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¿Cómo controlar la inflación? La clave no está en las tasas sino en la psicología

Un mejor entendimiento de las emociones de los consumidores ayudaría a controlar los riesgos de inflación.

Hace un cuarto de siglo, el economista Robert Shiller, galardonado con el premio Nobel, organizó un estudio basado en encuestas sobre la percepción de la inflación por parte de los consumidores. El informe llamó la atención sobre tres puntos que son muy relevantes ahora.

En primer lugar, la gente común no ve los precios como los economistas. Lo que importa son las emociones, no sólo los datos económicos. En segundo lugar, las emociones en cuestión, como la ansiedad y la ira, son poderosas pero difíciles de seguir en los modelos.

En tercer lugar, estos sentimientos pueden moldear las percepciones. Shiller descubrió que entonces la inflación era el término económico más citado en los medios de comunicación, superando incluso las referencias al "sexo".

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Las circunstancias actuales parecen diferentes. Shiller realizó su investigación poco después de la crisis del petróleo y la estanflación de la década de 1970. Pero los funcionarios de la Reserva Federal y los inversores deberían reflexionar sobre sus conclusiones y considerar la posibilidad de repetir sus investigaciones.

Los precios al consumidor están subiendo al ritmo más rápido desde 2008, lo que ha llevado al comité de la Fed a revelar esta semana que ha elevado las previsiones de inflación núcleo para 2021 de 2,2% a 3%. Ahora está apuntando a un futuro endurecimiento de la política monetaria.

Como era de esperar, esto ha suscitado un debate sobre los datos concretos de las tendencias de la inflación y el desempleo, y sobre las proyecciones implícitas de los inversores sobre las futuras tasas de inflación, medidas por los precios de los valores. Pero hay otro punto que los inversores deben recordar. La política monetaria no se rige por reglas mecánicas propias de la física newtoniana. Los funcionarios de la Fed están, de hecho, desencadenando un gigantesco experimento de psicología.

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La evolución de la inflación dependerá no sólo de la actividad de la economía "real", o de los datos aparentemente precisos sobre las expectativas del mercado, sino de los oscuros misterios de la mente y las emociones de los consumidores. ¿Aceptarán los aumentos de precios minoristas? ¿Los considerarán permanentes? ¿Se traducirán en una mayor demanda de salarios?

Los economistas parecen a veces poco preparados para seguir el sentimiento, o cómo éste es moldeado por las narrativas públicas al respecto. Tanto es así, que el economista Vincent Reinhart describe las expectativas de inflación de los consumidores como el "objeto volador no identificado" de la política monetaria: está ahí afuera, pero es misterioso.

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Afortunadamente, los funcionarios de la Reserva Federal parecen reconocer cada vez más el problema. Podría decirse que a la hora de tomar decisiones están poniendo más énfasis en la psicología del consumidor que en cualquier otro momento de la historia reciente. Y lo que es mejor, están tratando de obtener datos más confiables para rastrear esto.

Hasta hace poco, la principal forma de hacerlo era controlar las encuestas de consumo, como las realizadas por la Universidad de Michigan y la Fed de Nueva York. Pero éstas son fragmentadas, utilizan enfoques diferentes y pueden ser contradictorias. Aunque algunas encuestas mostraban un descenso de las expectativas en primavera, un nuevo estudio de la Fed de Nueva York sugiere que ahora están subiendo.

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El año pasado, la Fed creó una nueva serie de datos denominada "índice de expectativas de inflación común" (CIE, por sus siglas en inglés) que recopila estas encuestas, junto con otras señales de inflación. Esta medida atrajo poca atención, pero tiene una enorme importancia. Disponer de una señal fácil de entender le facilita a la Reserva Federal centrarse en el sentimiento en los debates de políticas.

Es importante por otra razón. La serie CIE muestra que las expectativas de inflación se han mantenido notablemente estables en los últimos años, cerca del objetivo de la Fed del 2%, independientemente de los giros económicos. Esto parece una victoria para la Reserva Federal y es una razón clave por la que sus funcionarios se han mostrado relajados en cuanto a la política ultralaxa. (Lo cual puede haber sido un error por razones de estabilidad financiera, pero esa es otra historia).

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Esto es importante para el futuro. Richard Clarida, vicegobernador de la Fed, declaró recientemente que si el CIE se mantiene bajo, el "ritmo de normalización de la política... sería algo más lento que en otras circunstancias".

Pero hay dos razones para la cautela. En primer lugar, el CIE no se ha probado a lo largo del tiempo y sólo se publica cada tres meses. Esto significa que el último resultado no refleja los recientes aumentos de la inflación. En segundo lugar, como observó Shiller, la emoción no siempre puede ser captada por una sola cifra, y menos en momentos de flujo.

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Por ello, la Fed debería ir más allá y aprovechar una gama más amplia de herramientas intelectuales. Debería emular a los geeks de datos en análisis político y de la industria de consumo, y estudiar las señales cibernéticas para seguir los cambios de sentimiento. Debería evaluar cómo la revolución de Internet está cambiando las redes de información, ya que la digitalización no sólo afecta a la velocidad de la información tanto como al dinero, sino también a la confianza en esta información.

Más específicamente, vivimos en lo que la profesora de Oxford Rachel Botsman describe como una era de "confianza distribuida". La gente confía en sus pares cibernéticos para recibir consejos, y sólo en parte o en absoluto en las figuras de autoridad. Las encuestas realizadas por el grupo de relaciones públicas Edelman han demostrado cómo esto reconfigura la política y la vida empresarial. También debemos saber cómo afecta a la política monetaria.

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Por último, la Fed debería encargar una investigación etnográfica cualitativa para estudiar cómo perciben los consumidores la inflación en su vida cotidiana. Preguntar sobre esto en las encuestas es útil, pero la observación y la etnografía podrían arrojar luz sobre lo que los consumidores no hablan voluntariamente. Los silencios importan.

No, esto no es una economía "normal". Pero las reglas "normales" de la política monetaria ya han sido destrozadas. Si alguna vez hubo un buen momento para que la Fed, y la profesión económica, ampliaran su lente intelectual, es ahora. Sin esto, será difícil descifrar ese OVNI de la política monetaria -y ahora mismo la ignorancia es peligrosa.

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