El presidente de México está "enamorado de las malas ideas"

El populista Andrés Manuel López Obrador ignora las críticas por su mala gestión de la economía, la seguridad y la pandemia.


Guadalupe Cáceres está de pie en su living y señala las baldosas antiguas del suelo. Su familia vive desde hace 127 años en esa parcela en Campeche, una ciudad de la época colonial ubicada en la península de Yucatán que todavía cuenta con murallas construidas tras los ataques de los piratas caribeños. Ahora, un proyecto ferroviario del gobierno por u$s 7800 millones está por atravesar el centro de su casa de una sola planta pintada de blanco y azul.

El Tren Maya, uno de los proyectos emblemáticos del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, pretende impulsar el turismo y el crecimiento en el pobre sureste del país. Junto con una refinería de petróleo de u$s 8000 millones que se está construyendo en el vecino estado de Tabasco, simboliza su convicción de que los desarrollos petrolíferos y ferroviarios financiados por el Estado en las zonas relegadas son el camino a seguir.

El líder populista obtuvo una victoria aplastante en 2018 cuando los mexicanos, hartos de la mayor corrupción, la espiral de violencia y una economía que nunca creció lo suficientemente rápido como para llevar la prosperidad a los pobres, le dieron el mandato de gestionar un cambio revolucionario. Prometió una transformación "profunda y radical" comparable a la independencia de España, y un gobierno que pusiera fin a lo que llamó la "calamidad" de las políticas de libre mercado de las últimas cuatro décadas. Y prometió que el crecimiento del PBI se aceleraría al 6% anual.

Cuando asumió el poder, los mexicanos sabían que López Obrador, a veces conocido por sus iniciales Amlo, sería un líder muy diferente de sus predecesores. Pero quedaba una gran incógnita: ¿gobernaría como un centrista pragmático, como hizo cuando fue alcalde de Ciudad de México entre 2000 y 2005? ¿O volvería a sus raíces radicales como activista social de los años 70?

¿Un tren a ninguna parte?

Cáceres sabe lo que es un cambio revolucionario. En 1938, su abuelo donó un terreno al presidente Lázaro Cárdenas para colocar la vía férrea que pasa por delante de la puerta de su casa, cuya fachada descascarillada está ahora pintada con un grafiti: "Cambia la ruta del Tren Maya".

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Ese fue el año en el que Cárdenas, uno de los héroes de López Obrador, expropió las empresas petroleras extranjeras para crear el campeón nacional del petróleo, Pemex. "Nos vendieron la idea de la modernidad y, más de 80 años después, nos venden la misma idea", dice Cáceres, de 64 años, madre de tres hijos, que le dio fuerza al rechazo local al trazado previsto. "Si el tren pasa por aquí, nos desalojarán, pero yo nací aquí y espero morir aquí".

Está previsto que el Tren Maya circule por 1550 km alrededor de la península de Yucatán. Entre sus inversores se encuentran China Communications Construction Company y el hombre más rico de México, Carlos Slim. Hasta ahora, las obras consistieron en arrancar viejas vías, una poderosa metáfora: López Obrador está derribando el presente para crear un futuro inspirado en el pasado.

López Obrador ha impulsado una ley que favorece la generación estatal de combustibles fósiles frente a las energías renovables, lo que contrasta con los planes del presidente Joe Biden para EE.UU. -el mayor socio comercial de México-: alcanzar la neutralidad en carbono para 2050. Su refinería de petróleo se está construyendo en un momento en que las empresas energéticas mundiales compiten por deshacerse de este tipo de activos en medio de un exceso de oferta.

López Obrador, de 67 años, "es tal vez el máximo exponente en América latina de lo que yo llamo "necrofilia ideológica": una apasionada atracción por las ideas e ideologías que han sido probadas y fracasaron infinitas veces en México y Latinoamérica", dice Moisés Naím, miembro de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. "Está profundamente enamorado de las malas ideas".

Se queda corto pero no es responsable

López Obrador, que es un maestro de los medios de comunicación, instituyó la "mañanera", una conferencia de prensa matutina diaria que dura hasta tres horas en la que establece la agenda de noticias y critica fuertemente a quienes piensan diferente y los describe como lacayos corruptos de los ricos. Cuando surgen datos negativos escapa con la frase "Yo tengo otra información",

"Fortalece su popularidad con esta narrativa belicosa, pero eso reduce la probabilidad de que su gobierno y sus propuestas tengan un final feliz porque impide que el tercio rico de este país participe en su proyecto", dice Jorge Zepeda Patterson, fundador del sitio web de noticias Sinembargo.mx. "Eso es una tragedia .. . socava su capacidad de construir algo".

