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Mejoró el negocio de las farmacéuticas, pero el efecto AstraZeneca golpea su reputación

La suspensión en la aplicación de la vacuna por temor a que esté provocando trombosis pone de manifiesto los desafíos que enfrenta la industria.

Las compañías farmacéuticas nunca pasaron por tan buen momento. Gracias al rápido despliegue de las vacunas contra el Covid-19, Pfizer y AstraZeneca se hicieron conocidas, y toda la industria recibe elogios por su cooperación.

Pero la decisión que tomaron esta semana algunos gobiernos de suspender la vacunación con dosis de Oxford/AstraZeneca, por temor a posibles trombosis, demuestra lo frágil que puede ser la confianza de la población. Lo que ha sido un triunfo de las relaciones públicas podría, si estuvieran mal manejadas, convertirse en una trampa.

La reputación de los grandes laboratorios no fue buena durante años debido a una serie de escándalos relacionados con fraudes a Medicare, pagos indebidos a médicos y medicamentos poco probados que eran perjudiciales para la salud. Recientemente, la epidemia de opioides y los elevados precios de los medicamentos, tanto nuevos como antiguos, enojaron aún más a la gente. Crecía la presión política en Estados Unidos, el mercado más rentable.

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El Covid-19 cambió todo. Desde enero de 2020, el porcentaje de estadounidenses con opinión positiva sobre el sector casi se ha duplicado; pasó del 32% al 62%, contó Rob Jekielek, director general de The Harris Poll. Se trata del nivel más alto desde 2003, año en que se hizo la primera encuesta. Y en el Reino Unido el 56% de los consultados en enero aseguraron a la Asociación de la Industria Farmacéutica Británica que su parecer sobre la industria farmacéutica había mejorado durante la pandemia de coronavirus.

Los laboratorios de medicamentos, que antes eran considerados corporaciones avaras y anónimas, demostraron que estaban repletos de científicos responsables y esforzados. Rusia distribuyó vacunas que no estaban completamente testeadas, y los reguladores occidentales permitieron a los fabricantes utilizar procedimientos de aprobación "de emergencia" más cortos.

Sin embargo, las grandes empresas optaron por no tomar todos los atajos. El pasado otoño, los nueve laboratorios acordaron no lanzar vacunas sin haber realizado antes grandes ensayos clínicos.

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David Ricks, CEO de Eli Lilly, afirma que el sector tiene una "oportunidad única de recomponer" su reputación. Algunos de los peores problemas ya se han abordado: desde 2013 las compañías deben informar los pagos a médicos estadounidenses y están publicando más datos sobre sus ensayos clínicos, aunque las bases de datos siguen incompletas.

Algunas farmacéuticas recurren a las relaciones públicas para que la gente entienda más. Pfizer pagó a National Geographic para que ingrese a sus laboratorios y siga el proceso de desarrollo de la vacuna, lo que dio lugar a contenidos online y a un video que se emitió la semana pasada en Estados Unidos. La serie de contenidos que Johnson & Johnson publica en las redes sociales sobre su búsqueda de una vacuna recibió 90 millones de visitas en 100 países, y tiene previstos más episodios.

Sin embargo, son significativos los riesgos para la sector si ésta pareciera querer sacar provecho de la buena voluntad. "Sabemos que el mundo está observando de cerca cómo. . . avanzamos como industria después de que la pandemia haya terminado", dijo Stephen Ubl, presidente del grupo estadounidense PhRMA.

AstraZeneca insiste en que no hay pruebas de que su inyección aumente el riesgo de trombosis, y el organismo regulador de medicamentos de la UE afirma que los beneficios superan los riesgos. Sin embargo, la reacción es una señal de que puede haber problemas. Cualquier efecto secundario es aterrador porque implica que personas sanas se enfermen. Pero como son inevitables, muchos países tienen programas de indemnización para quienes se vean perjudicados.

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Debido al rápido desarrollo y despliegue de las vacunas contra el Covid-19, hubo menos oportunidades de preparar a la población para los efectos secundarios, y las suspensiones de AstraZeneca muestran la velocidad con que se puede cambiar de opinión. Aunque los fabricantes de medicamentos sólo se han beneficiado parcialmente de las normas más laxas por el Covid, si los efectos secundarios de las vacunas terminan siendo graves, podría ocurrir que los nuevos productos sean sometidos a un control más estricto y que aumenten los costos.

La industria tampoco puede ignorar las quejas sobre los precios y el acceso. En todo caso, esos reclamos podrían agravarse si los fabricantes de vacunas parecen sacar provecho de la pandemia después de haber recibido ayuda del gobierno.

AstraZeneca y Johnson & Johnson prometieron no ganar dinero con sus vacunas "durante la pandemia". Sin embargo, Pfizer dijo el mes pasado que calcula este año vender dosis por u$s 15.000 millones, con márgenes de ganancia antes de impuestos de entre 25% y 30%. La compañía señala que, según su estrategia de precios escalonados, los países de bajos ingresos pagan un valor que no le genera ganancias. Pero el despliegue en los países más pobres ha sido lento.

Si a los laboratorios se los viera favoreciendo a los que pueden pagar más, volvería a tomar impulso el debate sobre los precios de otros medicamentos. Los activistas estadounidenses ya exigen una investigación antimonopolio sobre el aumento de los precios en el mercado de la insulina. "Deberíamos ahora subirle la vara a las farmacéuticas porque nos han demostrado lo que pueden hacer", afirmó Olivia Webb, analista de política sanitaria del American Economic Liberties Project.

Traducción: Mariana Oriolo

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