Economía sostenible

Bill Gates: mi manifiesto verde

El filántropo multimillonario ofrece cuatro audaces ideas para ayudar a las empresas a afrontar la crisis climática

En las conversaciones que tengo sobre el cambio climático, hay una pregunta que siempre surge: "¿Cómo puedo ayudar?"

A veces es un individuo que simplemente quiere saber si debe dejar de comprar sorbetes de plástico. (Respuesta: no contribuye mucho en la lucha contra el cambio climático, pero ayuda al medio ambiente de otras formas). Sin embargo, con la misma frecuencia, la pregunta proviene de alguien que trabaja a mayor escala. Por ejemplo, un director ejecutivo quiere saber: "¿Qué puede hacer mi compañía que realmente marque la diferencia?"

Desafortunadamente, incluso los más dedicados activistas contra el cambio climático tienen dificultades para encontrar respuestas satisfactorias a esa pregunta. Pero, de hecho, hay cosas que las empresas pueden hacer para marcar una diferencia cuantificable en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, esas cosas no serán fáciles. Evitar un desastre climático requiere una forma diferente de hacer negocios, el coraje para asumir riesgos que muchos directores ejecutivos no están acostumbrados a correr y que los inversores no están acostumbrados a recompensar.

Me tomó años llegar a este punto de vista. Me interesé en el cambio climático no como ambientalista, sino como defensor de la salud y el desarrollo global.

Desde principios de la década de 2000, mi esposa Melinda y yo hemos financiado esfuerzos para mejorar la salud y combatir la pobreza en países de ingresos bajos y medianos. Algunas veces al año, viajaba al extranjero para tener la oportunidad de ver el trabajo en acción. Con frecuencia, cuando volaba a un país de noche, me impresionaba la inmensidad de la oscuridad. Me enteré de que mil millones de personas no tenían acceso a servicios de electricidad confiables. Aproximadamente la mitad de ellos vivían en el África subsahariana. (Hoy en día, la cifra mundial es cercana a 860 millones de personas).

Se hizo evidente que sería prácticamente imposible lograr avances reales contra las enfermedades y la pobreza si más de una de cada 10 personas en la Tierra no tenía acceso confiable a todos los beneficios de la energía: luces para escuelas y clínicas de salud, transporte entre el trabajo y el hogar, fertilizante para cultivos e incluso aire acondicionado para soportar el aumento de las temperaturas.

Pero lograr un estilo de vida moderno depende de los combustibles fósiles. Y el problema es simple: no podemos permitirnos emitir más gases de efecto invernadero. De hecho, debemos dejar de emitirlos por completo y hacerlo para el año 2050. Piensa en el clima como una bañera que se llena lentamente de agua. Incluso si reducimos el flujo de agua a un goteo, la bañera eventualmente se desbordará. Para detener el aumento de la temperatura y evitar un desastre, tenemos que cerrar la canilla por completo; tenemos que llegar a cero emisiones de gases de efecto invernadero.

Escribí mi nuevo libro para proponer un plan práctico para eliminar las emisiones y desarrollar e implementar las herramientas que necesitamos para hacerlo. Aunque soy optimista de que podemos lograrlo, requerirá mucho esfuerzo por parte de los únicos grupos capaces de operar a escala mundial: gobiernos, organizaciones sin fines de lucro y empresas. 

¿Qué tan difícil será? En "Cómo evitar un desastre climático", desarrollé una forma de responder esa pregunta. Yo las llamo Primas Ecológicas: las diferencias de costo entre una forma de hacer algo basada en combustibles fósiles y la forma limpia y sin emisiones de hacer lo mismo.

Las Primas Verdes (primas ecológicas) nos dicen cuánto costará reducir las emisiones a cero en todos los sectores de la economía en los que intervienen los combustibles fósiles, incluyendo la generación de electricidad, la actividad industrial, la agricultura, el transporte, y la calefacción y la refrigeración. Armados con estas Primas Verdes, podemos ver qué herramientas de cero emisiones de carbono son prácticas ahora y cuáles aún necesitamos mejorar o inventar.

