FT: el nuevo Covid elevará la presión sobre la economía mundial y aumentará la desigualdad

Las autoridades deben adoptar más medidas para hacer frente al creciente riesgo de que se enquisten los problemas que hoy son de corto plazo

A medida que la nueva cepa de Covid-19  da lugar a restricciones más estrictas en la actividad económica y limita aún más el movimiento de personas, es cada vez más evidente que el camino hacia la inmunidad inducida por las vacunas tendrá mayor cantidad de baches.

Ya era una travesía que probablemente agregaría más tensión a la gran desconexión que existe entre un Wall Street  en alza y rentable y la mayor parte de gente, que atraviesa grandes  dificultades.

El cambio debería obligar a las autoridades y a los mercados a prestar más atención a otras tres características de esta era Covid que también son relevantes para el largo plazo: la dispersión inusualmente elevada del desempeño de las grandes economías, la significativa profundización de la desigualdad y la marcada cicatriz que deja en la económica.

Debido a que se extiende mucho más rápidamente, la nueva variante de Covid-19 alteró las evaluaciones del riesgo que implica para la salud tanto de los individuos como de los gobiernos. Esto genera inevitablemente presiones aún mayores sobre las interacciones económicas y sociales, aunque se cree que la mutación, al menos hasta ahora, no cambia el tratamiento de la enfermedad o la formación de inmunidad. Los economistas no tienen más remedio que hacer a un lado sus expectativas de recuperación económica en 2021.

Inevitablemente, la nueva cepa amplificará la dispersión de los resultados económicos en todo el mundo. En Europa se vuelve a interrumpir el movimiento de personas y bienes y se acelera la caída hacia una  recesión en forma de W. Por lo tanto, es probable que veamos diferencias antes impensables en las tasas de crecimiento de las grandes economías. Esto podría incluir hasta 20 puntos porcentuales de diferencia anualizada entre las economías más agobiadas del G7 y China para el año 2020. Incluso dentro del G7, la dispersión del crecimiento estará en niveles excepcionalmente altos.

Una vez más, en muchos países se profundizará el ya excesivo nivel de desigualdad. Los segmentos desfavorecidos de la sociedad sufren mucho más las consecuencias de la mutación del virus.

Una vez más, es probable que los ricos se beneficien si los bancos centrales nuevamente se ven obligados a inyectar liquidez en los mercados. Una vez más, las grandes empresas con acceso a los mercados de capitales se verán favorecidas a expensas de las más pequeñas que dependen de los bancos y los entidades de préstamos locales.

Una vez más, la desigualdad de oportunidades aumentará mientras las clases en las escuelas se dicten online y los jóvenes desempleados se enfrenten a un mayor riesgo de estar desempleados por un tiempo prolongado, lo que puede restarles capacidad para trabajar en el mediano plazo.

Dado que la nueva variante Covid-19 empeora el impacto económico inmediato y demora la recuperación posterior, es más probable que los problemas de corto plazo se conviertan en problemas estructurales y, por lo tanto, más difíciles de resolver.

Si no se controla, para la mayoría de los países esto se traduciría en un menor crecimiento de la productividad a largo plazo, una mayor inseguridad financiera de los hogares y un superior riesgo de volatilidad financiera desordenada. También se corre el peligro de debilitar el tejido social y fomentar una mayor polarización política.

Mientras tanto, en el escenario mundial, la dispersión de los resultados económicos agravaría las tensiones entre países y llevaría a que los aranceles comerciales se conviertan más en un arma.

Las autoridades ya enfrentaban la compleja tarea de simultáneamente mejorar la salud pública, restablecer la normalidad en las interacciones económicas y sociales y respetar las libertades individuales. Ahora deben afrontar desafíos aún mayores.

Los gobiernos deben acelerar urgentemente las reformas apuntadas a fomentar el crecimiento económico, reequilibrar su combinación de políticas fiscales y monetarias y reforzar las redes de seguridad social. En el plano internacional, necesitamos un mucho mejor proceso de consultas y coordinación de políticas multilaterales.

Los bancos centrales deben estudiar cuidadosamente su respuesta a la mayor volatilidad de los mercados, incluidas las monedas, ya que las opciones adecuadas varían considerablemente de un país a otro. En cuanto a las cuestiones del sector financiero, deben mejorar su comprensión y la supervisión prudente de las entidades no bancarias para que la continua y excesiva toma de riesgos no socave el bienestar económico.

A medida que nos adentramos en 2021, es probable que los inversores mantengan una actitud que tanto les sirvió este año: confiar en la capacidad de los bancos centrales de proteger a los mercados financieros de todos y cada uno de los shocks económicos y corporativos.

Eso fomentará una toma de riesgos más irresponsable por parte de los inversores y de los emisores de deuda. También impulsará las estrategias de inversión que no tienen en cuenta el largo plazo, que será el momento en que los gobiernos y los propios bancos centrales enfrentarán enormes y persistentes desafíos políticos y operativos.

Traducción: Mariana Oriolo

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