estresadas registran las ganancias más altas Las ganancias fueron más bajas entre los no estresados ?". El dinero va de la mano con la sensación de que no hay suficientes horas en el día.

Esto no es solo por la razón obvia de que las personas de altos ingresos pasan más tiempo realizando trabajo remunerado, aunque en promedio lo hacen. (También duermen menos y ven menos televisión). Considerando personas que trabajan las mismas horas, tener un ingreso más alto por hora está correlacionado con sentirse presionado por el tiempo. Incluso personas que no realizan ningún trabajo remunerado se sienten más apresuradas si tienen más dinero.

A primera vista, esto tiene poco sentido: para cualquier carga de trabajo dada el dinero parecería ser un ahorro de tiempo. Por lógica, sí. Pero sicológicamente, no. Parece que las personas con más dinero encuentran más cosas que hacer con su tiempo y, por lo tanto, sienten más presión de tiempo.

Por ejemplo, alguien con dinero de sobra puede reservar funciones para el teatro, mesas en restaurantes de lujo e inscribirse en cursos personalizados. Con menos efectivo, las opciones más baratas, como mirar televisión o leer un libro, parecen más prácticas. Un diario de uso del tiempo registraría todas estas actividades como "recreativas", pero recostarse en casa con un libro no solo es más barato que ir al teatro, sino que provoca menos sensación de estrés de tiempo.

No estoy diciendo que deberíamos derramar una lágrima por el millonario que siente que no tiene suficientes horas en el día para gastar todo su dinero. Pero tal vez no debería sorprendernos que estos sentimientos sean comunes entre las personas más ricas.

Otra perspectiva proviene de comparar los niveles de educación con la forma en que las personas pasan su tiempo durante una semana, como lo han hecho los economistas Orazio Attanasio, Erik Hurst y Luigi Pistaferri.

Las personas con más educación, por ejemplo, más de doce años, tienden a ser más ricas. ¿Pero también tienden a estar más ocupados? Así parece. Tenemos encuestas en Estados Unidos entre 1985 y 2005 que muestran que las personas con menor nivel educativo tienen más tiempo libre que las personas con mayor nivel educativo. (También tuvieron más tiempo libre en 2005 que en la década de 1980). En contraste, el grupo más educado, que ya tenía menos tiempo libre en la década de 1980, ha estado cada vez más ocupado.

Aquí también hay una dimensión de género. Tanto en la década de 1980 como en la de 2000, las personas con menos tiempo de ocio eran mujeres con un alto nivel de educación, mientras que las que tenían más tiempo para matar eran hombres menos educados.

La brecha entre estos dos grupos se ha ampliado. Mientras que los hombres menos educados han ganado 2,5 horas de tiempo de ocio por semana (a un total de 39 horas), las mujeres más educadas han perdido dos horas a la semana (lo que lleva a un total de 30 horas). Las mujeres también se sienten más estresadas con el tiempo que los hombres, incluso después de ajustarse por otros factores.

Todos estos promedios, por supuesto, ocultan una gran variación. Las 2,5 horas extra de ocio a la semana que los hombres menos educados han obtenido suenan bastante agradables. Pero detrás de ese promedio hay una creciente minoría con 60, 80 o 100 horas a la semana de "tiempo libre", mejor descrito como "desempleo". Aunque la investigación sugiere que a algunos jóvenes no les importa el desempleo, ya que los juegos de computadora ahora son tan geniales, la mayoría de la gente lo detesta.

Entonces, aunque hay muchas personas que se tienen que esforzar realizando muchos trabajos de ocasión, haciendo malabarismos para cuidar a sus hijos y perdiendo tiempo en largos desplazamientos, la evidencia general muestra que los ricos son pobres en tiempo y los pobres son ricos en tiempo.

¿Es esto una compensación por las otras inequidades de la vida? Probablemente no, aunque depende de cuánto disfrute de su tiempo libre y de si disfruta de su trabajo. Los estudios recientes de personas que realizan trabajos ocasionales o turnos con horarios irregulares encuentran que a muchos les encanta la flexibilidad, pero muchos otros odian la incertidumbre o quieren más trabajo.

Las investigaciones sobre la felicidad muestran que las personas, en promedio, tienden a preferir el ocio al trabajo. Por otro lado, también muestran que estar desempleado es completamente horrible. "Apostaría a que la mayoría de las personas elegirían sentirse pobres de tiempo que pobres de ingresos", dice el profesor Hamermesh. Es difícil estar en desacuerdo.

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