En mi investigación, encontré algunas sorpresas agradables. Por ejemplo, en EE.UU., el cambio a una red eléctrica limpia que utilice la tecnología actual (eólica, solar, hidroeléctrica y nuclear) elevaría los precios de la electricidad en aproximadamente 15% con respecto a las tarifas minoristas actuales. Ése es un aumento relativamente pequeño para muchas personas - cerca de u$s 18 al mes - aunque tendríamos que asegurarnos de que eso no agobie a las familias de bajos ingresos. Europa, con sus abundantes fuentes de energías renovables, se encuentra en una situación similar.

Desafortunadamente, muchos países no tienen tanto viento y luz solar como EE.UU. En esos lugares, las Primas Verdes sobre la electricidad serán un poco más altas y necesitarán innovación para cerrar la brecha.

De hecho, las Primas Verdes relativamente bajas para la electricidad en EE.UU. y Europa son la excepción, no la regla. Para la gran mayoría de las actividades que causan emisiones -desde la fabricación de cemento y acero hasta los aviones de pasajeros -no tenemos opciones limpias que sean remotamente tan baratas como sus contrapartes convencionales.

Por ejemplo, los buques de carga funcionan con un combustible que cuesta alrededor de u$s 1,29 el galón en EE.UU. Las versiones limpias de este combustible cuestan entre u$s 5,50 y u$s 9,05 el galón, dependiendo de cómo se fabriquen, un aumento de entre 300% y 600%. Ninguna compañía naviera aumentará voluntariamente sus costos de combustible en un margen tan grande.

¿Por qué la mayoría de las Primas Verdes son tan elevadas? Porque los productos ecológicos enfrentan una dura competencia proveniente de sus contrapartes contaminantes. Los combustibles fósiles están fácilmente disponibles y hemos pasado décadas construyendo la infraestructura para extraerlos, procesarlos y transportarlos por todo el mundo. Además, sus precios no reflejan el daño que causan a las personas o al medio ambiente. Y hacen su trabajo de forma muy eficaz: un solo litro de nafta, por ejemplo, contiene tanta energía como 34 cartuchos de dinamita. Prácticamente todas las alternativas limpias son menos poderosas.

Por eso necesitamos innovación energética. La tecnología limpia tiene que ser tan barata que todo el mundo la adopte.

Es difícil exagerar la magnitud de este desafío. La energía es un negocio de u$s 5 billones al año y no está acostumbrado a cambios rápidos. Llevará tiempo lograr la magnitud del cambio que necesitamos.

La buena noticia es que existe un interés creciente entre los grupos más adecuados para impulsar este cambio: corporaciones y gobiernos. La mala noticia es que ahora mismo no tenemos las estructuras económicas que les permitan tener un impacto, así que a menudo hacen cosas que pueden verse bien en el papel, pero que, en realidad, no ayudan a resolver el problema.

Por ejemplo, plantar árboles. Suena como una solución simple y tiene un atractivo obvio para todos los que amamos los árboles, pero se exagera en cuanto a su impacto en el cambio climático. Aunque los árboles absorben algo de carbono, nunca pueden absorber lo suficiente para compensar el daño de nuestro estilo de vida moderno. Para absorber las emisiones que producirán durante sus vidas todos los estadounidenses vivos actualmente -sólo el 4% de la población mundial- se necesitaría plantar y mantener permanentemente árboles en más de 16.000 millones de acres, aproximadamente la mitad de la masa terrestre del mundo.

Sin embargo, si eres directivo de una empresa que quiere hacer algo sobre el cambio climático, plantar árboles parece una opción atractiva. Eso no sería un fracaso de tu parte; simplemente significa que el mundo no te ha dado una forma de hacer algo que tenga mayor impacto.

Entonces, ¿qué se puede hacer que tenga impacto? Hay cuatro áreas en las que las compañías pueden marcar una diferencia práctica. No todas se aplicarán a todos los negocios, pero hay algo en esta lista para la mayoría de ellos.