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A pesar de las críticas por su manejo de la pandemia de coronavirus, el hechizo que López Obrador ha lanzado sobre México se mantiene. Gracias a las dádivas -especialmente las pensiones y los subsidios para los jóvenes, los ancianos y los agricultores-, los índices de aprobación de López Obrador se mantienen en un saludable 64%, aunque los votantes critican el manejo de la economía y la delincuencia por parte del gobierno. "Se ha quedado corto en todas las áreas, incluso en la lucha contra la pobreza y la corrupción", dice Lorena Becerra, encuestadora. "Y sin embargo, existe esa idea generalizada de que López Obrador no es responsable".

Los comentarios positivos que recibe son especialmente sorprendentes dada la desastrosa gestión de López Obrador en cuanto al Covid-19. Su enfoque de laissez-faire ha dado lugar a una de las peores cifras de víctimas de la pandemia en todo el mundo. Se considera que los datos oficiales que indican que México se acerca a las 200.000 muertes están tres veces por debajo de la realidad, y que los fallecimientos del año pasado fueron muy superiores a los registrados en puntos calientes de la pandemia, como el Reino Unido, Estados Unidos y Brasil, ajustado por tamaño de la población.

La pandemia ha puesto de manifiesto otra de las peculiaridades de López Obrador. A pesar de su política de izquierda, es un conservador fiscal. Con los inversores asustados por los cambios bruscos de política y la afición del presidente a tomar decisiones basadas en las ilegales "encuestas del pueblo", la segunda economía más grande de América latina estaba en recesión incluso antes de que llegara Covid-19. Sin embargo, casi de forma única en el mundo en desarrollo, la respuesta fiscal de López Obrador a la pandemia fue apretarse el cinturón, diciendo que México no podía permitirse más deuda.

A pesar de que el país del G20 ya contaba con una línea de crédito del FMI sin aprovechar y con mucho margen para pedir más préstamos, el gobierno aprobó un paquete de estímulo por el Covid-19 sólo ínfimamente mayor que el de Uganda, en términos de porcentaje del PBI.

El resultado fue catastrófco: la Comisión Económica para América Latina de la ONU afirma que los niveles de pobreza han saltado 9,1 puntos porcentuales a 50,6%, un máximo de casi dos décadas y los datos oficiales mexicanos muestran que cuatro de cada diez trabajadores no ganan lo suficiente para comprar alimentos básicos. López Obrador confía en el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá, sucesor del Nafta, para mantener la inversión y el comercio. Pero el FMI cree que habrá que esperar hasta 2026 para que el PBI de México, que se contrajo un 8,5% el año pasado, vuelva a los niveles anteriores a la pandemia.

Para muchos críticos, la extrema centralidad en el poder que tiene López Obrador, cultivo de una base electoral dependiente de las dádivas de su gobierno y la negativa a tolerar la disidencia solo significa una cosa: "No tiene nada que ver con la ideología de izquierda-derecha que nos gusta imponer a los líderes", dice Shannon O'Neil, investigadora principal del Consejo de Relaciones Exteriores en Nueva York. "Está reconstruyendo esos pilares del PRI de los años 70".

Con 500 bancas en la cámara baja y 15 gobernaciones en juego en junio, "las elecciones intermedias realmente importan", agregó. López Obrador cuenta con mayorías en ambas cámaras del Congreso; si logra mantenerlas o ampliarlas, "será muy difícil frenar el avance de un sistema político autoritario".

Al final, su improbable obsesión por la prudencia fiscal, un retroceso a las crisis del pasado, podría reducir el riesgo de que México se descarrile como Venezuela, el ejemplo más citado de un país latinoamericano rico que cae en el caos. Pero podría ser un viaje repleto de baches.

"Amlo no nos está llevando en la dirección correcta", dice Cristopher Herrera Sarmiento, un veterinario de la ciudad de Escárcega, cuyo negocio familiar se encuentra en el recorrido del Tren Maya. "Para mí, un tren no significa desarrollo".

Traducción: ;Mariana Oriolo

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