copropiedad en streaming

Por qué las ligas deportivas tendrán que asociarse con servicios como Netflix

Si a los propietarios de los clubes y a las ligas les preocupa el declive de la televisión paga y quieren llegar a la mayor audiencia posible, deberían empezar a explorar la copropiedad de los derechos con un servicio global de streaming.

Netflix evita los deportes en directo por una buena razón. Los derechos de transmisión son tremendamente caros, sólo duran unos pocos años y tienen restricciones territoriales. Cuando Netflix quiere contenidos muy costosos, Hollywood le ofrece muchas opciones mejores.

Pero, aunque la compañía de streaming renuncie a la publicidad, nunca ha descartado la cobertura de deportes. Su presupuesto anual previsto de u$s 17.000 millones para contenidos le otorga un gran poder de resolución. Y hay maneras de que el streaming de deportes en directo sea un negocio viable: Netflix podría comprar una liga o crear una desde cero.

Para el mundo del deporte actual, que hace dos décadas recibe mucho dinero, eso puede parecer una tontería. Pero en la próxima década, a medida que el streaming debilite el modelo de distribución de las tradicionales transmisiones deportivas, para las ligas probablemente va a ser más atractivo asociarse con empresas como Netflix.

Es posible que se necesite tiempo y esfuerzo financiero para que se entienda este punto. Pero si los propietarios de los clubes y las ligas se preocupan por el declive de su gran benefactor -la televisión paga- y quieren llegar a la mayor audiencia posible, deberían empezar a explorar cómo ser copropietarios de los derechos con un servicio de streaming internacional.

Los agresivos magnates de medios de comunicación ya intentaron el truco de "comprar una liga". Cuando el establishment de Australia frustró el intento de Kerry Packer de hacerse con los derechos televisivos del críquet a fines de la década de 1970, se limitó a comprar algunos jugadores de primera línea y organizar la World Series Cricket. Al final le dieron a Packer los derechos de cricket tradicionales.

El streaming ya generó una ola de experimentos con las transmisiones deportivas en Europa y Estados Unidos. Las ligas y los nuevos participantes están probando nuevos modelos de negocio. Pero la mayoría de los intentos no han sido para nada rentables.

El modelo de televisión paga distorsionó la economía de los derechos deportivos, lo que hizo subir los precios. Rupert Murdoch estableció el modelo con Sky en Europa, comprando derechos muy valorados -como la Premier League inglesa- y utilizándolos después como gancho para vender a los espectadores un paquete de otras cosas que le daba un margen de ganancia mucho mayor.

En otras palabras, la época dorada de las ligas y de los titulares de los derechos fue financiada por la televisión paga, que utilizaba el deporte como elemento de una oferta gancho. Cuando los costos de los derechos se dispararon, también lo hicieron los precios para los consumidores. Ese es uno de los factores que explican el retroceso de la televisión por cable en Estados Unidos, que está perdiendo abonados, y luego castiga a los que se quedan cobrándoles aún más. François Godard, de Enders Analysis, señala que la audiencia de entre 18 y 49 años del canal de deportes ESPN se redujo un 35% en la última década, mientras que la tarifa que pagan los suscriptores aumentó un 130%.

Ahora, servicios puramente deportivos como DAZN demuestran lo difícil que es contar con suficientes televidentes pagos como para cubrir el costo de los derechos con prestigio.

Las ligas también han explorado opciones directas al consumidor. Pero las que se han atrevido -la lucha libre de la WWE, las carreras de Fórmula 1 y el fútbol americano de la NFL- han tenido problemas para gestionar la venta paralela de derechos, desplegar una tecnología sólida y acumular suficiente contenido. Los deportes en directo tienen una vida corta y no llenan las bibliotecas de streaming como lo hacen las películas o las series de teatro.

La ventaja que aportan los servicios globales de streaming es la escala. Es una audiencia mucho mayor que la que puede ofrecer la televisión paga. Disney Plus espera alcanzar cerca de 250 millones de suscriptores en 2024. Netflix ya tiene más de 200 millones y Amazon Prime Video se acerca a esa cifra.

Sería bastante fácil ofrecer un adicional de deportes a los suscriptores. En la actualidad, el problema es que los servicios de streaming baratos tendrían que cobrar un abono altísimo por la transmisión deportiva para acercarse a la rentabilidad del paquete de televisión por cable, al menos con el actual sistema de derechos.

Los dueños de los clubes -y los inversores que ponen dinero- pueden confiar en que la televisión paga sobrevivirá, que los nuevos participantes pagarán sumas excesivas o que alguien creará un paquete de medios que los favorezca.

Pero en el caso de los deportes globales con atractivo internacional, podría haber un juego más inteligente: tomar dinero de un gran servicio de streaming y ser copropietario de los derechos de reproducción. Luego, poner todas las fichas a que se llegará a la mayor audiencia posible a un precio más acorde al que los hinchas están dispuestos a pagar.

Traducción: Mariana Oriolo

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