La primera área implica la movilización de capital para reducir las Primas Verdes. Para algunos productos -como los autos para pasajeros a energía eólica, solar y eléctrica- las Primas Verdes ya son bajas, pero bajarán aún más si las compran más compañías. En otros casos, como el acero con bajo contenido de carbono y los combustibles para el transporte marítimo y la aviación, las Primas Verdes son prohibitivamente altas. Éstos son los sectores en los que debemos invertir más dinero y esfuerzo.

En la práctica, esto significa que las compañías deben estar dispuestas a financiar soluciones innovadoras con bajas emisiones de carbono donde las Primas Verdes son más altas. Los inversores, por ejemplo, pueden reducir el costo de capital de estas tecnologías y facilitarles el financiamiento cuando acceden a proyectos a gran escala.

En algunos casos, es posible que los inversores también deban aceptar rendimientos más bajos. Esto es inherentemente riesgoso; ya he perdido más dinero en compañías de baterías de lo que jamás esperé que perdería. Pero la centralización de recursos y la inversión conjunta, en lugar de individual, reducirá el riesgo para cualquier inversor. Al aportar capital de bajo costo y otras concesiones financieras a lo largo de múltiples etapas del desarrollo de una tecnología, se puede ayudar a los innovadores prometedores a sortear todos los obstáculos que les impiden sacar sus ideas del laboratorio y llevarlas al mercado. También se puede orientar a empresarios de energía limpia, patrocinar proyectos piloto y poner dinero en fondos innovadores que prioricen el impacto climático.

La segunda forma en que tu compañía puede tener impacto es mediante los productos que compra. Si tu compañía tiene una flota de camionetas, por ejemplo, puedes comprometerte a comprar vehículos eléctricos. No sólo reducirás significativamente las emisiones de tu compañía, sino que también enviarás una señal a los fabricantes de automóviles de que existe un mercado en crecimiento para los autos eléctricos, lo que a su vez impulsará la competencia y hará bajar los precios. Las compras también son una herramienta poderosa para comenzar a construir mercados para otros productos, como los combustibles de hidrógeno y alternativas más ecológicas al acero y el cemento.

Otro ejemplo del uso de adquisiciones para reducir las Primas Verdes involucra a la industria de las aerolíneas. Tu compañía puede compensar las emisiones de los viajes de los empleados comprando combustible de aviación sostenible por las millas que viajan. Eso crea una demanda de combustibles limpios, atrayendo más innovación a esa área y hace que las emisiones relacionadas con los viajes sean un factor en las decisiones comerciales de tu compañía. Microsoft y Alaska Airlines firmaron un acuerdo como éste para ciertas rutas el año pasado. Otras empresas están poniéndole precio al carbono emitido por todas sus divisiones, lo que obliga a cada equipo a considerar sus emisiones. Swiss Re impuso recientemente un costo de u$s 100 por tonelada emitida por cada una de sus divisiones.

Hay muchos otros ejemplos de compañías que marcan una diferencia medible al pagar por tecnologías en las primeras fases de desarrollo que reducen o compensan las emisiones. Algunas, entre ellas Stripe, están apoyando la captura de carbono, una prometedora tecnología que necesita inversión para crecer. Mediante el proyecto Hybrit, algunas empresas siderúrgicas están integrando el hidrógeno limpio en sus métodos de producción. Y las empresas de servicios públicos están comprando soluciones de almacenamiento de larga duración para electricidad limpia, como lo hizo Great River Energy recientemente con Form Energy.

La tercera área es expandir la investigación y el desarrollo (I+D). Por ejemplo, Impossible Foods, uno de los principales productores de carne de origen vegetal, en el que fui uno de los primeros inversores. (El ganado es un importante productor de metano, un gas de efecto invernadero). En 2020, Impossible anunció planes para duplicar el tamaño de su equipo de I+D con el objetivo de reducir el precio de sus hamburguesas y ampliar su participación de mercado. En marzo del año pasado, sus productos estaban disponibles en 150 tiendas de comestibles. Hoy están disponibles en más de 15.000.

