Financial Times: Por qué se espera que en el mundo haya una vuelta a la inflación alta

¿Estamos a punto de entrar en una nueva era con inflación inesperadamente alta, en vez de seguir con inflación inferior al objetivo como estamos acostumbrados? Muchos lo descartan, pero el chico que gritó, avisando que venía el lobo la última vez tenía razón. Un libro que se acaba de publicar grita con insistencia que viene el lobo. Afirma que, como resultado de la actual generosidad fiscal y monetaria, "al igual que después de muchas guerras, habrá más inflación, lo más probable es que supere el 5%, o incluso el 10% en 2021". Y eso cambia todo.

La predicción es de Charles Goodhart, un respetado académico, y Manoj Pradhan, un ex Morgan Stanley. Estos autores aseguran que la economía mundial está por cambiar de régimen. La última vez que esto ocurrió fue en la década de 1980. Los grandes giros de hace cuatro décadas no se debieron tanto al deseo de controlar la inflación, sino a la globalización y al ingreso de China a la economía global. Señalan que esa época de baja inflación y elevado endeudamiento está por terminar. Y que pronto le seguirá lo opuesto.

En las décadas de 1980 y 1990, se abrieron las economías de China, del ex imperio soviético y de otros países en desarrollo. Se acordó la Ronda de Uruguay, que condujo a la creación de la Organización Mundial del Comercio a la que China se adhirió en 2001. La integración económica internacional avanzó rápido, sobre todo a través del comercio, pero también mediante la inversión directa de los países de altos ingresos.

La oferta mundial de mano de obra para la producción de bienes comercializables creció enormemente. Las grandes economías tenían tasas de natalidad en caída y poblaciones aún jóvenes reforzadas por la incorporación de las mujeres al mercado laboral. Por lo tanto, la fuerza de trabajo creció más rápido que la población y la producción per cápita superaba la producción por trabajador.

Todo esto, argumentan Goodhart y Pradhan, provocó una caída del poder de mercado de la mano de obra en países de altos ingresos, el aumento de la desigualdad dentro de los países, una disminución en la desigualdad global, un "exceso de ahorro", presiones inflacionarias leves, menores tasas de interés y mayor endeudamiento.

Ahora, afirman, todo va en sentido contrario. La globalización está bajo ataque y no hay otras economías capaces de replicar lo que hizo China. El envejecimiento de la población afecta el crecimiento de la fuerza laboral y exacerba las presiones fiscales. En particular, sostienen que a medida que el número de consumidores aumente en relación a la cantidad de productores, la presión inflacionaria subirá. Además, a medida que la fuerza laboral se reduce y la globalización se debilita, resurgirá el poder de mercado de la mano de obra.

Estos cambios, agregan, crearán inmensos dilemas de políticas, dados los extensos balances de los gobiernos y de las empresas no financieras. Si la relación entre el desempleo y la inflación se modifica como sugieren los autores, ¿ajustarían los bancos centrales todo lo necesario para contener la inflación? ¿Cómo manejarán los gobiernos las oleadas de defaults? ¿Cómo harán los gobiernos para retomar el control de sus déficits en un mundo de crecimiento estructuralmente bajo, tasas de interés más altas y presiones para subir el gasto? Si no lo hacen, ¿los bancos centrales seguirán emitiendo dinero o permitirán la insolvencia nacional? En resumen, ¿nos enfrentamos a una repetición de la década de 1970, en peores circunstancias?

Los autores tienen razón cuando afirman que el mundo experimenta grandes cambios estructurales. El envejecimiento y el debilitamiento de la globalización en la producción de bienes están muy avanzados. Además, este proceso incluye a China. Esa combinación transformará nuestras economías.

Goodhart y Pradhan pueden tener razón en que, en su nuevo mundo feliz, el deseo de ahorrar tenderá a disminuir más rápido que el de invertir, el exceso de ahorro se convertirá en escasez y las tasas de interés van a subir. En cambio, es muy posible que, con un crecimiento económico lento y una disminución constante en el precio relativo de los bienes de capital, las utilidades retenidas de las empresas sigan superando la inversión en las economías de altos ingresos. En el sector corporativo chino también podría suceder lo mismo. De ser así, la demanda podría mantenerse débil y las tasas bajas por mucho tiempo, reforzadas por el enorme sobreendeudamiento del sector privado en todas esas economías.

No está claro que la globalización haya sido el principal motor de los cambios en los mercados laborales. Fue solo un elemento en un conjunto de transformaciones, nuevas tecnologías, el modelo de maximización del valor para los accionistas, el creciente papel del sector financiero y el poder de los monopolios.

Las dudas sobre estas tesis tienen justificativo, pero también es peligroso extrapolar el presente al futuro. En 1965, pocos imaginaron que el keynesianismo moriría pronto. El mundo de tasas "bajas por más tiempo" también puede desaparecer.

Grandes cambios están en proceso. Tenemos que pensar rigurosamente cómo nuestro futuro puede diferir de nuestro pasado.

Traducción: Mariana Oriolo

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