La última forma en que puedes ayudar a reducir las Primas Verdes es ayudando a definir las políticas públicas. Puedes dejar claro que los gobiernos deben invertir en I+D pública para la energía limpia y pedirles a los funcionarios que den incentivos al sector privado para innovar en esta área y ayudar a la energía limpia a competir poniéndole un precio al carbono o estableciendo requisitos mínimos para el uso de energía limpia.

Trabajar en estas cuatro áreas no siempre será cómodo. Si tu banco le presta dinero a una compañía que quiebra, tu balance final se verá afectado. Si asignas tus mejores investigadores a un proyecto de energía limpia, podrían terminar en un callejón sin salida. El tiempo dedicado a hablar con un político sobre la política climática es tiempo que podrías dedicarle a discutir tu negocio principal.

Pero éstos son los costos a corto plazo que se requieren de todo líder empresarial que quiera hacer algo más que apoyar con simples palabras la lucha contra el cambio climático. Se necesita valor para que los directores ejecutivos asuman estos costos y paciencia para que los miembros de las juntas directivas y los inversores los recompensen por ello. Sin embargo, a largo plazo, esas medidas riesgosas serán buenas para los negocios. Las Primas Verdes se reducirán y los consumidores recordarán qué compañías se tomaron en serio ayudar a evitar un desastre climático.

Por supuesto, los gobiernos también tienen que jugar un papel fundamental. Al igual que los líderes empresariales que se están tomando esto en serio, los responsables políticos deben tener en cuenta el cambio climático en muchas de las decisiones que toman. Por ejemplo, deben aumentar drásticamente la financiación para la investigación y el desarrollo de energías limpias; en EE.UU., una financiación cinco veces mayor pondría la energía a la par de la investigación de salud federal y demostraría el compromiso que asume el gobierno de resolver los problemas climáticos más difíciles.

También deberían utilizar su poder de hacer compras para impulsar la demanda de productos con bajas emisiones de carbono y de cero emisiones de carbono. Los gobiernos adquieren una gran cantidad de productos, desde suministros de oficina hasta aviones, y son especialmente grandes clientes en muchos de los sectores más difíciles de descarbonizar, como el cemento y el acero. Los grandes compromisos de compra de productos ecológicos le enviarán una señal clara al mercado de que hay demanda de estos productos.

Los gobiernos también deben eliminar las políticas improductivas que impiden que surjan nuevas tecnologías. Y deberían nivelar el campo de juego para la tecnología limpia adoptando políticas como estándares de combustible limpio, expandiendo los créditos fiscales para las tecnologías que necesitamos desarrollar y aumentando el costo de emisión de los gases de efecto invernadero mediante un precio al carbono.

Finalmente, aquellos de nosotros que podemos hacer grandes compromisos individuales también tenemos la responsabilidad de dar un paso al frente. Como alguien que produce una gran huella de carbono, yo quería encontrar la forma más eficaz de abordar las emisiones de mi familia. Estoy comprando suficiente combustible de aviación limpio para compensar las emisiones de cualquier vuelo que mi familia y yo tomemos. También estoy comprando compensaciones mediante una compañía de captura directa de aire y estoy apoyando a una organización sin fines de lucro que instala mejoras de energía limpia en viviendas para personas de bajos ingresos en Chicago.

Aunque creo que este enfoque es eficaz, es demasiado caro como para ser escalable. Necesitamos programas que permitan que muchas personas contribuyan -lo cual reducirá el costo por tonelada- y que dirijan sus recursos hacia la financiación de los avances que tendrán el mayor impacto. Estoy colaborando con socios para crear un programa de este tipo.

Según mi experiencia, es raro tener una causa en la que todo el mundo quiera participar. Estoy acostumbrado a trabajar en la salud global, donde los gobiernos y las compañías de los países ricos a veces necesitan que se les recuerde por qué deberían preocuparse.

No sucede así con el cambio climático. Personas de todo el mundo de todos los ámbitos de la vida quieren hacer algo significativo al respecto. Ahora, después de años de incertidumbre, finalmente estamos viendo cómo son las acciones significativas de los líderes empresariales. Se trata de tener el valor para correr riesgos.

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